DISERTACIÓN

¿Cómo impactan los ciclos políticos en las expectativas de los uruguayos?

Los consumidores predicen mejor qué pasará con la economía que los empresarios. Los datos de cara a una nueva elección.

Charla de Cátedra Sura. Foto: Archivo El Pais
Foto: Archivo El Pais

Aunque no cuentan con el mismo caudal de información que los empresarios o los académicos, los consumidores “saben leer la realidad” económica y “anticipan los ciclos” incluso con más precisión.

Los indicadores que usan para ello son más llanos, como cuál es la situación de la empresa en la que trabajan -están tomando o despidiendo personal- o si “pueden llenar el carrito del supermercado”, señaló ayer la economista Silvia Vázquez, investigadora de la Universidad Católica.

Junto con Ignacio Zuasnabar (ver aparte), director de Equipos Consultores, ambos disertaron acerca de la relación entre la economía y los ciclos electorales, en un evento organizado por la Cátedra SURA de Confianza Económica -que releva cada mes junto a Equipos el Índice de Confianza del Consumidor.

Vázquez mostró que las respuestas de los consumidores al ser consultados sobre la situación económica del país a un año predicen los ciclos económicos con igual o mayor exactitud que la encuesta que hace a empresarios del sector la Cámara de Industrias (ver gráfico).

“Hay mal humor sobre la marcha del país”

Zuasnabar conectó el clima político de cambio y no de continuidad con que “los uruguayos están de mal humor respecto a la marcha de las cosas”, donde predomina “una visión negativa sobre la economía”.

Contrastó esto con el panorama de 2014, cuando “casi la mitad de la población decía que la economía iba bien”, un “escenario de continuidad”. El director de Equipos dijo que si bien “la economía no es lo único que influye” para el voto, es un “factor importante”.

Las otras preocupaciones que reinan hoy en la ciudadanía son la inseguridad y el desempleo, repasó. También comentó que el gobierno actual mantuvo una evaluación negativa durante toda la gestión, pero hubo una leve mejora en el último tiempo por el anuncio de UPM 2 y las situaciones personales que vivió el presidente Tabaré Vázquez.

Sin embargo, también esa comparación muestra que en los períodos electorales “hay ruido” porque se suelen sobredimensionar las expectativas, tanto en los meses previos a la elección como en “la luna de miel” que tiene todo gobierno en su inicio.

La especialista de la Universidad Católica asoció la evolución de la confianza del consumidor en los 12 meses previos a cada elección, que muestra el sentir de la población, con lo que efectivamente ocurrió con la economía.

En 2009 hubo un fuerte repunte que indicaba que “lo peor ya pasó” y los consumidores se volvían más optimistas; en 2014 se volvió “más estable” el optimismo porque se entendía que “lo mejor ya pasó”, y ahora el sentir es que “lo que venga, debería ser mejor”.

En agosto (última edición), la confianza del consumidor volvió a la zona de “moderado pesimismo”, luego que en julio había alcanzado por primera vez desde marzo de 2015 el “moderado optimismo”. Vázquez dijo que el pesimismo reinante está conectado a “un PIB planchado” y a una expectativa de mayor desempleo.

Gráfico ciclos económicos y expectativas. Foto: El País
Gráfico ciclos económicos y expectativas. Foto: El País

Sobre lo último, sostuvo que si bien la tasa de desocupación está alta, en comparación con otros años de igual nivel de desempleo las expectativas a futuro son mucho peores. El nivel actual de este índice es el que “muestra mayor deterioro respecto de las elecciones pasadas, e inclusive respecto de las de 2009” en momentos de la crisis internacional.

La investigadora de la Universidad Católica asoció este panorama del empleo con “las perspectivas para el país para el corto y mediano plazo, que se perciben negativas”. Pese a eso, aclaró que los niveles actuales igualmente muestran una recuperación respecto al 2018, que puede deberse a la mejora de las expectativas en tiempos electorales.

Vázquez también analizó que quedaron atrás las preocupaciones por la inflación, y en cambio los consumidores miran con mayor atención la evolución del dólar, y como esperan un aumento, prefieren a la moneda estadounidense para ahorrar en lugar del peso.

La académica hizo notar que “el consumidor continúa sin asociar directamente depreciación de la moneda con inflación”, y que “a más años de estudio, es mayor la pérdida de confianza en la moneda local”.

A su vez, Vázquez manifestó que “la capacidad de ahorro está cada vez más comprometida”, afectando junto con la situación del dólar a “la predisposición a la compra de bienes”, lo que adelanta una retracción del consumo “que recién conoceremos en unos meses”. Esto porque “las percepciones se traducen en intenciones”, esperándose que “el consumo continúe sin asumir un rol dinamizador”.

Por otra parte, repasó que la pregunta de cuál será la situación del país a tres años -que forma parte del índice de confianza del consumidor- es la que “recoge por excelencia” los impactos del ciclo electoral.

En ese sentido, mostró la relación entre las expectativas sobre la economía a tres años y las preferencias políticas: los simpatizantes del Frente Amplio son los más optimistas, pero los del Partido Nacional los que más mejoran su perspectiva respecto al 2014 -pasan “de restar a sumar” en el indicador general-. Sin embargo, ese repunte “se neutraliza con menor optimismo por parte de los simpatizantes del Partido Colorado y de los indecisos”.

La clave de la elección: ¿continuidad o cambio?

El director de Equipos Consultores comentó que estamos “en una campaña rara y fría, que no termina de arrancar”. Señaló que más allá del balotaje, la elección del 27 de octubre es “la decisiva” porque conformará el panorama político para los próximos cinco años. Allí la pregunta clave a responder será: “¿continuidad o cambio?”. Según Zuasnabar, “hoy en Uruguay hay un contexto más favorable al cambio”, porque las encuestas muestran a “una oposición significativamente más fuerte (electoralmente) que el Frente Amplio”. Esa división política es “bastante estable” desde hace tres años y brinda un panorama similar a las elecciones de 1999, cuando el Frente Amplio ganó en primera vuelta pero no pudo en la segunda con la coalición formada por colorados y blancos. Otro punto que mencionó el analista político que inclina la balanza, es que “no habrá mayorías parlamentarias” y se deberán hacer acuerdos multipartidarios. En ese sentido, dijo que “no es el volumen de votos el problema” del oficialismo, sino “que no tiene con quien acordar”. Pese a esto, Zuasnabar repitió que la elección no está definida, que el “Frente Amplio es competitivo” y que hay una serie de aspectos que pueden hacerlo repuntar en el último mes. Repasó que “muchas de las políticas impulsadas (en los tres períodos de gobierno) sintonizan con la gente” y pueden convencer a los indecisos “más allá de los enojos” por errores en la gestión. También la crisis de Argentina “es una oportunidad para el Frente Amplio de mostrar las fortalezas de la economía por contraste”, sumado a que suele “rematar bien las campañas”.

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