OPINIÓN

Director de OMC: Cooperación global es esencial en la lucha contra el COVID-19

“Ningún país es autosuficiente, no importa lo poderoso o avanzado que sea. El comercio permite la producción y el suministro eficiente”, afirma Roberto Azevêdo.

Test de coronavirus. Foto: Reuters
Test de coronavirus. Foto: Reuters

En cuestión de semanas, la pandemia del COVID-19 ha hecho caer en picada a la economía mundial, que se mantenía estable dentro de la mediocridad, generando nuevos sufrimientos y angustias a millones de personas que ya temían por la salud y la seguridad de sus seres queridos.

Las complejas cadenas de suministro se han visto perturbadas por los cierres generalizados de fábricas y los problemas para transportar componentes a través de los puertos y las fronteras. Las medidas de distanciamiento social han reducido drásticamente la demanda.

En Estados Unidos la destrucción de puestos de trabajo es más grave que las registrada en el peor momento de la crisis financiera mundial de 2008-2009. Los ingresos de los trabajadores vulnerables en los países en desarrollo con sistemas frágiles de seguridad social están desapareciendo.

Esta semana hemos publicado nuestra previsión comercial para 2020 y el panorama es sombrío. Proyectamos que el comercio caerá abruptamente en todas las regiones del mundo. Incluso en el mejor de los casos, el comercio mundial retrocederá un 13% en 2020 y la caída podría ser de hasta un 32%. Las medidas adoptadas por los gobiernos y las empresas serán fundamentales para determinar el camino a seguir.

Los gobiernos ya han dado a conocer estímulos fiscales y monetarios para contrarrestar los efectos económicos de la pandemia, y evitar que el golpe repentino sufrido por las empresas y los hogares se convierta en una nueva crisis bancaria. Los gobiernos del G-20 se han comprometido a aplicar billonarios planes de apoyo para sostener a los consumidores, los hospitales, los trabajadores y las empresas. Los bancos centrales de todo el mundo han recortado las tasas de interés y han puesto a disposición de los bancos grandes cantidades de liquidez para que puedan seguir concediendo préstamos.

Un sector de la economía en el que la demanda está aumentando es el de los bienes y servicios médicos. Los gobiernos y las empresas están trabajando para aumentar la producción de todo tipo de artículos, desde máscaras y otros equipos de protección personal hasta respiradores, equipos de diagnóstico, medicamentos y, esperamos que pronto, tratamientos y vacunas.

En política comercial, los miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC), entre ellos Estados Unidos, China, Colombia, Canadá y Brasil, han introducido decenas de medidas para facilitar el comercio de productos médicos relacionados con el COVID-19, recortando los aranceles de importación, reduciendo las cargas del despacho de aduanas y reduciendo los trámites burocráticos para la concesión y aprobación de licencias. Estas medidas contribuyen a que esos productos sean más accesibles para los consumidores nacionales.

Otras medidas frenarán el comercio, en particular las restricciones impuestas por los gobiernos a la exportación de medicamentos, los equipos de protección y los respiradores en un intento por aumentar la disponibilidad nacional. Las normas de la OMC permiten esas restricciones en caso de escasez o de amenazas para la salud.

Sin embargo, la restricción de las exportaciones puede perturbar las cadenas de suministro y causar graves problemas en los países más pobres y vulnerables que suelen depender en gran medida de la importación de equipos médicos. Por eso fue importante que los líderes del G-20 acordaran la semana pasada que las medidas comerciales relacionadas con la pandemia debían ser "selectivas, proporcionadas, transparentes y temporales".

Frente al COVID-19, el comercio tendrá que ser parte de cualquier respuesta rápida y rentable que se adopte en lo relacionado con los suministros. Las investigaciones realizadas por los economistas de la OMC indican que el volumen actual del comercio de productos médicos cruciales para el tratamiento del COVID-19 es considerable: en 2019, los países comercializaron por valor de US$ 597.000 millones productos como mascarillas y guantes, jabón de manos y desinfectante, equipos de protección, máscaras de oxígeno, respiradores y oxímetros de pulso.

Coronavirus. Foto: AFP
Coronavirus. Foto: AFP

En un momento en que el mundo trata de aumentar la producción de suministros médicos, tiene sentido aprovechar las redes de producción y distribución transfronterizas existentes. Queremos que los fabricantes de respiradores se centren en fabricar tantos como puedan, no en averiguar cómo obtener los componentes a nivel nacional, o en preguntarse si las piezas importadas se quedarán atascadas en la frontera. Queremos conseguir que el personal médico disponga lo antes posible de los equipos de protección necesarios. Su procedencia no tiene importancia.

Los gobiernos disponen de cierto margen para actuar a nivel nacional y reducir sus gastos en la lucha contra la pandemia. Nuestros datos indican que el promedio de los aranceles de importación aplicados a todos los productos médicos críticos relacionados con el de COVID-19 es del 4,8%. Para los equipos de protección personal son del 11,5% y para el jabón de manos del 17%.

Pero los gobiernos no pueden hacer lo suficiente actuando solos. A todos los países les interesa cooperar para mantener franco el comercio de productos médicos. Ningún país es autosuficiente, no importa lo poderoso o avanzado que sea. El comercio permite la producción y el suministro eficiente de insumos y equipos médicos. El comercio es también un canal esencial para el acceso a los alimentos y la energía. El golpe a las finanzas públicas y a los presupuestos de los hogares será suficientemente negativo como para que además los suministros necesarios sean más escasos y caros.

La OMC está haciendo lo que le corresponde para ayudar a los gobiernos. La transparencia de las políticas comerciales ayudará a los gobiernos y a las empresas a planificar las decisiones de abastecimiento y producción. Por eso he instado a los miembros de la OMC a que compartan rápidamente información sobre las políticas comerciales relacionadas con el COVID-19.

La tarea que tenemos por delante es abrumadora, pero con las políticas adecuadas, un liderazgo firme y un enfoque colectivo, podemos limitar los daños y comenzar juntos el proceso de recuperación.

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