NUEVO PANORAMA

Dilemas del fútbol post-pandemia: el Centenario, clubes sin ventas y la llegada de más SA

Los dirigentes del fútbol uruguayo creen que se debe repensar el modelo de negocios por los impactos del coronavirus. 

Fútbol y pandemia
Los dirigentes creen que el coronavirus es un punto de inflexión que obligará a ajustar más los presupuestos de los clubes. Foto: El País.

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El Estadio Centenario, único declarado patrimonio histórico del fútbol mundial por la FIFA, negocia con la UTE una rebaja de la potencia para reducir costos, porque la paralización por el coronavirus fue la estocada final de un largo proceso de caída de sus ingresos.

Ya afectado por la decisión de Nacional y Peñarol de apostar por sus estadios en los últimos años, el coronavirus sumó ahora la pérdida de recaudación por los partidos en los meses pasados y futuros —al menos por un tiempo no se proyecta jugar con público— de la selección uruguaya, y la nula realización de otro tipo de espectáculos.

Tampoco hay palcos alquilados —suelen venderse a empresas a US$ 10.000 dólares al año y hay 16 en la tribuna América— ni pagos del concesionario de la confitería. Sin embargo, se mantienen US$ 90.000 de costos fijos cada mes.

En la directiva de CAFO, entidad con representantes de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) —que tiene mayoría— y la Intendencia de Montevideo que administra el Centenario, hay quienes piensan que “se debe cambiar la perspectiva y no priorizar más el fútbol”. Esto implica cambiar los estatutos, para que el estadio pueda alquilarse en cualquier fecha como “centro de convenciones o para espectáculos”.

La única que mantendría la prioridad es la selección, ya que el acuerdo con la AUF es que queda para la administradora el 6% de la recaudación total, bastante más dinero que la tarifa de $ 200.000 que pagan los clubes por alquilar el estadio.

CAFO y la reforma del estatuto

Al tener mayoría la AUF dentro de CAFO, los clubes tienen el poder para votar un cambio en los estatutos del estadio Centenario, que permita alquilarlo con anticipación para eventos y que el fútbol no sea una interferencia. La carta a favor de quienes apoyan la reforma es que la AUF deberá cubrir las pérdidas si no se consiguen mayores ingresos.

Ideas hay muchas y variadas: hacer el carnaval 2021 en el Centenario, con hasta 5.000 espectadores manteniendo la distancia física en la tribuna Olímpica; o recibir seminarios y conferencias en la zona de palcos de la América, incorporando un escenario y una pantalla gigante en la tribuna.

Centenario
En CAFO hay quienes quieren cambiar los estatutos, para que el estadio pueda alquilarse en cualquier fecha como “centro de convenciones o para espectáculos”.

El cimbronazo económico por la pandemia y los dilemas hacia adelante no son exclusividad del histórico estadio, sino una sensación que atraviesa a gran parte del fútbol uruguayo. Los dirigentes creen que es un punto de inflexión que obligará a ajustar más los presupuestos.

“No hemos resuelto ninguno de los problemas que tiene el fútbol, tuvimos varios meses y no vi que se trabaje en un tema estructural como es el costo de los espectáculos. Hoy los equipos pagan para jugar, en 2018 el déficit entre los costos y la venta de entradas fue más de US$ 1 millón cuando en 2014 era superavitario”, dijo a El País el dirigente de Wanderers, Carlos Ham, que en 2019 intentó presidir la AUF —tuvo el apoyo inicial de Diego Lugano y el movimiento de jugadores, pero no le alcanzó—.

Si bien el jugar sin público reducirá algo los gastos en seguridad y funcionarios, habrá por el virus golpes “indirectos” para los clubes como la pérdida de socios y menos “exposición de nuestro principal capital que son los jugadores que formamos”. Para Ham al pensar el fútbol post-pandemia se abre una gran interrogante: “¿Cuánto vale ahora nuestro espectáculo? En términos de esponsoreo y de televisión, ¿vale lo mismo que antes o no?”.

También la preocupación por la sustentabilidad y los desafíos económicos son parte de la realidad de los equipos más importantes del país. Nacional y Peñarol están proyectando lo que perderán por la pandemia y se plantean como objetivo reducir sus costos.

El dirigente de Peñarol, Alejandro Ruibal, explicó que la venta de entradas no está entre los principales ingresos y ese golpe puede superarse, pero la afectación puede venir por una pérdida de valor del fútbol como producto. “Hoy es un espectáculo dentro del mundo del entretenimiento, se vende como un producto”, donde la televisión es clave así como las empresas que auspician, y todas sufren “por la recesión que vive todo el mundo”, señaló.

Lo primero es “que la pelota vuelva a rodar para que empiece a andar esa maquinaria que da recursos a los clubes”, pero el directivo carbonero ya anticipa que “todas las instituciones seremos más pobres y nuestras economías se van a tener que dimensionar a esos ingresos: es fácil decirlo y difícil hacerlo, pero si me pongo en administrador frío los sueldos tienen que bajar muchísimo”.

El tesorero de Nacional, Gustavo Amoza, contó a El País que “desde que el fútbol se paró hicimos correcciones buscando ahorros, analizamos los ingresos que no íbamos a recibir y adecuamos los gastos a eso”. Entre el dinero que no ingresó en el semestre pasado están la recaudación por el clásico y los dos partidos de local por Copa Libertadores, además de la caída en la venta de merchandising por no haber actividad.

Pero según Amoza lo que más hay que atender desde las finanzas son “los flujos económicos que perdés a futuro”, como por ejemplo no cobrar en 2021 la renovación de butacas en el Parque Central para compensar a quienes pagaron por este año sin fútbol.

En esa lógica entra también “un impacto muy grande” sobre el principal sustento de los clubes: la venta de futbolistas al exterior, ya que “es de esperar menos operaciones y por montos más bajos”, dijo Amoza.

El saludo entre Xisco Jiménez y Guzmán Corujo en el clásico Peñarol vs. Nacional
Nacional y Peñarol están proyectando lo que perderán por la pandemia y se plantean como objetivo reducir sus costos. Foto: Leonardo Mainé

Sobre esto último, también Ham advirtió que “como en todos los sectores económicos los precios de venta van a caer” y esa ecuación “es dramática para los clubes formadores”. Agregó que no cree en la otra teoría que manejan algunos dirigentes: al haber menos dinero para comprar jugadores en el mundo, se mirará más a mercados baratos como el uruguayo.

A raíz de estos impactos en las finanzas, Ruibal entiende que se deberá “armar un nuevo modelo de negocios” a partir de la vuelta de la actividad, con un lastre que son “los pasivos que los clubes traen y su reestructuración”. El desafío se percibe enorme, pero remarca que el fútbol uruguayo cuenta con una ventaja que lo hace “irrompible”: los jugadores, una materia prima que “es buscada en todo el mundo”.

¿Llegó el momento de las S.A. deportivas?

Boston River, Rentistas, Deportivo Maldonado, Plaza Colonia o Torque son ejemplos de un modelo distinto de administración de los clubes, ya que la institución cede esa tarea a un grupo inversor que funciona bajo la figura de una sociedad anónima deportiva (SAD).

Esta figura es habitual en los clubes europeos y los dirigentes auguran que serán más los proyectos de este tipo en Uruguay luego de la pandemia. Javier Noblega, director de Negocios de Montevideo City Torque —que integra el mismo grupo que el Manchester City y otros seis equipos alrededor del mundo—, dijo a El País que el proyecto que se inició en 2017 es una apuesta a largo plazo con el foco en la formación y venta de futbolistas.

“Sabemos que hay un largo camino a recorrer hasta llegar a que un club sea rentable” en base a transferir a futbolistas que formó, pero mientras hay otras formas de ingresos como potenciar jugadores jóvenes de otros equipos o mercados para luego cobrar una parte de la venta, contó Noblega.

Señaló que “el fútbol uruguayo debe ir hacia un modelo de negocios así” y que la llegada de un grupo inversor puede ser “la única salida para que sigan siendo profesionales un montón de clubes”.

Las obras de la Montevideo City Academy en el Camino Los Aromos. Foto: Fernando Ponzetto.
Las obras de la Montevideo City Academy en el Camino Los Aromos. Foto: Fernando Ponzetto.

Central Español fue la última institución que aprobó en asamblea de socios en marzo un proyecto para que una SAD tome la administración y entre otras cosas renueve su estadio.

El ejecutivo de City Torque entiende que lo fundamental para que sea redituable la alianza entre los clubes y el capital privado es “que exista un respeto del inversor por la idiosincrasia del club” y lograr “una conexión absoluta” de los hinchas con el proyecto.

Ham cree que vendrán grupos inversores porque “el fútbol uruguayo ha demostrado que a largo plazo genera valor”. Para Ruibal al igual que otros sectores de la economía, el fútbol puede beneficiarse para captar inversiones del “buen manejo” que realizó el país del coronavirus.

Carlos Ham
"La realidad le va a pasar por arriba a algún club"
Foto: Archivo El País

Ham es contundente al hablar sobre lo que se viene para una buena parte de los clubes uruguayos, principalmente los que arrastran años de finanzas en rojo: “Se viene un período en donde o se ajusta la ecuación económica o habrá clubes que la realidad los va a pasar por arriba. Hay que anticiparse a eso y lo digo desde un club (Wanderers) con una situación privilegiada, pero es claro que a futuro esto así no es sostenible”.

Amoza y Ruibal coincidieron en que los ingresos de las instituciones hoy se ordenan así en orden de importancia: transferencias, premios por participar de copas internacionales, televisión, cuota de socios, merchandising y esponsoreo, y venta de entradas.

Los derechos para televisar el fútbol local son de la empresa Tenfield y el contrato vigente va hasta 2025, debiendo la AUF cumplir al menos con 240 partidos al año. ¿Se le puede pedir más dinero a Tenfield? Para Ham “sería razonable” pero “no hay muchos elementos para negociar” habiendo un contrato vigente, mientras que Ruibal entiende que “si el negocio de abonados mejora debería pensarse que la televisión ayude transitoriamente al fútbol”.

El tesorero de Nacional señaló que la directiva que integra y asumió en 2019 venía con “un plan de reordenamiento de las finanzas y la pandemia golpeó fuertísimo”, y ya saben que el resultado económico “no será el mismo” que el planificado previo al COVID-19.

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