“A NUESTRA MANERA”

Los días de hace 15 años con una "angustia permanente"

La crisis de 2002 en la visión de uno de sus protagonistas, el economista Carlos Sténeri.

Carlos Sténeri. Foto: Fernando Ponzetto
Carlos Sténeri. Foto: Fernando Ponzetto

Hace poco más de 15 años, los uruguayos asistían a uno de los peores momentos de su historia económica: la crisis de 2002. Por impericias propias (ajustes no hechos a tiempo, medidas ténues) y ajenas (aftosa, crisis de Argentina) el país estaba sumido en una corrida bancaria, caída de la producción, desempleo. En aquellos momentos, el gobierno (y la población) vivía en una "angustia permanente", al decir de Carlos Sténeri, por ese entonces agente financiero de Uruguay en Estados Unidos.

Para ponerlo en números: la economía cayó 7,7% en 2002, la inflación alcanzó a 28,5% en los 12 meses a marzo de 2003, el desempleo tuvo un récord de 20,4% en setiembre de 2002 y uno de cada tres uruguayos estaba por debajo de la línea de pobreza en 2003.

"En mi caso, recibía diariamente la posición de liquidez y el retiro de depósitos. Eso era angustiante, porque era muy fácil saber cuántos días de sobrevida teníamos para resolver la situación. Eso era una angustia permanente", cuenta Sténeri en diálogo con El País. Este protagonista directo de la crisis de 2002, trabajó con gobiernos del Partido Nacional, del Partido Colorado y del Frente Amplio (fue el primer director de la Unidad de Gestión de Deuda) y presentará la reedición de su libro "Al borde del abismo. Uruguay y la gran crisis de 2002-2003", el próximo 27 de septiembre en el Salón Azul de la Intendencia de Montevideo.

"Esto se va a la mierda (…) ¡Me voy a tener que ir! ¡Voy a tener que renunciar!", le decía el entonces presidente Jorge Batlle al economista Ernesto Talvi en una reunión el domingo 21 de julio de 2002, según el libro "Con los días contados", de Claudio Paolillo. La intransigencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) para prestar más dinero a Uuguay y la sugerencia del subdirector gerente del FMI, Eduardo Aninat a Batlle de instrumentar un "corralito" bancario (es decir retiros limitados de depósitos y reprogramación de los que estaban a plazo) como en Argentina, suponían ese desenlace.

"Había que hacer cirugía, pero para ponerlo en términos médicos, había que tener sangre para seguir poniendo en un cuerpo que iba a sufrir una operación muy importante", dice Sténeri sobre la necesaria reestructura del sistema bancario pero también del dinero que se necesitaba para parar la corrida de depósitos.

-¿Temieron ser la Argentina de 2001?

-Sin ninguna duda, lo pensábamos. Nunca lo hablábamos porque no teníamos tiempo. Nos reuníamos en Washington un par de días y después cada uno volvía a sus bases. Pero, obviamente en alguna conversación que tuvimos con el presidente nos decía, "si esto no sale, acá yo me tengo que ir". Una crisis política no hubiera arreglado la corrida, hubiera introducido otro ruido.

Sténeri explica que "en el lapso de 10 días ocurre de todo: Se aceleran las negociaciones con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, hay un cambio de autoridades en el equipo económico (el entonces ministro de Economía, Alberto Bensión y el entonces presidente del Banco Central César Rodríguez Batlle dejan su lugar a Alejandro Atchugarry y Julio de Brun, respectivamente, entre otros) y se declara un feriado bancario que era una medida extrema porque ya no había más recursos".

Allí "se sigue la negociación sin saber a ciencia cierta cómo iba a culminar y sabiendo que el feriado bancario no podía durar 15 días y que levantarlo sin recursos tenía un costo enorme, como era romper la cadena de pagos del país", afirma el exfuncionario.

El 31 de julio de 2002, al mediodía en Washington "el propio FMI, a través de Aninat nos anuncia que no había ambiente para una ayuda a Uruguay y dijimos bueno, nos prepararon la cancha. La incertidumbre de lo que pasaba fue hasta el final. Ese mismo día el Tesoro nos anuncia en una reunión de tarde a la que fuimos con el embajador de Uruguay en EE.UU., Hugo Fernández Faingold, que estaba dispuesto a prestarnos US$ 1.500 millones. El resto (del equipo entre quienes estaban el entonces director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Ariel Davrieux y jefe de la Asesoría Macroeconómica, Isaac Alfie) volvía a Montevideo para prepararse para lo peor".

Más allá del resultado de las negociaciones con el Tesoro de EE.UU. y el FMI, el Parlamento debía votar en tiempo récord una ley de Fortalecimiento Bancario que suponía liquidar a los bancos insolventes (Montevideo, Caja Obrera, Comercial y De Crédito) y reprogramar los depósitos a plazo del Banco República (BROU) y el Hipotecario (BHU).

"Lo cual me llevó a hablar con el expresidente (Julio) Sanguinetti y con el expresidente (Luis) Lacalle, enterándolos de la situación y de que era condición necesaria tener una ley aprobada si no se quería entrar a un corralito. Eso implicó el compromiso de ellos de aportar los votos para aprobarla en tiempo récord y si ello no ocurría, inclusive adoptar medidas prontas de seguridad", relata Sténeri.

Finalmente el FMI destrabó un nuevo programa para Uruguay, que mientras tuvo los US$ 1.500 millones de un crédito puente que le dio EE.UU. Sténeri afirma que ese "endeudamiento que se contrató fue para apuntalar a los bancos públicos. Eso me lo dijo Batlle: vamos a quebrar los bancos insolventes, los bancos internacionales que no tengan liquidez o no quieran traer liquidez, también vamos a aplicar las reglas prudenciales correspondientes. Y los recursos son para salvar nuestros buques insignia que son el BHU y el BROU".

Por otro lado, señala que hubo "una decisión política" de proteger hasta cierto monto a los depositantes de esos bancos e incluso a los bonistas, porque "si se hubieran aplicado a rajatabla las reglas de la quiebra, no había protección".

Según el funcionario "lo que hubo fue un enorme esfuerzo de la sociedad que se tradujo en mayor endeudamiento, para generar el menor daño posible. Ahora, no hay cirugía sin dolor, y no hay cirugía en la que a veces alguna pieza anatómica quede fuera".

Resuelta la corrida bancaria, el gobierno debía desactivar otra bomba de tiempo: la deuda. "Cada bono que pagamos era rascar la lata. Sabíamos que si había otro vencimiento importante, la realidad de los hechos nos iba a llevar al default", recuerda Sténeri.

El FMI nuevamente sugería hacer un default como Argentina y ser árbitro en un mecanismo de negociación con los acreedores, algo hasta entonces no probado.

"Si defaulteábamos la deuda, la corrida bancaria se iba a encender de vuelta. Si habíamos logrado capear un tema tan complejo como la crisis bancaria, una crisis de liquidez y no de insolvencia" era posible resolverla, explica el exfuncionario.

Así, Uruguay logró un canje a fines de mayo de 2003 con una aceptación del 93%, que estiró vencimientos por US$ 4.981 millones por cinco años. "Esa operativa de Uruguay generó jurisprudencia", dice Sténeri.

TRES "CLAVES" DE LA HISTORIA.

La realidad desnuda con la crisis.

Una de las razones de la crisis bancaria —no la única— en 2002, fue que hubo "un sistema político que votó leyes de refinanciación que después pegaban en los balances de los bancos y entre ellos, en los bancos que se quebraron", evaluó Carlos Sténeri. "Ya el banco Comercial cuando viene escorado, en la década del 80, era por esas refinanciaciones" y después hubo una "estafa" de los hermanos Rohm. "Los bancos con mejores o peores banqueros fueron sobreviviendo, con el guiño del Banco Central, que si aplicaba la regulación estricta tenían que dejar de operar hace tiempo. Esa realidad se desnuda cuando aparece la crisis. Hoy a nadie se le ocurre hacer una ley de refinanciación", aseguró.

Lo necesario del apoyo de todos.

Sténeri prefiere una mirada "positiva" respecto del respaldo del sistema político durante la crisis de 2002. El saldo del respaldo del sistema político "fue positivo, más allá de posiciones que fueron erróneas quizás por ignorancia o por cálculo político, no importa, ya fue", aseguró. A su juicio "lo que importa es mirar para adelante y ver que en estos temas, hay cosas con las que no se juega, que es hombro contra hombro. Hacia afuera (el mensaje) es hombro contra hombro porque no hay margen de maniobra", más allá que en la interna pueda haber críticas. "En la soledad de la trinchera, vos podés ganar la trinchera, pero cuando se dan cuenta que no hay retaguardia, la perdés nuevamente", ejemplificó.

La operativa que generó caso líder.

El exfuncionario Carlos Sténeri señaló que la operativa que se instrumentó en el canje de deuda de 2003 para evitar el default, "generó jurisprudencia". El economista destacó que "los términos contractuales de aplicar cláusulas de adhesión colectiva, cláusulas de salida, el puntapié inicial fue de Uruguay". Con las cláusulas de adhesión colectiva, "si bien no resolvés de manera absoluta el problema de los holdout (los que no entran al canje), le bajás de grado. Esas cláusulas, para el bono Uruguay 2027, establecen que si votan más del 60% de (los tenedores de) ese bono, ese bono se puede refinanciar. Pero, a su vez, si es el 75%, juega de manera cruzada para (obligar) al resto de los bonos", explicó.

PARA STÉNERI, CRISIS DEJÓ LA LECCIÓN DE ASUMIR COSTOS POLÍTICOS.

"(Jorge) Batlle se incineró, la historia lo reivindicó".

Respecto a las lecciones que dejó la crisis de 2002 para evitar colapsos de ese tipo, Sténeri fue categórico: "las crisis nunca están erradicadas, hay que vacunarse lo más posible a focos potenciales de inestabilidad. Pero no se está libre, puede haber una crisis regional, un cierre abrupto de las exportaciones por enfermedades".

Para hacer frente a un momento extremo "hay que tener los cortafuegos necesarios para capear un hecho que es temporal. (Ahora) si es permanente es como un terremoto, se cayó todo y tenés que empezar de vuelta. Siempre hay que estar preparados", enfatizó.

Para el exfuncionario de gobierno "cuando hay una crisis llega un momento en que el liderazgo es importante, no hay que tratar de ahorrar costos en el corto plazo, cuando estos te pueden ayudar a soluciones en beneficios de largo plazo".

"Esto tiene una dimensión política y electoral, (el expresidente, Jorge) Batlle fue un ejemplo (de ello), se incineró, la historia lo reivindicó tiempo después, pero en ese momento perdió él, perdió el partido (Colorado). Pero más vale que hubiera pasado eso y no tener una respuesta corta y después una situación peor", argumentó.

Otra lección extraída es que "la sociedad tiene que acompañar. Son situaciones extremas, a veces provocadas por impericia, pero en episodios de estas características, repartir culpas es muy difícil. Son procesos que se desatan de manera violenta y donde la sociedad debe actuar opinando, debatiendo, pero que al final del día eso no implique fracturarla y atar a quienes tienen a cargo la gestión. Este es un país pequeño, es como una palangana: un agujerito en la palangana y la palangana se hunde. No somos un transatlántico", explicó Sténeri.

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