LA VISIÓN DEL FONDO MONETARIO

FMI: “Uruguay tiene algunas ventajas que se espera amortigüen la caída económica” y es “inevitable” que suba el déficit

Alejandro Werner, dijo en entrevista con El País que Uruguay al igual que la región “está teniendo un impacto severo en la actividad económica” por la pandemia del COVID-19.

Alejandro Werner director del departamento para el hemisferio occidental del FMI. Foto: EFE
“Uruguay tiene algunas ventajas que se prevé amortigüen la caída”, dijo el jerarca. Foto: FMI

El impacto de las medidas para moderar la propagación del coronavirus generará la mayor recesión en la economía mundial desde la Gran Depresión de 1929. Ese es el análisis que realizan diferentes bancos internacionales y que el Fondo Monetario Internacional (FMI) explicitó esta semana. América Latina no será la excepción y el organismo espera una recesión profunda -caída de 5,2% del Producto Interno Bruto (PIB)- este año.

Esto pone a la región “frente a la perspectiva de otra década perdida”, señaló el director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner. En entrevista con El País vía correo electrónico, en el marco de las reuniones del FMI y el Banco Mundial en forma virtual por la pandemia, Werner se refirió a los efectos del COVID-19, las prioridades para la región, las medidas que se deberían tomar y evaluó la situación de Uruguay.

-¿En qué situación económica ve a América Latina ante la pandemia del coronavirus y qué tan agudo puede ser el shock por ello?

-Primero, antes que nada, hay que reconocer que esta pandemia es una crisis de salud. Y la prioridad continúa siendo combatir la pandemia para proteger la salud de las personas. Además de la pandemia, las importantes y necesarias medidas para contener la propagación del virus también tienen un impacto sobre la economía. Es por esta razón que estamos anticipando la recesión económica más importante desde la Gran Depresión para la economía global. Nuestra región no está inmune a estos acontecimientos. El impacto directo de las medidas de contención como el distanciamiento social, el cierre de fronteras y escuelas, están afectando a muchos sectores de la economía, pero son necesarias para frenar la propagación del virus y evitar sobrecargar el sistema de salud. También hay un impacto indirecto que se ve reflejado en la disminución del crecimiento global, el turismo y los precios de los productos básicos, y las condiciones financieras mundiales más estrictas. Esto resultará en menor demanda y condiciones de financiamiento más difíciles. Por esta razón nuestra expectativa es que la región experimente una profunda recesión en 2020, con solo una recuperación parcial en 2021, frente a la perspectiva de otra década perdida (2015-2025).

-¿Cuál es la prioridad uno y la dos para la región teniendo en cuenta que por el coronavirus hay un parate casi que sincronizado de las economías en el mundo?

-El primer orden de prioridad debe ser proteger vidas y garantizar que se implementen políticas para contener la propagación y el impacto del virus en la población. En términos más generales, como lo ha descrito la directora gerente (Kristalina Georgieva), todos los países tienen que lidiar con cuatro prioridades para construir un puente hacia la recuperación. Esto incluye reconocer que no existe una dicotomía entre “salvar vidas y salvar empleos”.

Por lo tanto, es importante continuar con medidas de contención esenciales y apoyar los sistemas de salud, proteger a las personas y empresas afectadas para apoyar los ingresos de aquellos afectados por el inevitable cierre económico y limitar las consecuencias económicas. Todo esto debe hacerse mediante la aplicación de medidas fiscales y financieras grandes, oportunas y específicas, reduciendo el estrés del sistema financiero, limitando el contagio y planificando una eventual recuperación.

-¿Qué medidas sugiere para enfrentar la pandemia?

-En este momento, lo principal prioridad es continuar expandiendo la capacidad de los servicios de salud, incluyendo tests, camas, respiradores y otros equipos. Más allá de eso, se necesitan medidas fiscales, cuasi fiscales y del sector financiero para proteger a los hogares y las empresas, algunas de las cuales ya se están implementando. Una limitación general en la mayoría de los países de la región es la falta de espacio de política fiscal. Dado que tanto la pandemia como la respuesta política para abordarla causarán aumentos significativos en el déficit público y la deuda, los países deberán crear espacio fiscal aumentando la eficiencia del gasto, al tiempo que salvaguardan otras prioridades claves como el apoyo a las poblaciones más vulnerables. Para mantener el acceso a los mercados de capitales, será importante contar con anclajes creíbles que garanticen el retorno a políticas fiscalmente sostenibles una vez que la situación económica se normalice.

-Eso en lo fiscal, ¿y en el plano monetario?

-Los bancos centrales también tienen un papel crucial para evitar que el sistema financiero amplifique los shocks, aumenten la confianza y mantengan la estabilidad financiera. Deberían continuar respaldando la demanda agregada a través de tasas de interés más bajas, particularmente en países donde las expectativas de inflación están ancladas, y proporcionar una amplia liquidez para mitigar las ventas forzadas e intervenir para atenuar las condiciones desordenadas del mercado, incluso en los mercados de divisas. La tolerancia reguladora prudente y temporal también puede ser necesaria.

Alejandro Werner, director para el Hemisferio Occidental del FMI. Foto: Archivo
Alejandro Werner. Foto: Archivo El País.

-¿Qué rol puede jugar el FMI?

-En el Fondo estamos haciendo nuestra parte, asesorando a nuestros países miembros y compartiendo información con ellos de las mejores prácticas de respuestas políticas de distintos países. También estamos brindando asistencia financiera a través de nuestros instrumentos de financiamiento de emergencia que proveen asistencia inmediata sin condiciones. Hasta ahora, alrededor de 90 países han solicitado apoyo del Fondo, incluidos 15 países de América Latina. Además, dos países han solicitado un aumento de sus programas vigentes.

-Varios análisis sugieren que el coronavirus supondrá un shock muy fuerte, pero transitorio. ¿Cómo estiman que puede ser la recuperación de América Latina a ello y qué efectos más permanentes creen que puede dejar?

-Proyectamos que la región se recuperará parcialmente en 2021, después de una profunda recesión en 2020. Sin embargo, existe una incertidumbre extrema en torno a esta proyección. Las consecuencias económicas y la recuperación dependen de factores que interactúan de formas difíciles de predecir, incluida la senda que tomará la pandemia, la intensidad y la eficacia de los esfuerzos de contención y el alcance de las interrupciones del suministro. En este sentido, será importante adoptar medidas efectivas para evitar pérdidas permanentes. Las medidas necesarias para reducir el contagio y proteger las vidas afectarán la actividad económica a corto plazo, pero también deberían considerarse una inversión importante en la salud humana y económica a mediano plazo. Además, será crucial adoptar medidas para preservar las empresas viables para minimizar las quiebras y los efectos más permanentes de los cierres de empresas, asegurando una normalización más rápida de la actividad económica una vez que la emergencia médica esté superada. Este tipo de medidas permitirán mantener las relaciones económicas durante el cierre y son esenciales para permitir que la actividad se normalice gradualmente una vez que la pandemia disminuya y se levanten las medidas de contención.

-¿Qué efectos evalúa que habrá en el mercado laboral en la región?

-La pandemia se ha transformado en una confluencia de shocks para los países de América Latina y el Caribe, incluido un colapso de la demanda mundial y los precios de los productos básicos, la interrupción de las cadenas de suministro, fuertes caídas en el turismo y los flujos de remesas, y un endurecimiento de las condiciones financieras. Esto, junto con las medidas necesarias para contener la pandemia, conducirá a una recesión severa en todos los países de la región con consecuencias negativas directas para el empleo a corto plazo, especialmente en países que carecen del espacio fiscal para apoyar a las empresas de manera suficiente y proteger el empleo durante los confinamientos necesarios.

-En el caso de Uruguay, previo al coronavirus la economía ya venía estancada, la inflación elevada en términos internacionales, se requería un ajuste fiscal, ¿qué tanto se puede deteriorar la economía?

-Igual al resto de la región, la pandemia del COVID-19 está teniendo un impacto severo en la actividad económica de Uruguay. Esto refleja tanto el impacto directo de la pandemia en el país como el rápido deterioro de las condiciones económicas mundiales y el colapso del comercio y el turismo. En este contexto, se espera que el PIB real disminuya en un 3% este año. Sin embargo, Uruguay tiene algunas ventajas, que se espera amortigüen la caída económica y apoyen la recuperación. El país se beneficia de la disminución en el precio del petróleo, compensando en parte el impacto negativo de los menores precios de exportación y la demanda externa. Además, la cobertura y generosidad de su sistema de protección social actúa como un amortiguador contra el shock. Uruguay también cuenta con grandes proyectos de inversión extranjera directa e infraestructura ya en desarrollo, que apoyarán la recuperación a finales de este año y en 2021. Como resultado, se espera que el PIB real aumente en un 5% en 2021.

Muestra de sangre infectada con coronavirus. Foto: Archivo El País
Muestra de sangre infectada con coronavirus. Foto: Archivo El País

-¿Cómo debería encarar el gobierno la situación?

-Al igual que en el resto de la región, la prioridad política inmediata es salvar vidas y mitigar el impacto de la disminución de la actividad en los hogares, las empresas, las poblaciones vulnerables y el sistema financiero más expuestos. El gobierno ya ha tomado importantes medidas de salud pública y políticas económicas en línea con estas prioridades. Como en otros lugares, estas medidas necesarias, junto con la extensa red de protección social y el deterioro de la actividad económica, afectarán el balance fiscal. Esto es inevitable y debe verse como una inversión importante en la salud humana y económica a mediano plazo. Una vez que la emergencia de salud esté superada y comience la recuperación económica, el enfoque de las políticas cambiará los desafíos a mediano plazo de Uruguay, como se ha anunciado por el gobierno. El anuncio de estos planes es importante, incluso si su implementación llegara en una etapa posterior, para introducir anclajes fiscales y monetarios a mediano plazo a medida que la economía atraviesa este shock temporal pero severo.

Un argentino-mexicano

Alejandro Werner nació en Córdoba (Argentina) pero desarrolló casi toda su vida en México. Es doctor en Economía por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Fue Subsecretario de Hacienda y Crédito Público de México entre diciembre de 2006 y agosto de 2010 y titular de Banca Corporativa y de Inversión en BBVA-Bancomer (agosto 2011-fines de 2012). Desde 2013 es el director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI.

Los informales y la automatización
Alejandro Werner

-¿Los Estados deberán generar más protecciones para los trabajadores vulnerables por los efectos del coronavirus?

-En recesiones anteriores en la región, el sector informal ha servido como un "amortiguador" para absorber a algunos de los trabajadores que perdieron sus empleos en el sector formal, pero esta vez es diferente. El sector informal también se verá gravemente afectado por el COVID-19, especialmente durante el período de confinamiento y sería difícil para los trabajadores recurrir a actividades informales. Por esa razón, será particularmente importante implementar políticas que lleguen a dichos trabajadores y ayuden a preservar sus ingresos, no solo los que ya están cubiertos por los sistemas de seguridad y asistencia social. Dichas políticas podrían asegurar los medios de subsistencia de los trabajadores informales y al mismo tiempo asegurar el cumplimiento de las políticas de confinamiento necesarias para aplacar la propagación de la enfermedad.

-¿Se acelerará la pérdida de puestos de trabajo por la automatización del empleo?

-Respecto a cuestiones más estructurales, probablemente les irá mejor a los sectores intensivos en capital donde la automatización ya ha tenido lugar, para encarar al shock de oferta laboral inducido por el COVID-19. Sin embargo, estos cambios fundamentales en los procesos de producción requieren inversiones que es poco probable que se materialicen a corto plazo, por lo tanto, no creemos que la automatización desempeñe un papel importante en los despidos de trabajadores durante el próximo año.

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