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Los daños colaterales que sufre la economía argentina

Para controlar el dólar, se tomaron decisiones que empujan a una recesión

Macri y funcionarios se reunieron en una cena con la directora gerente del FMI. Foto: Reuters
Macri y funcionarios se reunieron en una cena con la directora gerente del FMI. Foto: Reuters

Tras la tormenta, Argentina atraviesa un período de relativa calma cambiaria. La cotización del dólar cayó desde los niveles récords alcanzados a fines de junio y la corrida contra el peso parece haber cesado, al menos en el corto plazo.

Sin embargo, los medicamentos que están aplicando el gobierno de Mauricio Macri y el Banco Central argentino para bajar la fiebre del dólar empiezan a provocar severos efectos colaterales sobre la economía.

Por ejemplo, las elevadas tasas de interés en pesos, un premio con el que se busca desincentivar la demanda del dólar, amenazan con profundizar la caída de la actividad en los próximos meses.

“El alto nivel de la tasa de interés está teniendo un impacto contractivo. Es una de las cuestiones que el gobierno va a tener que atender a corto plazo porque este nivel de tasas no es sostenible durante mucho tiempo más. El tercer trimestre será duro”, dijo a El País el economista de la consultora ACM, Jorge Neyro.

Con tasas por arriba del 50% anual para financiar capital de trabajo, las pequeñas y medianas empresas (Pymes) sufren un ahogo financiero y empiezan a percibirse los impactos sobre la cadena de pagos.

Además, las tasas elevadas golpean sobre el consumo. En los últimos meses los bancos encarecieron las tasas de, entre otras líneas, los créditos personales, un instrumento que había impulsado el boom de ventas de electrodomésticos, autos y motos hasta abril pasado.

A esos efectos sobre el consumo se agrega que, con una inflación que rondará el 30% en el año, los aumentos salariales surgidos de las negociaciones paritarias continúan corriendo desde atrás al incremento de los precios.

En ese marco, en junio las ventas minoristas de los comercios Pymes registraron una caída de 4,2% frente a igual mes del año pasado, según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

El incremento de las tasas, sumado a la disparada del dólar, también contribuyó a frenar el otorgamiento de créditos hipotecarios, un rubro que venía creciendo a ritmo vertiginoso. Con cuotas similares al monto de un alquiler, entre enero de 2016 y mayo pasado fueron otorgados 118.538 créditos a la vivienda en Argentina. Pero ya en junio el otorgamiento de ese tipo de préstamos se derrumbó 60% frente al bimestre anterior.

A la previsible desaceleración de la construcción por menores inversiones privadas se suman los recortes en el presupuesto de obras públicas para cumplir con la baja del déficit fiscal comprometida a cambio de la ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Ese doble impacto provocó que la construcción, uno de los principales motores de la economía y del empleo durante los últimos doce meses, creciera en mayo pasado a la menor tasa de expansión interanual desde febrero del año pasado (5,8%).

Con esos efectos derivados de la volatilidad cambiaria y el alza de las tasas, al que se sumó la caída de la producción agropecuaria debido a la peor sequía de los últimos 50 años, las estimaciones de crecimiento de la economía argentina siguen ajustándose a la baja. Mientras en diciembre del año pasado las proyecciones de analistas recopiladas por el Banco Central estimaban una expansión del Producto Interno Bruto (PIB) del 3,2% para 2018, en junio cayeron a 0,5%.

Dado que el crecimiento de la economía en el primer trimestre fue de 3,6%, el consenso de analistas prevé una caída del PIB para lo que resta del año. Los pronósticos también se ajustaron a la baja para 2019: las estimaciones pasaron de un alza del 3,3% en diciembre a 1,6% en junio.

Recuperación

La expectativa del gobierno de Macri es que, superados los rigores del segundo y tercer trimestre, la economía deje de caer hacia fin de año y empiece a mostrar números positivos a comienzos de 2019. Para lograrlo, apuesta a que la devaluación impulse a los sectores exportadores y que, ya sin los efectos de la sequía, la producción agropecuaria sea el motor de la recuperación el año próximo.

Sin embargo, a ese escenario optimista se le contraponen los efectos del ajuste. El acuerdo con el FMI implica reducir el déficit fiscal del 2,7% del PIB previsto para este año al 1,3% en 2019.

“El riesgo de la dinámica propuesta por el Ejecutivo reside en caer en un círculo vicioso de más ajuste y menos actividad, que demande nuevos recortes del gasto por caída de ingresos. Es que en última instancia, el cumplimiento de la meta fiscal depende del crecimiento: la economía entró en recesión y no sabemos cuándo saldrá”, señaló un informe de la consultora Ecolatina.

Para Uruguay, la inevitable recesión en la que estará sumida la economía argentina en los próximos meses no será inocua. La caída del PIB y del consumo anticipa una baja de las importaciones (ver aparte).

“En abril y mayo se adelantaron compras al exterior porque se veía la trayectoria ascendente del tipo de cambio. Eso hizo que en los primeros cinco meses del año las importaciones crecieran 17% con respecto al mismo período de 2017. Pero, por el efecto combinado del alza del tipo de cambio y la recesión, habrá tasas de crecimiento mucho más bajas de las importaciones en los próximos meses. De hecho, esperamos para todo el año un alza del 5%, como máximo”, concluyó Neyro.

En uruguay ya se siente el impacto

El escenario de menor actividad en Argentina ya tiene impactos en Uruguay, por ejemplo en las ventas externas: mientras en el primer cuatrimestre las solicitudes de exportaciones a Argentina crecieron 9,3% con respecto al mismo período del año anterior, en mayo se derrumbaron 19% y en junio cayeron 1,9%. También el turismo sufre los efectos: si bien ingresaron 0,6% más de argentinos en el primer semestre del año gastaron menos y aparte las perspectivas hacia la temporada no son buenas. Por el encarecimiento en precios relativos de Uruguay “vendrá el argentino que tiene su casa acá, pero se pierde la clase media, que es la que suele ocupar todo el sector de hotelería y pequeñas casas”, dijo el presidente de la Cámara Uruguaya de Turismo, Juan Martínez.

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