ECONOMISTA ESTADOUNIDENSE

Deirdre McCloskey: “Si negamos la innovación habrá pobres para siempre”

“Lo que importa son las importaciones, no las exportaciones”, afirma la experta.

La economista estadounidense es una defensora a ultranza del libre comercio, la diversidad y la innovación. Foto: Darwin Borrelli
La economista estadounidense es una defensora a ultranza del libre comercio, la diversidad y la innovación. Foto: Darwin Borrelli

En los últimos años ha figurado como candidata a ganar el Premio Nobel de Economía y sus libros han sido destacados entre los más notables del año por el New York Times. Deirdre McCloskey es una economista de 76 años que fue conocida como Donald hasta 1995, año en el que decidió cambiarse de género.

Formada como economista en Harvard donde también adquirió su título de doctorado, es actualmente distinguida profesora de Economía, Historia, Inglés y Comunicación en la Universidad de Illinois en Chicago. Es conocida a nivel mundial por ser una defensora a ultranza del libre comercio, el capitalismo y la innovación. Se define a sí misma como una mujer literaria, posmoderna, liberal, cuantitativa y ex marxista. A continuación un resumen de la entrevista.

-¿Por qué considera que el capitalismo es el mejor sistema económico?

-En realidad pienso que el término capitalismo es una palabra estúpida porque no es realmente la acumulación de capital lo que lo hace genial al capitalismo, es la innovación. Por eso me gusta llamarlo “innovismo” en lugar de capitalismo, porque es la innovación lo que nos hace y nos hará ricos en comparación a nuestros antecesores.

-¿Cómo explica la existencia de la pobreza?

-La pobreza viene de no permitir a la economía funcionar. Si tan solo dejáramos trabajar a la economía nos enriqueceríamos. Lo que causa la pobreza en el mundo moderno, es no dejar ir a la gente, no dejarlos tener una oportunidad.

-¿Y la desigualdad social?

-Y en cuanto a la desigualdad hay dos tipos. El primero que proviene de robarle a las personas y el segundo que proviene del “innovismo”. Si la gente se enriquece porque roba es un mal sistema, pero si la gente se enriquece porque piensa nuevas ideas, nuevos emprendimientos y a raíz de eso hacen mucho dinero eso es bueno para todos nosotros. Pensá por ejemplo en el caso de Walmart en Estados Unidos, sí, seguramente la familia propietaria, los Walton, son muy ricos, pero el resto de nosotros obtuvimos las ventajas de ese emprendimiento, ropa más barata, comestibles más baratos, en fin, todo más barato.

-¿Cree que la inequidad social genera una sociedad más violenta?

-No, creo que las sociedades son violentas debido a las tradiciones sociales de larga data. Por ejemplo, en el sur de Estados Unidos hay una tradición cultural de que los hombres pelean por el honor, y eso se remonta al lugar de donde vinieron pero nada tiene que ver con la desigualdad social. Además, podés tener una sociedad muy desigual pero que sea muy pacífica. No creo que la desigualdad sea la fuente de nuestros problemas.

-¿Cuál cree entonces que es la fuente de nuestros problemas?

-La pobreza. Sobre la desigualdad social no podemos hacer mucho al respecto, y no deberíamos. Si un cantante es muy bueno y por ello gana mucho dinero, si un futbolista juega muy bien al fútbol, o si un empresario empezó un muy buen negocio y por eso hace mucho dinero, no nos debería preocupar y no deberíamos cambiarlo, incluso si causa desigualdad ese no es el problema. El problema es la pobreza. Si todos nos convirtiéramos en personas ricas, solo una política social basada en la envidia se preocuparía por la desigualdad.

-¿Qué propone hacer al respecto?

-La envidia es imposible de eliminar, no tiene remedio. Pero sí podemos hacer cosas sobre la pobreza. Deberíamos dejar que las personas intercambien, que hablen, que negocien. La diferencia es la base del comercio, la diversidad es muy buena y si entre esas diversidades algunas personas hacen más dinero que otras, está bien.

-¿Cree que deberíamos preocuparnos por el futuro del trabajo?

-No, porque siempre hay trabajo por hacer. Pensá en tu propia vida: ¿Alguna vez se te hizo imposible encontrar algo para hacer? No, porque siempre hay algo más por hacer. Ese es el punto. Cada año uno de cada siete empleos desaparece para siempre y esto es así tanto en Uruguay como en Estados Unidos. El progreso, el aumento de los ingresos es posible gracias a trabajadoras como vos y como yo, es posible gracias al capital, y es posible cuando todo eso es capaz de reutilizarse en otros campos. Si hay flexibilidad en la fuerza laboral y en el capital, los ingresos van a aumentar y van a sacar a la gente de la pobreza. Es algo muy bueno y está pasando en todo el mundo, si lo permitimos.

-¿Qué ocurre si no lo hacemos?

-Si no permitimos que eso pase y le decimos que no a la innovación y a los nuevos trabajos serán pobres para siempre.

La economista estadounidense es una defensora a ultranza del libre comercio, la diversidad y la innovación. Foto: Darwin Borrelli
Foto: Darwin Borrelli

-¿Cómo explica la aparición de líderes como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Nicolás Maduro?

-Estoy horrorizada. Esa lista sigue con (Rodrigo) Duterte en Filipinas, (Viktor) Orbán en Hungría, (Recep Tayyip) Erdogan en Turquía y la lista sigue,. Es un aumento del populismo, de izquierda o de derecha, que está ocurriendo en todo el mundo entero y en América Latina ustedes están bien familiarizados con esto y están al lado del ejemplo principal, Argentina. Creo que la democracia, la cual apruebo, tiende a alentar a los políticos a hacer promesas que no se pueden lograr. El tipo de sociedad que queremos es una sociedad libre donde las personas puedan tener vidas humanas completas.

-¿Qué piensa acerca de las ideas que Donald Trump está tomando en economía?

-Trump es un idiota. Además tiene un asesor, Peter Navarro, que odia el comercio y tiene un doctorado en Economía en Harvard, no puedo creer y no entiendo cómo lo obtuvo. Es más, estoy pensando en devolver mi doctorado en protesta contra este hombre, porque es realmente increíble que haya un economista que no crea en el comercio. (Risas).

-¿Cuáles considera que son los efectos de la “guerra comercial” entre Estados Unidos y China?

-Es como dispararse un tiro en el pie, es un ataque y un embargo a los propios estadounidenses. Trump nos dice: “No pueden hacer tratos con China”. Pienso que es realmente ridículo, infantil, tonto y es el resultado de tener a un idiota en la Casa Blanca. Afortunadamente, y esta es una muy buena noticia, Trump es vago y estúpido, si fuera energético e inteligente como Erdogan o (Vladimir) Putin estaríamos realmente en problemas. Es un hombre torpe, se levanta a las tres de la mañana a mirar Fox News, porque esa cadena lo promueve, luego se va y hace políticas y si alguien no está de acuerdo con él dice que va a tirarse por la ventana, es realmente increíble.

Una vez pudimos reírnos de los políticos latinoamericanos, ahora ya no podemos hacerlo más. (Risas).

-¿Qué efectos cree que puede tener la “guerra comercial” para los mercados emergentes?

-Creo que Uruguay podría sacar ventaja de esto, ir hasta Washington y tratar de comerciar con ellos, quizás ustedes puedan. Pero dejemos algo claro, lo que importa no son las exportaciones, son las importaciones la que te hacen mejorar y conseguirlas a precios más baratos inclusive mejor.

Xi y Trump: desde que apostaron por una tregua en la guerra comercial, han avanzado en el diálogo. Foto: AFP
Xi y Trump. Foto: AFP

-Usted cree que la economía debería estar más humanizada ¿cómo se puede lograr eso?

-Sí, lo creo. A mi me gusta hablar de “humanomics” (término en inglés para hacer referencia a la economía humanizada). Me gusta pensar en una economía con humanos dentro. Y eso puede ser logrado con economistas que sean cada vez más inteligentes y que aprendan sobre filosofía, literatura, teatro, poesía, teología, que se conviertan en humanistas. Para cualquier proyecto científico precisás combinar dos partes: lo humanístico y lo cuantitativo, pero para ir a la parte científica primero hay que tener una discusión humanística, social y política.

“Era Blancanieves”: cómo es ser una economista feminista

En su biografía, Deirdre McCloskey señala que “como Mae West podría decir, ‘yo era Blancanieves. . . ¡Pero me desvié! Hasta 1995 fui nombrado, y fui, “Donald”. ... Casado por 30 años felices, con dos hijos adultos (que no me han hablado desde 1995)”.

Al ser consultada por El País sobre cómo es ser una economista feminista, McCloskey cuenta: “Aquí está el problema, yo era un economista feminista cuando era un hombre, y un grupo de de mujeres economistas feministas creían que era algo muy importante y estaban contentas de que este economista hombre muy conocido, que era yo, era feminista. Luego me convertí en mujer y dijeron ‘ay no, otra mujer economista que es feminista ¿para qué necesitamos eso? Era claramente en broma pero un poco era así” (Risas).

Respecto del rol de la mujer en la economía, McCloskey señala que “lo importante es el reconocimiento de que la mitad de la población sea femenina para la economía, especialmente para las ‘humanomics‘. Creo que en algunos campos como en la economía laboral sí importa mucho que la mitad de la población sea femenina, sí importa que las mujeres sean mujeres. Puede que no importe en las finanzas internacionales, pero sí se puede ver que realmente importa en el consumo y muchas otras áreas”.

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