ANÁLISIS

El feroz impacto de la cuarentena en la economía argentina

El presidente Alberto Fernández dispuso que entre el 1° y el 17 de julio habrá un endurecimiento ante el incremento sostenido del número de muertes y contagios.

El largo confinamiento en Argentina empezó a pegar fuerte en los comercios y las pymes. Foto: EFE
El largo confinamiento en Argentina empezó a pegar fuerte en los comercios y las pymes. Foto: EFE

La cuarentena en Argentina ya superó los 100 días. Si bien en las provincias donde no hay circulación comunitaria del coronavirus se fueron habilitando varias actividades en las últimas semanas, las medidas de aislamiento social continúan siendo más estrictas en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, la región del país que concentra el 37% de la población y el 48% del Producto Interno Bruto (PIB).

En esa región metropolitana, lejos de avanzar hacia una mayor flexibilización de la cuarentena iniciada el 20 de marzo, el presidente Alberto Fernández dispuso que entre el 1° y el 17 de julio habrá un endurecimiento ante el incremento sostenido del número de muertes y contagios.

En ese marco, más allá de los resultados de la estrategia sanitaria, la economía argentina sufre un impacto que podría alcanzar niveles históricos. Según el Fondo Monetario Internacional, Argentina estará entre los países que registrarán un mayor retroceso del PIB este año.

El organismo proyecta una caída del 9,9%. “Es una proyección de mínima: es factible que la economía caiga más, y eso dependerá de la duración y el nivel de restricciones que tenga la cuarentena”, dijo a El País el economista Ariel Coremberg, director del Centro de Estudios de la Productividad-ARKLEMS, en Buenos Aires.

Tras ocho años de estancamiento y dos de recesión, el gobierno de Fernández ingresó a la cuarentena con pocas herramientas disponibles para intentar amortiguar el impacto económico. Sin ahorro fiscal ni acceso al crédito ante una deuda pública en virtual default, las medidas lanzadas para moderar los efectos del confinamiento resultaron mucho más limitadas que en otros países de la región.

El Ingreso Familiar de Emergencia -un subsidio mensual de unos US$ 140 al tipo de cambio oficial otorgado a casi 9 millones de personas-, el pago del 50% de los sueldos inferiores a 33.750 pesos argentinos (unos US$ 480) en aquellas empresas afectadas por la cuarentena y los créditos a tasa 0% para trabajadores independientes son algunas de las medidas con las que el gobierno busca un objetivo doble: morigerar los efectos económicos del confinamiento y, con eso, hacer que la cuarentena sea efectivamente cumplida por buena parte de la población.

No obstante, el esfuerzo fiscal equivale a apenas la mitad de los paquetes de ayuda lanzados en Perú, Chile y Brasil. Sin posibilidades de tomar nueva deuda, las limitaciones de Fernández para ir más allá con los subsidios están directamente relacionadas con la fragilidad de las cuentas públicas. Si bien la actual administración recibió un déficit fiscal primario -excluidos los pagos de deuda- cercano a cero, en los últimos tres meses de plena vigencia de la cuarentena el rojo de las cuentas públicas se agudizó. En mayo, mientras los ingresos en términos nominales crecieron 2,4% frente al mismo mes del año pasado, los gastos saltaron 96,8%. Con una cuarentena que podría seguir extendiéndose, el consenso de los analistas prevé que el déficit fiscal primario cierre 2020 en torno al 6% del PIB.

Alberto Fernández, presidente de Argentina, este viernes en conferencia de prensa. Foto: AFP
Alberto Fernández, presidente de Argentina, este viernes en conferencia de prensa. Foto: AFP

Ante la falta de otros instrumentos, Argentina viene financiando buena parte de ese déficit creciente con emisión monetaria. Solo hasta mayo, el Banco Central (BCRA) ya había emitido 1,05 billones de pesos argentinos (unos US$ 14.000 millones a la cotización oficial). Para que esa oleada de pesos no se refleje directamente en los precios o en una mayor brecha cambiaria, el BCRA absorbe el exceso de liquidez mediante la emisión de Leliqs. Con esas letras, que pueden ser suscritas solo por los bancos, el BCRA retira pesos argentinos de circulación, pero lo hace a una tasa de interés del 38% anual.

“La absorción de pesos mediante Leliq posterga el proceso de una aceleración inflacionaria, pero no lo cancela. A la salida de la cuarentena nos vamos a encontrar con la mitad de las pymes en quiebra y para que el resto pueda sobrevivir ante una reactivación que será muy moderada, la emisión para ampliar la ayuda fiscal a las empresas deberá seguir. Eso provocará una alza de la inflación no ahora, sino cuando el país salga de la cuarentena estricta”, dijo Coremberg.

Datos del impacto de la pandemia del COVID-19
Buenos Aires. Foto: AFP

Pymes cierran: pese a los niveles extraordinarios de emisión monetaria para sostener a las empresas, el impacto de la pandemia se ve en miles de cierres y quiebras. Según una estimación de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (Fecoba), solo en la capital argentina bajaron las persianas desde que comenzó la cuarentena unos 24.000 comercios, casi 20% del total que había previo a las restricciones. De acuerdo al Observatorio Industriales Pymes Argentinos, en marzo y abril cerraron definitivamente 14.923 empresas.

Empleo: ese panorama amenaza con agravar el cuadro social. En el primer trimestre -período en que solo hubo 10 días de aislamiento social obligatorio-, la desocupación creció al 10,4% de la población económicamente activa, la tasa más alta para ese trimestre desde 2006, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). De acuerdo a proyecciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en base a distintos escenarios de caída del PIB, este año se perderían en Argentina entre 750.500 y 852.500 empleos.

Pérdida: “El PIB per cápita descenderá este año al mismo nivel que tenía en 2008. Cuando se liberen las restricciones a la actividad, el proceso de recuperación será lento y complejo. Luego de encontrar un piso a la caída, el desafío pasará por empezar a delinear cómo el Estado, las empresas y los trabajadores se adaptarán al nuevo tamaño de la economía. Será una etapa muy difícil en la que habrá que absorber toda la destrucción de valor y actividad que se está generando”, dijo a El País el economista Rodrigo Álvarez, CEO de la consultora Analytica.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados