HISTORIA

Curiosidades valiosas del Puerto de Montevideo (II)

Anécdotas e historias que junto con otros puertos del litoral y del país dieron pie a la fundación de nuestra existencia como país y especialmente de Montevideo.

Puerto de Montevideo

El puerto con sus características tan especiales como atractivas para el profano, con su propia y fuerte identidad como órgano de comercio y área de intercambio cultural, es un permanente semillero de datos, anécdotas e historias que junto con otros puertos del litoral y del país dieron pie a la fundación de nuestra existencia como país y especialmente de Montevideo.

Lo primero que vimos desde afuera fue la angosta calle La Marsellaise y esos famosos cuatro depósitos que eran el Santos, Aduana Nueva, Julio H. y Obes y Depósito Artigas, y tenemos en mente que había otro depósito de nombre Washington. Digamos que el límite del puerto era esa línea de depósitos donde había un espacio de unos 30 metros entre cada uno de ellos; no existían barreras que impidieran pasar, simplemente no se debía pasar por allí sino entrar y salir por la calle Colón o por Maciel.

Historia.

Dediquemos entonces unas líneas a nuestros recuerdos que vienen del año 1943, a las memorias del astrólogo Boris Cristoff que vivió en su niñez casi pegado al depósito Santos; de Dante Iocco que vivió en los comienzos de la calle Cerrito y Lindolfo Cuestas, y que conocía la Ciudad Vieja casa a casa y le publicamos dos o tres entrevistas; de Bergamino (92) que fue otro de los personajes que vivió su niñez en el edificio Nidera en 25 de Agosto y Misiones, y otros tantos a quienes entrevistamos por los años 50 y 60.

Inauguran Muelle B.

Lo que pretendemos recordar es la inauguración del Muelle B (no del puerto de Montevideo), el 25 de agosto de 1909, que se hizo con el atraque del transatlántico francés “Quessant” en el Muelle 9, una nave botada el año anterior, que por aquellos años con 152 metros de eslora era un objeto flotante impresionante de grande. Lo más destacable es que en 1909 calaba ocho metros y medio lo que confrontaba con los proyectos mezquinos de técnicos alemanes contratados que querían darle al puerto de Montevideo 7,50 metros de profundidad contra la opinión de los ingenieros y expertos uruguayos que en 1898 ya pedían 10 metros.

Cinco años más tarde se ordenarían los 10 metros por ley. Con el “Quessant” vinieron los barcos de guerra franceses “Gloire”, “Gueydon”, “Dupeti-Thomas” y “La Marsellaise”, todos ellos con el mismo calado, pero quedaron fondeados en el antepuerto.

En homenaje a ese barco de guerra se dio el nombre de La Marsellaise a dicha calle. Era un tramo de unas cuatro cuadras, en realidad cuatro manzanas de viviendas, cuyo frente daba a la calle 25 de Agosto, que se la conocía por la rambla portuaria, y que en muchas partes era producto de rellenos tomados a la bahía, suponemos por los años 1860/70. Por esa fecha, y antes, comenzaron a demoler las viviendas que daban a La Marsellaise y a 25 de Agosto. La calle La Marsellaise comenzaba casi junto al edificio de la Aduana (Oficina de Bahía) y donde ahora es la entrada por Yacaré, allí estaba una oficina de Correos. Había otra manzana que daba mismo contra la Aduana.

El Cambio Vitola estaba a la salida del portón, sobre Colón, y en 25 de Agosto y Colón había un bar que era famoso, el café Zaffaroni. Y sobre esa acera, o sea 25 de Agosto y Solís, más o menos, estaba Cassarino que vendía artículos navales y competía con el almacén naval de Ratti y Crosta que estaba en 25 Agosto y Solís, manzana sur. A esos dos grandes almacenes acudían los proveedores marítimos a comprar para los barcos pintura, cabo Manila, pintura naval, barnices, anclas, cadenas, etc., todo importado de Europa.

La Marsellaise.

Era una calle angosta a la que daban los fondos de los viejos depósitos Santos, Aduana Nueva, Julio Herrera y Obes, Depósito Artigas, hoy demolido y estoy casi seguro que también estaba a continuación el depósito Washington. A estos fondos comenzaba la calle empedrada La Marsellaise, las vías del tranvía a unos 12 metros, y tras otros 12 metros la vereda y las viviendas de esa calle. En esas cuatro manzanas de La Marsellaise vivían por lo general trabajadores del puerto, había pequeños depósitos para el almacenaje de utilaje, bares, billares, ferretería y hasta el Cambio Vitola. Tambien había un bar automático llamado Pedemonte, y una agencia marítima que imagino era Gordon Firing. O sea que eran manzanas cuyo frente aún no delineado daba a 25 de Agosto o rambla portuaria como se le llamaba entonces. Los viejos depósitos portuarios habían sido construidos en 1878, con rellenos tomados de las aguas de la bahía, de los que aún quedan dos originales y uno modificado por Eladio Dieste. En cuanto a la Marsellaise, hoy es una vía de circunvalación del puerto, un verdadero desahogo para el tránsito de un pequeño y atiborrado puerto que se quedó sin espacio con el transcurso de los años. Conocimos esa calle, el paso del tranvía y algunos inquilinos afincados en viviendas de esa vía. El astrólogo Boris Cristoff también la recuerda porque pasó su niñez y adolescencia a metros del nacimiento de esa arteria, primera manzana pegada a la entrada al puerto, hoy Yacaré. Era la primera puerta al lado de la Aduana.

El tranvía.

El tranvía bajaba por Zabala, tomaba 25 de Agosto, bajaba por Colón y se metía por La Marsellaise y subía por Misiones, no por Treinta y Tres como se nos dijo antes, e iba al hipódromo. Bergamino recuerda los tranvías 13 y 17 de La Transatlántica, la empresa tranviaria alemana que competía con la inglesa que iba por la Marsellaise, y que ambos iban al hipódromo. Los de la comercial venían por Rincón, bajaban por Zabala y seguían hasta Colón; otros iban hasta Yacaré y subían por Pérez Castellano. Pero por la Marsellaise pasaban el 13 y el 17. Yo tomaba el 53 para ir al liceo que iba por Washington, Rincón y después Mercedes (el 47 que iba al Prado y bordeaba toda la rambla portuaria, bajaba por Convención y subía por Colombia).
Todos nuestros entrevistados concuerdan que sobre la calle La Marsellaise vivían desde Colón hasta Treinta y Tres familias y trabajadores modestos que trabajaban en el puerto y también estibadores, aunque estaban allí instaladas muchas empresas vinculadas al quehacer portuario, pero más bien sobre Colón y sobre la fachada que daba a 25 de Agosto. También se guardaban carros con cuatro ruedas y tres mulas. La calle terminaba en Muelle Viejo que que era el final de la calle Treinta y Tres, que entraba al puerto sesgada, y otros la continuación de Misiones. El bar Pedemonte estaba en la calle Misiones y 25 de Agosto y era un bar automático, el otro gemelo estaba en Yi y 18 de Julio donde después estuvo la Conaprole.

Depósitos.

En estos cuatro viejos depósitos era difícil de estibar la mercadería porque el espacio estaba sembrado de decenas de pilares para sostener el techo, que no permitían hacer un almacenaje lógico y de movimiento fluido. Estos depósitos, todos ellos concesionados a privados, fueron interiormente modificados y el Julio Herrera y Obes modernizado audazmente por el genial Eladio Dieste.

En los últimos tiempos estos depósitos estaban vacíos. En 1975 la ANP llamó a licitación para demoler ese depósito y construir uno nuevo en el mismo lugar y con las mismas dimensiones, 50 metros por 80 pero sin pilares. Ganó la licitación el Ing. Eladio Dieste y en pocos días observó que las paredes del siglo XIX se podían aprovechar para desarrollar sus conocidas ideas del “ladrillo desnudo”, autosustentable sin importar la luz. En 1979 el techo ya estaba construido y su inauguración fue todo un acontecimiento para reconocer el desafío pero también el brillo y la inteligencia de Dieste. No tiene pilares y el enorme techo se sostiene en las paredes.

Foto

La foto muestra hasta dónde llegaban las aguas frente a los depósitos cuando se levantó el piso para obras de electrificación, caños de desagüe y el nuevo empedrado que se hizo en 1993. Se ve el primitivo muelle y una argolla para amarrar las embarcaciones. Las obras comenzadas en 1901 llevaron los rellenos hasta donde están hoy los muelles.

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