EL MUNDO QUE SE NOS VIENE

Los 915.000 empleos que están en riesgo en el corto plazo

Estudio muestra posibilidad de automatización según cómo sea el sector donde se trabaje.

Los robots reemplazarán a las personas en muchos puestos de trabajo. Foto: Reuters
Foto: Reuters

Existe consenso entre los investigadores del mundo que la automatización o robotización (la sustitución de tareas hechas por humanos) llegará más tarde o más temprano, y arrasará con una porción importante de los empleos. Hace dos años, un estudio que replicó en Uruguay una metodología de la Universidad de Oxford reveló que el 54% de los puestos están en riesgo, pero ese proceso de desaparición tiene distintos ritmos.

Precisamente sobre ese punto se centró un reciente trabajo de la Escuela de Negocios (IEEM) de la Universidad de Montevideo, que analizó 135 sectores de actividad según seis variables —peso del sector público, producción o no de bienes transables (que pueden exportarse o importarse), nivel de competencia, barreras de entrada, peso de la masa salarial en los costos de producción y rol de los sindicatos— que determinan si las condiciones aceleran o enlentecen la incorporación de tecnología. Aparte se consultó a 567 egresados que ocupan puestos directivos en empresas para tener su visión sobre cada uno de los factores.

El estudio titulado "Trabajo humano y creación de riqueza" fue presentado días atrás. En entrevista con El País, el decano del IEEM, Pablo Regent, y el profesor de Gestión de la Innovación, Leonardo Veiga (quien lideró la investigación), repasaron los principales resultados así como una serie de conclusiones a futuro (ver aparte).

"La idea fue seguir la línea de trabajo que comenzamos en 2016. Porque hubo algunas afirmaciones tras el dato del 54% (de puestos automatizables) que decían que no había que preocuparse demasiado porque siempre la tecnología destruyó empleos y creó otros, o que decían que era un problema a largo plazo y había temas más urgentes", explicó Regent.

Para ello se fijaron como objetivo determinar qué porcentaje de los puestos que desaparecerán lo harán en el corto plazo, teniendo en cuenta las características de Uruguay.

El resultado más relevante que obtuvieron es que un 57% de los empleos analizados están en el cuadrante más expuesto, es decir que tienen alta probabilidad de ser sustituidos por tecnología y aparte existen estímulos a nivel local para que eso se concrete. Según las estimaciones, este conjunto representa a unos 915.000 trabajadores. "Decimos que hay que tener cuidado, porque por las características de Uruguay nos da que este problema está más cerca de lo que pensamos. Son más de 900.000 personas que en el corto plazo van a tener que optar hacia otras posiciones (de empleo)", sostuvo del decano del IEEM.

El sector más expuesto según el estudio, es la cría de ganado y otras tareas de apoyo en el ámbito agropecuario, que emplean hoy día a unas 56.000 personas. Es que se trata de una actividad con poco peso del Estado, en competencia tanto a nivel local como con el exterior, sin barreras para la entrada y con un sindicato que no va a obstaculizar los cambios.

"El estudio de Oxford marcaba una pérdida gradual de los empleos, pero en estos sectores la curva no será regular sino al revés (más pronunciada al principio)", indicó Regent.

También quienes trabajan en el comercio (al por mayor o al por menor) están en el cuadrante de mayor riesgo. "Cuanto más orientado a ejecutar esté tu trabajo más en problemas estás, y cuanto más orientado a pensar y resolver problemas más protegido", subrayó Veiga.

Otro sector con una situación particular es el refinado de petróleo, que tiene alta probabilidad de automatización pero es el que pondría un mayor freno a los avances (es una actividad que asume el Estado, no está en competencia y tiene un sindicato fuerte). Es decir que probablemente se postergue en el tiempo la pérdida de empleos, lo que no necesariamente es bueno ya que "lo que en otros sectores será progresivo en este será abrupto", sostuvo el encargado de la investigación. En este cuadrante se ubica el 10% de los puestos estudiados.

En una posición de riesgo intermedio están actividades con un grado medio de exposición a la tecnología y resultado variado en las resistencias al cambio (hay factores que lo estimulan y otros que lo frenan), como la enseñanza, la construcción, el transporte de pasajeros o la reparación de maquinaria, entre otras (suman el 26% de los trabajos).

Entre los que menos deben preocuparse por el avance de la sustitución de tareas aparecen las actividades de diseño, las médicas, las jurídicas o hasta de oficios como los electricistas. Es que "sobrevivirán las tareas que exigen un ajuste de la tecnología a cada cliente", y la automatización afectará en estos sectores a "aquellas tareas que implican menor agregación de valor", detalló Veiga. Aunque son los ganadores, "el problema es que allí trabaja apenas el 6% de los trabajadores", advirtió.

Tres opciones: no hacer nada, enlentecer o actuar

El decano del IEEM, Pablo Regent, presentó tres posibles caminos ante la revelación de que hay 915.000 empleos con riesgo de desaparición en el corto plazo: "Podemos no hacer nada, lo que sería muy complicado porque dudo que se desarrollen tantos empleos como los que desaparecerán por el cambio tecnológico. Podemos enlentecer el proceso poniendo impuestos a la importación de capital (máquinas que sustituyan el trabajo humano) o estableciendo que nadie puede despedir cuando incorpora un robot, lo que estira en el tiempo (la pérdida de puestos de trabajo) pero el final es igual. O podemos crear las condiciones en nuestro país para que haya facilidad para que los trabajos que demandan mucha mano de obra calificada convenga hacerlos aquí, y así crear nuevos empleos".

Para avanzar en esta última opción, señaló que se debería analizar la actual legislación laboral y tributaria, ya que según Regent no contribuyen a impulsar aquellas actividades que serán más valoradas en el futuro y podrían hacer que muchos jóvenes creativos y emprendedores migren hacia otros lugares. También lograr una mayor apertura comercial del país y adaptar la educación a ese nuevo mundo que se avecina. "Hay que brindar muchas oportunidades para que se puedan desarrollar empresas que generen trabajo a partir de la tecnología, porque eso genera externalidades y más empleo", añadió.

"No tenemos la solución, pero decimos que hay que trabajar en estas líneas. No hacer nada es un peligro y enlentecer el proceso como se hizo en el siglo XVIII también es malo", concluyó Regent.

EL FUTURO DE LOS SECTORES DE ACTIVIDAD

Los más expuestos
Actividades agropecuarias
maquinaria agrícola

Si bien el campo ya viene incorporando tecnología desde hace años, lo ha hecho en menor medida que otros países de la región. Los investigadores del IEEM estiman que por las características del sector habrá un importante avance de la automatización en el futuro cercano.

Los que resistirán
Refinado de petróleo
Refinería: el sindicato no quiere cambiar las guardias mínimas. Foto: Archivo El País

Aunque es una actividad muy expuesta a la sustitución tecnológica, el peso del sindicato y otras características hacen prever una resistencia al cambio. Esto no los deja en una situación favorable: la transformación será a más largo plazo pero se dará de golpe.

Los más protegidos
Diseño, médicos, abogados y más
Prestadores advierten que sin la financiación no es posible avanzar. Foto: Shutterstock

La tecnología no sustituye la creatividad, por ende todas las actividades en que la creación juegue un rol importante estarán más protegidas de la automatización. También aquellas profesiones en que deben adaptarse las herramientas tecnológicas a la situación de cada cliente.

Los intermedios
Enseñanza, construcción y más
Obtener un permiso para construir lleva menos días que en promedio regional. Foto: A. Colmegna

Sectores no tan expuestos al cambio tecnológico y con resultados mixtos respecto a los estímulos. Por ejemplo la educación secundaria: el riesgo de automatización no es grande, la resistencia sindical es mucha, pero hay competencia y las barreras para entrar son bajas.

Claves de la automatización

Resolver problemas y tener ideas

"Es una gran incógnita cómo se va a organizar el trabajo en el futuro. Lo que sí podemos afirmar es que sean empresas más grandes o más chicas, los trabajos humanos van a ser puestos de resolvedores de problemas", sostuvo Regent. En ese sentido, planteó que al momento de recortar personal por la robotización "el trabajador que sea súper eficiente pero hace tareas mecánicas será derrotado", mientras destacarán "los que tengan iniciativa y se les ocurran ideas originales". Agregó que estas características del mundo laboral a futuro "dicen mucho sobre cómo hay que educar y qué mensaje debe mandar el gobierno de turno, para que la población desarrolle esas habilidades para resolver problemas".

El grupo de riesgo y la capacitación

El riesgo más grande está en los trabajadores que hoy tienen entre 35 y 45 años, ya que por los años de trabajo que le quedan seguramente sufrirán las consecuencias de la automatización (los menores se adaptarán más fácil y los mayores tienen más probabilidad de jubilarse previo a este proceso). "El grueso de esa gente deberá encarar un proceso de calificación o de estudio que no pensó que tendría que hacer", planteó el decano del IEEM, y subrayó que es un problema sobre el que hay que "sensibilizar porque esas personas están hoy preocupadas por otras cosas". Sobre esto último, mencionó como clave el rol de los sindicatos para construir en acuerdo con el empleador "posiciones laborales no expuestas a la tecnología".

Una época crucial de la historia

"Nos parece que el partido (de adaptación a los cambios tecnológicos) ya se está jugando y como se reformularon las reglas todo lo que tenemos está en juego", dijo Regent. Señaló que este proceso debería mirarse como una competencia mundial entre los países por ver quién se adapta mejor y más rápido al nuevo mundo. Comparó la época actual con la década del 50: "El crecimiento del PIB entre 1945 y 1954 fue igual a 2004-2013; pero de 1955 al 1973 llegó el gran estancamiento (en Uruguay) mientras el mundo desarrollado creció por la explosión del comercio. Decimos que estamos como en 1954 porque nuevamente cambiará el mundo, no por el comercio sino por la tecnología".

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