Tema de Análisis

Efectos de la inestabilidad financiera china en Uruguay

Esta semana se inició muy movida en los mercados financieros internacionales con repercusión en los países emergentes que no pasó desapercibida en Uruguay con suba del tipo de cambio y aumento de la incertidumbre a nivel empresarial.

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Las acciones en Shanghai se encontraban en un proceso de burbuja. Foto: Reuters

El disparador se encuentra en una persistente caída en los valores de las acciones que cotizan en bolsa en China, sumado a varias reducciones en la tasa de interés en dicho país y una devaluación de su moneda. Todavía no pasó el cimbronazo y persiste el nerviosismo pero vale la pena analizar cuáles pueden ser los impactos actuales y a futuro sobre la economía uruguaya de este contexto internacional.

Hay que destacar que se trata de la segunda economía del mundo, responsable del 15% del Producto Interno Bruto (PIB) global y motor de crecimiento económico del mundo en la última década. Entre 2003 y 2011 la economía china creció a una tasa del 11% anual. A pesar que desde 2012 comenzó a desacelerar su impulso, todavía se estima un aumento del PIB en el orden del 7% para el presente año.

El fuerte crecimiento registrado hasta 2011 provocó un shock de demanda global fenomenal. Por un lado, China se convirtió en la gran fábrica del mundo y por consiguiente se ubicó como el principal destino de las exportaciones de materias primas. Al mismo tiempo, la industrialización llevó a la urbanización y con ello la necesidad de consumir más materias primas, para la construcción pero también para alimentar a una creciente sociedad urbana.

Los grandes favorecidos de este proceso fuimos los países emergentes, productores naturales de materias primas, que encontramos a un gran comprador en China, al punto tal que se transformó en el principal destino de las exportaciones de los países sudamericanos.

Ya en los años posteriores a la crisis en los países desarrollados en 2008, China tomó medidas para sostener el nivel de actividad que hoy están empezando a mostrar una gran debilidad. Al comienzo fueron las obras públicas, lo que provocó una suba en los precios globales de las materiales de construcción pero dejó un conjunto de ineficiencias como edificios e incluso barrios sin habitar y carreteras y puentes sin circulación. Hacia 2012-2013 aparecen problemas con el incremento de los costos laborales y varias industrias comenzaron a mudarse a otros países de la zona del pacífico con menores costos.

Es así que se llegó a una etapa de estímulo del consumo a través de una agresiva política crediticia. Parte de ese dinero que se inyectó en la economía se volcó a la compra de acciones, estimulado primero por las propias autoridades chinas. A todas vistas, las acciones en Shanghai se encontraban en un proceso de burbuja y lo que se está viviendo en las últimas semanas es la corrección a la baja en esos precios. Pero, detrás de toda burbuja que explota hay un sistema bancario que termina debilitado, con más obligaciones que activos que le permitan hacerle frente a los vencimientos. Aparece entonces en los bancos chinos un nuevo frente de preocupación.

La gran duda es cómo va a evolucionar a futuro. Hasta el momento se observó una fuerte corrección a la baja de la bolsa de Shanghai que perdió valor en un 43% desde junio a la fecha. Por el otro, una devaluación del yuan que no fue de gran magnitud (5%) pero que adquiere particular importancia porque puede ser una señal de una guerra de monedas.

Una guerra implicaría que los países deciden competir entre ellos devaluando sus monedas para mejorar la competitividad a corto plazo de las exportaciones. Es una situación que no lleva a nada bueno. Si todos los países devalúan al mismo tiempo, como el tipo de cambio siempre es de una moneda en relación a otra, no habrá cambios en las relaciones bilaterales y todos estarán peor desde el punto de vista macroeconómico.

En donde Uruguay no puede permanecer ajeno a los vaivenes de la economía China, es en las exportaciones de bienes porque en los últimos años se convirtió en el principal destino de ellas. También es el principal destino de las ventas externas de nuestros vecinos, por lo que indirectamente nos impacta a través de este canal.

Ante el enlentecimiento esperado de la economía china, es dable esperar una moderación de sus importaciones. Aquí vale la pena diferenciar a Uruguay de otros países sudamericanos, ya que si bien todos exportaron en los últimos años volúmenes crecientes de commodities a China, la canasta de bienes transados es distinta según el país. En los últimos 12 meses el precio promedio del petróleo cayó 48%, el de los minerales 27% y el de los alimentos 17%.

Uruguay es un exportador de alimentos, por lo que si bien está sufriendo un descenso en sus precios de exportación, la magnitud de la caída es menor a la de otros países como Chile, Perú y el mismo Brasil, que son grandes exportadores de minerales.

A su vez ese menor descenso relativo en el precio de los alimentos se debe a la menor elasticidad que muestra su demanda. La creciente clase media china seguirá comiendo, mientras que las fábricas probablemente enfrenten dificultades y demanden menos materias primas y metales.

Lo que resulta claro es que China ya no impulsará al mundo de la manera que lo hizo hasta hace unos pocos años. La India parece estar posicionándose para ocupar ese rol.

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