Maritimas

En 1793 había ladrones, bagayeros y contrabandistas

Dice el refranero popular que no hay nada nuevo en el mundo porque lo insólito, extravagante o asombroso sean sucesos o actos de vida ya ocurrió antes o sea que como dijo Salomón, no hay nada nuevo bajo el sol y si no lean este suceso histórico de antología portuaria montevideana de junio de HISTORIA 1793.

 “He sido robado - declaró - el Capitán del barco el “Dragón” cuando fue interrogado por las autoridades. “No tengo explicación para lo que ha ocurrido” afirmó el comandante del puerto. El hecho es que ese 17 de junio un carnero y dos cajones de arena fue lo único que se encontró en las bodegas del barco francés “Dragón” que había llegado a Montevideo un mes antes con las bodegas repletas de hermosas y valiosas mercaderías francesas e inglesas. Y es muy gráfico lo que un vecino de Montevideo de aquellos días comentando el suceso dijo: “Lo ocurrido es muy sencillo. Y verá si tengo razón cuando dentro de pocos días las tiendas ofrezcan mercaderías francesas a un precio bajísimo. Ya ha pasado otras veces y pasará en esta”.

Este folklórico pero auténtico relato del Montevideo colonial fue apenas un bocadillo de numerosas historias y anécdotas que nos relatara años pasados en diversas conferencias el C/N (r) Juan José Fernández cuando era Presidente de la Liga Marítima Uruguaya.

Fueron conferencias que formaban parte de un ciclo de divulgación histórica del viejo y colonial Montevideo que era más puerto que ciudad.

Las exposiciones ofrecidas por este estudioso y dedicado marino siempre resultaron atractivas e ilustrativas todas aquellas cosas del Montevideo colonial, atractivas y sorprendentes viñetas, no siempre muy a mano.

Con los datos divulgados nos dijo como éramos y lo que hacíamos los orientales en aquellos tiempos, mayormente de españoles, de cuyos datos hemos hecho un muy apretado resumen que damos a continuacion:



ADUANA. La instalación de una aduana en Montevideo en 1778 sorprendió gratamente a los comerciantes del lugar. “La noticia es buena” comentaban algunos comerciantes. “Significa que podremos comerciar libremente con el exterior, igual que cualquier otro puerto del imperio. Esto es prácticamente como una segunda fundación de Montevideo” concluían los comerciantes. Las mercaderías que llegaban aquí - decía Fernández Pares - lo hacían recorriendo todo el virreinato: primero atravesaban el Alto Perú, luego las provincias del norte, la aduana de Córdoba y Buenos Aires para finalmente llegar a Montevideo. Era obvio su encarecimiento.



CUEROS. En marzo de 1781, 24 barcos cargados con 432 mil cueros crudos vacunos partieron del puerto de esta ciudad rumbo a España. Comentando el suceso un comerciante de aquellos días dijo que “la mayoria no eran cueros vacunos sino que también había pieles de lobos y de tigres, lana de vicuña del norte, bolsas de lana ordinaria, pieles de chinchilla, planchas de cobre, paquetes de cacao, marquetas de sebo, cera, doblones de plata y de oro y hasta barbas de ballena”. Esto demuestra hasta qué punto Montevideo era un puerto de tránsito y transbordos.



OLORES Y RATAS. En julio de 1783, la goleta “Nuestra Señora de la Concepción” se llevó otros 10.380 cueros vacunos y se estaba dando por ese tiempo una situación extraña en nuestra ciudad. Hay en el puerto más de 80 buques de bandera francesa que han buscado refugio y por otra parte toda la ciudad parece un inmenso almacén de cueros, agregó un entrevistado de esa época. Todos los lugares disponibles están mostrando pilas de cueros más altas que un hombre. La existencia de tantas pieles introdujo cambios en la vida de la ciudad. “Es asombrosa la cantidad de ratas que hay por las calles. De noche se cruzan entre los pies de los viandantes. También hay un olor muy desagradable por las garras y restos de los cueros que hay tirados por las calles” dijo un vecino.



CATALANES.En marzo de 1788 ya nada se tira en esta ciudad debido a las enseñanzas de los inmigrantes catalanes. Hace pocos años se arrojaban la mayor parte de las reses y solo se aprovechaba el cuero y el sebo. Pero los catalanes comenzaron a utilizar todos lo que se desechaba. Fue uno de ellos quien abrió el mercado cubano para nuestra carne salada y ahora están exportando armas, sebo y hasta manzanas. Compraban los cueros y los mezclaban con arena que les servían de lastre y los llevaban a Europa. Lo mismo sucedió con las garras que antes estaban tiradas por la ciudad y ellos encontraron la forma de obtener beneficios. Los catalanes comenzaron también a cortar la cerda de las colas y las crines de los caballos sabedores de que tales artículos tenían mercado en España. Los catalanes limpiaron de hecho la ciudad y con ello disminuyó el número de perros vagabundos y ratas que era antes un castigo para la ciudad. “Se puede salir de paseo al caer la tarde y sentir el olor a mar y no la nauseabunda gedentina que nos repugnaba hasta ahora por toda la ciudad” dijo una dama de entonces.

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