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Estímulos a la inversión chocan con incertidumbre empresarial

La inversión, que es uno de los motores fundamentales del crecimiento y la creación de empleo, en los últimos años muestra señales de debilitamiento. Es una situación que genera preocupación sobre el sustento del crecimiento para el futuro.

El dinero de la emisión irá a financiar proyectos de PPP. Foto: F. Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

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Desde 2014 se observa una caída persistente en términos reales para la formación bruta de capital fijo por parte del sector privado, al punto que el gobierno propuso al inicio del año pasado un conjunto de medidas para promover la inversión. Es posible que las medidas hayan detenido un poco la baja pero igual sigue la tendencia descendente y por el resultado de la encuesta de expectativas de inversión industrial volverá a caer en el 2019.

Cuando se mide la inversión a nivel de todo el país es similar a cuando se hace para una empresa. Se considera inversión bruta en capital fijo a los recursos que se destinan a incrementar el capital en la sociedad en un momento.

Pero hay que considerar que las inversiones van perdiendo capacidad de producción con el paso del tiempo. Eso se denomina en contabilidad como amortización o depreciación del capital. De esta forma hay una inversión neta que surge de restar de la bruta la parte de inversión que fue necesaria para mantener la capacidad de producción intacta.

Las cuentas nacionales miran la inversión bruta y lo que está marcando su tendencia descendente es que cada vez nos acercamos más al nivel de inversión que solo mantiene la capacidad de producción, pero no la incrementa, o sea apenas alcanza para reemplazar el capital que se deprecia. Es por eso que hay que preocuparse cuando no hay inversión porque quiere decir que de a poco se va apagando un motor fundamental para el crecimiento y para la creación de puestos de trabajo.

Esa preocupación llevó a que el gobierno adoptara medidas especiales de promoción en febrero del año pasado. En particular mejoró los porcentajes de exoneración de impuestos para las empresas que presenten proyectos de inversión con determinadas características. También se facilitaron las obligaciones tributarias a las empresas medianas y pequeñas.

La política seguramente vaya en un sentido correcto y estimulante de la inversión, pero el clima general para los negocios no ayuda, al punto tal que disminuye la cantidad de proyectos interesados en invertir en nuestro país.

La inversión promovida por el gobierno para el período enero-diciembre de 2018 alcanzó US$ 737 millones. En los mismos 12 meses del año anterior el total fue de US$ 765 millones.

Igual algo se amortiguó la caída porque si se compara con cifras de años anteriores la diferencia es muy superior. En el 2014 se promovieron proyectos por US$ 1.521 millones, en el 2015 fueron US$ 2.235 millones y en el 2016 US$ 1.752 millones. Un aspecto a tener en cuenta es que en esos años se presentaron algunos proyectos grandes para la generación de energía eólica, pero la cifra promedio de ese tipo de inversiones en los tres años se ubicó en US$ 500 millones anuales. Se puede pensar que esa inversión ya está saturada, pero de todas formas sacando esta cifra todavía se observa un retroceso de la inversión en 2017 y 2018.

En 2017 y a principios de este año se incorporaron más parques eólicos, lo que incrementó el peso de la eólica en Uruguay. Foto: Darwin Borrelli
Foto: Darwin Borrelli

La medida de política al incrementar los incentivos es correcta pero seguramente esté compitiendo con un clima de inversión adverso para las empresas y las personas que juegan sus ahorros y su capital en proyectos productivos.

En primer lugar, el manto de duda que surge cuando un gobierno transmite con claridad por parte del Ministerio de Economía que las inversiones son fundamentales para sostener las políticas sociales y dentro de sus propios legisladores se cuestiona este concepto. Hay una neutralización del impacto positivo del estímulo cuando simultáneamente se proclama que el mismo es un beneficio excesivo y se debe eliminar a futuro e incluso incrementar la tasa de impuesto a la renta empresarial.

Hay otros efectos contrarios a la inversión que no son solucionables por el gobierno como ser la suba en las tasas de interés internacionales. Cuando las tasas de interés son muy bajas, varios proyectos de inversión pasan a ser atractivos. Lo contrario ocurre cuando las tasas suben y el costo del capital es más alto puesto que hay proyectos que dejan de ser rentables y por lo tanto no se consideran.

La rentabilidad de los proyectos de inversión es el punto central y los costos de producir en Uruguay son una variable determinante. La suba persistente de los costos de producción en el país, expresados en dólares, hacen que la rentabilidad en esa moneda baje. La decisión de invertir tiene por lo general un filtro o condición principal que es lograr una rentabilidad acorde al riesgo asumido y por lo tanto se compara con la tasa de fondeo en dólares más una prima de riesgo. Cuando sube la tasa de fondeo y baja la rentabilidad, aun en el escenario de que el riesgo del negocio se mantenga intacto, la definición se vuelve desfavorable.

Sobre el riesgo del negocio hay que considerar que el país enfrenta un período de elecciones y eso siempre aumenta la incertidumbre. También hay que ver el contexto externo. Empezando por lo regional, Argentina y Brasil siempre fueron una fuente de incertidumbre para nuestro país y en estos casos no son la excepción. Pero esa incertidumbre también ocurre en todo el mundo. La guerra comercial entre Estados Unidos y China, el Brexit, lo de Venezuela están frenando el nivel de actividad y de comercio en escala global e incrementando los riesgos.

Todo este clima negativo para la inversión en lo global y en lo doméstico lleva a que cuando se procesa una encuesta a empresarios el resultado es de pesimismo. Recientemente la Cámara de Industrias publicó los resultados de su encuesta empresarial sobre inversiones. En la misma se manifiesta que en promedio para el 2019 se espera una caída del 7% del monto invertido al medirlo en dólares y compararlo con lo realizado en el 2018.

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