"La economía brasileña no tendrá recuperación inmediata", admite

Dilma Rousseff está preocupada por el "efecto China"

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, reconoció que el "efecto China" impactará en la economía de su país, la que no se recuperará en un corto plazo."Estamos frente a una retracción del mercado internacional del cual no sabemos cual es su verdadera dimensión, concluyo"

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, admitió hoy que el "efecto China" impactará en la economía de su país por lo que en 2016 no habrá una recuperación robusta de la actividad que este año sufrirá en el país sudamericano un repliegue de más del 2%, mientras el desempleo trepó al 8,3%.

"Vamos a seguir teniendo dificultades incluso porque no sabemos cuál será la repercusión de todo lo que está aconteciendo en la economía internacional", declaró hoy Rousseff en el interior del estado de San Pablo.

La presidenta viajó este martes a la localidad de Catanduva donde entregó un barrio de 1.500 viviendas populares construidas dentro del programa social "Mi casa, mi vida".

"Vamos a tener un efecto China muy acelerado, todo el mundo piensa que esto se trata sólo de los commodities, pero no es solo eso", observó la jefa de estado, luego del cimbronazo causado ayer en Brasil por la caída de más de 8 puntos la Bolsa de Shangai, que hoy se retrajo más del 7%.

La Bolsa de Valores de San Pablo se desplomó ayer hasta el 6,5% y finalmente cerró las operaciones con un negativo del 3,03%, debido a las fuertes caídas registradas en los papeles de la petrolera estatal Petrobras y la minera privada Vale, dos empresas que exportan al gigante asiático.
Pero el ambiente bursátil se revirtió este martes cuando se observaba una tendencia positiva que a las 15 horas (18 GMT) se verificaba con el índice Ibovespa creciendo el 2,40% a los 45.402 puntos.

A esa misma hora, es decir faltando dos para el cierre de la ronda, el dólar bajaba 0,3% y se vendía a 3,54 reales y el euro se replegaba de forma más pronunciada, el 1,9%, cotizándose a 4,04 reales.

No obstante el repunte del mercado paulista, la presidenta considera que en Brasil se sentirá la onda expansiva del reacomodamiento de China y otros procesos.

Como la baja de los precios de las materias primas, que garantizan el ingreso de divisas a Brasil que se vuelca hacia el mercado externo debido a la baja de la demanda interna.

China es el principal socio comercial de Brasil, con un intercambio de 77.000 millones de dólares en 2014, con superávit del orden de los 3.000 millones a favor de Brasil, que tiene déficit con sus otros dos grandes socios que son la Unión Europea y Estados Unidos.

"Estamos frente a una retracción del mercado internacional del cual no sabemos cual es su verdadera dimensión. Es algo que no se sabe. Vamos a tener que lidiar con la desaceleración internacional", dijo Rousseff.

Y añadió: "No podemos garantizar que la situación será maravillosa en 2016 pero tampoco habrá inmensas dificultades como dicen algunos es inaceptable que algunos pujen por el cuanto peor mejor porque cuando eso pasa lo paga la población".

Aparentemente la presidenta hizo un comentario filoso contra la oposición que exige su renuncia e impulsa la realización de un juicio político.

Rechazada por un 71 % de los brasileños y respaldada por el 8%, según una encuesta de este mes, Dilma atraviesa un momento de vulnerabilidad política que se endosa a la crisis económica en curso.
Según proyecciones divulgadas ayer por el Banco Central, el Producto Bruto Interno brasileño sufrirá una retracción del 2,06% este año y del 0,24% en 2016.

La apuesta del gobierno es continuar con el plan de ajuste que comenzó a implementarse en enero, al inicio de este segundo mandato.
Consistente en un recorte enérgico del gasto público, aumento de la recaudación y contracción del consumo popular que tiene como meta bajar la inflación del 9 % actual a cerca del 5 % en 2016.

La gestión de esa política económica está en manos de Joaquim Levy a quien Rousseff le ratificó la confianza en una entrevista publicada hoy en el diario O Globo, a pesar de las críticas que éste recibe del partido oficial, el Partido de los Trabajadores (PT).

Por otra parte, y para reforzar su programa de austeridad, la presidenta anunció ayer la eliminación de 10 ministerios con lo cual se dará más "racionalidad" a la administración y habrá economía de gastos, junto al despido de unos 1.000 empleados.

Con estas iniciativas, sostiene Rousseff, la economía quedará saneada y en 2016 podrá haber una recuperación gradual que permita generar más puestos de trabajo y paliar la suba del desempleo que en segundo trimestre se instaló en el 8,3%, según informó hoy el instituto oficial de estadísticas

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