"BUENOS" Y "MALOS" TRABAJOS

¿Crecimiento del PIB alcanza para tener empleos de calidad?

Estudio sugiere que no y destaca la importancia de las políticas públicas.

A fines de 2016 alrededor del 34% de las ocupaciones eran de mala calidad. Foto: M. Bonjour
A fines de 2016 cerca del 34% de las ocupaciones eran de mala calidad. Foto: M. Bonjour

Una investigación realizada desde el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República (UdelaR) puso el foco en la calidad de los trabajos nacionales y también en cómo esto se vincula con la expansión de la actividad.

La autora del trabajo, la economista Sylvina Porras, recurrió a la construcción de un índice que permitiera medir la calidad del empleo dependiente (denominado Índice de Malos Empleos, IME). Para ello, siguió la metodología de Alkire y Foster, dos investigadores del británico Oxford Poverty & Human Development Initiative, que se creó para medir la "pobreza multidimensional".

El IME concentra cuatro dimensiones diferentes que hacen a la calidad del empleo: ingresos, protección social, horas trabajadas y productividad y oportunidades de desarrollo.

Porras calculó el valor del IME para el periodo 1991-2016. Con estos datos sobre la mesa, la economista pudo concluir que su evolución comparada con la del Producto Interno Bruto (PIB) de Uruguay "evidencia que no es suficiente que se registre crecimiento económico para que mejore la calidad de las ocupaciones". En esta línea, se agrega que es recién sobre el último trimestre del año 2005 cuando se empieza a notar una "clara mejora en la calidad del empleo dependiente, coincidente con años de crecimiento económico ininterrumpido, pero también con una mayor intervención del Estado en las reglas de juego del mercado de trabajo".

Por esto, en el estudio se plantea que si bien qué pase con el PIB es importante para lograr una reducción de los "malos empleos", también los cambios acontecidos desde 2005 jugaron su rol en esta mejora. Dentro de esta lista el trabajo enumera, entre otros, la reactivación de la negociación colectiva, la creación del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop) y el tope a la jornada rural.

Carencias.

El IME tiene un valor que oscila entre 0 y 1. Es igual a 1 cuando todas las ocupaciones en el país padecen problemas de calidad con, además, déficits en todas las dimensiones contempladas. "Si el IME aumenta con el tiempo, implica que los empleos empeoran en calidad y se acercan a la situación extrema máxima posible", marca el paper. Eso puede ser producto de dos cosas: hay más empleos de mala calidad y/o a que los malos empleos son todavía peores.

Si, contrariamente, el IME cae, eso quiere decir que está mejorando. Puede que sea fruto de que las malas ocupaciones son menos y/o porque los malos empleos son "menos malos" que antes.

Con información extraída de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), Porras definió cuatro dimensiones para confeccionar el índice, cada una con la misma ponderación.

Es suficiente que la ocupación tenga una carencia en alguna de estas cuatro dimensiones para que califique como de mala calidad.

Evolución.

Con estas dimensiones ya definidas, ¿qué pasó con el IME entre 1991 y 2016? Hay "una cierta estabilidad del índice en la década de los 90 con ciertas oscilaciones y un deterioro de la calidad de los empleos a partir del tercer trimestre de 2002, momento más agudo de la crisis económica de esos años", marca el estudio. Desde ese momento hasta el tercer trimestre de 2005, continúa, los empleos de mala calidad tuvieron una "leve tendencia ascendente", y desde el cuarto trimestre de ese año hasta 2014 se registró una "clara y significativa mejora de las condiciones laborales". Esta caída del IME se mantuvo "relativamente estable" en los tres últimos años.

Así, mientras a fines de 1993 los empleos de mala calidad (es decir, que tenían algún problema en alguna de las dimensiones relevadas) representaban entre 50% y 55% del total de asalariados, desde la crisis de 2002 ese guarismo se disparó a cerca de 60%. Pero desde 2005 empezó a descender, para llegar a fines de 2016 en alrededor de 34% de las ocupaciones.

En paralelo, también cayó el promedio de la cantidad de dimensiones con problemas: en los años 90 se mantuvo alrededor de 43% y desde 2014 se ubicó en el entorno del 36%.

Porras recuerda, además, cuál fue el crecimiento promedio para tres períodos marcados dentro de los años 1991-2016: entre 1991 y 1998 el PIB aumentó a una tasa acumulativa anual de 4,5%; entre 1999 y el tercer trimestre de 2002 hubo una contracción de 4,75%; y en el último tramo del periodo a estudio creció alrededor de 5% anual.

Esto, sumado a los datos anteriores de cómo varió el IME en esos años, "sugiere que la relación entre crecimiento económico y calidad del empleo no es tan clara en todo el periodo de análisis".

Se añade más adelante que "parece ser que no es condición necesaria y suficiente que exista crecimiento económico para que se registren mejoras en las condiciones de trabajo de los ocupados, sino que se requieren políticas públicas que coadyuven y potencien el círculo virtuoso que pueda existir entre crecimiento y calidad del empleo".

En esta línea, los hallazgos del estudio permiten afirmar a su autora que "los cambios institucionales sobre el mercado de trabajo ocurridos a partir" del cuarto trimestre de 2005 "provocaron reducciones sistemáticas del IME, lo cual indica mejoras en la calidad de las ocupaciones del empleo asalariado".

Las cuatro dimensiones

Para los ingresos se considera el salario monetario y en especie por hora trabajada de la ocupación principal. No hay problema si la remuneración es “suficiente” (se define en función de la línea de pobreza). En la protección social se mira si el trabajador tenía o no cobertura. La dimensión de productividad y posibilidades de desarrollo personal, se releva considerando el número de ocupados por empresa, lo que se “sustenta en la hipótesis de que los ocupados en empresas pequeñas (menos de cinco ocupados) no tienen oportunidades de lograr incrementos significativos y sistemáticos de la productividad y presentan casi nulas oportunidades de ascenso y de mejoras de sus capacidades”. En las horas trabajadas hay un problema si la persona está subempleada o trabaja más de 48 horas semanales.

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