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Diagnóstico del FMI sobre la economía mundial prende “luces amarillas” en Uruguay

El super ciclo de las materias primas y financiamiento barato, que tanto contribuyó al crecimiento de las economías emergentes, en particular la uruguaya entre 2003 y 2014, definitivamente quedó atrás, según el análisis del FMI. Uruguay debe prestar atención.

FMI: Uruguay es miembro del organismo y como tal expuso. Foto: Reuters
Foto: Reuters

El super ciclo de las materias primas y financiamiento barato, que tanto contribuyó al crecimiento de las economías emergentes, en particular la uruguaya entre 2003 y 2014, definitivamente quedó atrás. Así se desprende del último informe sobre Perspectivas Económicas Mundiales que divulga el Fondo Monetario Internacional (FMI) en ocasión de cada una de las asambleas que realiza semestralmente.

El informe de octubre revisa a la baja las perspectivas de crecimiento mundial para este y el próximo año, debido a la mala performance de las economías sudamericanas más importantes y algunas otras economías emergentes como Irán y Turquía, incluso la propia China que, si bien sigue mostrando un crecimiento robusto, comienza a sentir los efectos de la guerra comercial con Estados Unidos.

El nuevo escenario que proyecta el FMI refleja los cambios que se han sucedido en el mundo en el último semestre. La escalada en la disputa comercial entre las dos economías más importantes del planeta ya se siente en el comercio internacional, que está evolucionando a un ritmo inferior al del año anterior, lo que repercute en el dinamismo económico global. Sumemos a ello la suba que experimentó el precio internacional del petróleo.

Pero por sobre todas las cosas, la consolidación en la tendencia a la normalización de la política monetaria en Estados Unidos en un contexto de estímulo fiscal tiene un impacto muy fuerte en los flujos de capital hacia las economías emergentes. Desde nuestra perspectiva este sea tal vez el aspecto más importante.

Gracias a la rebaja impositiva que implementó la administración de Donald Trump, la economía estadounidense está creciendo por encima de su tasa potencial de largo plazo. Esto se ve reflejado en el gran dinamismo en el mercado laboral que está cerca del pleno empleo con una tasa de desempleo que se ubica en lo niveles más bajos de los últimos 49 años.

El recalentamiento elevó las presiones inflacionarias lo que llevó a la Reserva Federal (Fed) a subir recientemente la tasa de interés y anunciar un aumento más para este año y tres adicionales para el 2019.

Este mix de políticas fortaleció al dólar frente a las restantes monedas y revirtió el flujo de capitales hacia los mercados emergentes, que tímidamente había comenzado a incrementarse a fines de 2016.

Atraídos por los rendimientos crecientes en el mercado accionario y el mayor rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense, los inversores internacionales abandonaron a los mercados emergentes.

Como es un proceso de salida gradual, los primeros en sufrir las consecuencias son aquellos que pierden atractivo en los rendimientos potenciales o comienzan a ser vistos como potencialmente problemáticos.

Los países pueden ser considerados problemáticos para la inversión por diferentes factores. Uno de ellos es la inestabilidad política y el informe destaca un deterioro en el correr del 2018. Otro de los elementos es la situación fiscal que empieza a ser vista con mayor preocupación por parte de los inversores y se menciona como el gran problema que enfrentan las economías emergentes importadoras de petróleo.

A pesar de que el análisis del FMI no menciona directamente a Uruguay como país con problemas, nuestra realidad no está muy alejada de la inquietud por el futuro de las finanzas públicas.

No fuimos afectados por una salida masiva de capitales como la que experimentó Argentina entre febrero y agosto pero el deterioro que van mostrando de poco distintos indicadores encienden las luces amarillas de alerta.

No fue casual que la agencia Fitch mantuviese la nota de la deuda uruguaya, pero le bajase la perspectiva de "estable" a "negativa". Ello no quiere decir que el país vaya a perder el grado inversor, pero es un llamado de alerta en momentos críticos.

De acuerdo al análisis de la situación mundial, se concluye que no se trata de un anuncio de que las condiciones externas favorables para los países emergentes están cambiando. La realidad es que ya cambiaron y estamos frente a un nuevo panorama.

Ese llamado de alerta hay que entenderlo en el contexto del déficit que muestran las cuentas públicas, que no disminuye a pesar de los intentos por abatirlo. Un desequilibrio en el entorno al 4% del Producto Interno Bruto (PIB) no es sostenible en el tiempo, ya que para financiarlo debe recurrirse al endeudamiento. En los últimos tres años la deuda se incrementó en casi 10 puntos del PIB. Esa dinámica es la que comienza a preocupar.

Máxime cuando la economía se enlenteció y no genera los recursos necesarios para financiar las demandas crecientes de la población.

Este es el gran desafío que enfrenta la conducción económica. El contexto externo se va deteriorando y a mediano plazo el FMI proyecta una desaceleración del PIB mundial al irse agotando los efectos del estímulo fiscal en Estados Unidos, la menor productividad mundial esperada asociada al envejecimiento de la población y los efectos nocivos del proteccionismo.

Este escenario con viento de frente obliga a una consolidación de las cuentas públicas en nuestro país. Puntualmente el país puede sortear por un par de años esta coyuntura no favorable gracias al impulso que dará a la economía la construcción de la planta de celulosa sobre el Río Negro.

Sería una pena posponer los correctivos, ya que, si las cuentas públicas se siguen deteriorando y aumenta la deuda, tarde o temprano la economía ajusta. Es preferible hacerlo por las buenas y en forma ordenada y no que sea como resultado de una reacción adversa de los mercados.

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