REGIÓN

Los impactos en Uruguay de las nuevas medidas de Argentina y una decisión pendiente

El economista de CPA, Santiago Rego, advirtió que el próximo gobierno deberá decidir la forma de acompañar la devaluación de Argentina sin que impacte en la economía.

Guido Sandleris, presidente del Banco Central argentino, este lunes en conferencia de prensa. Foto: Reuters
Guido Sandleris, presidente del Banco Central argentino, este lunes en conferencia de prensa. Foto: Reuters

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Mientras los ojos en Uruguay se posaban sobre los candidatos que disputarán el balotaje y en Argentina en la consagración como nuevo presidente de Alberto Fernández, el Banco Central del vecino país (BCRA) anunció un fuerte endurecimiento del control de cambios, que tendrá efectos en la actividad local.

Lejos del tope de US$ 10.000 mensuales vigente hasta el viernes pasado, desde ayer las personas físicas en Argentina solo pueden adquirir para atesoramiento US$ 200 por mes en las operaciones que se hagan vía homebanking o US$ 100 en las compras en efectivo.

En la Cámara de Turismo uruguaya prevén que las nuevas restricciones acentúen el impacto negativo y la incertidumbre en torno a la llegada de argentinos en la próxima temporada de verano.

El economista de CPA, Santiago Rego, advirtió en diálogo con El País que “lo de Argentina ya es un shock permanente” para Uruguay y la devaluación en el vecino intensificará dos fenómenos contrapuestos: llegarán menos argentinos, y más uruguayos cruzarán el Río de la Plata, porque hoy se abarató ir a Argentina.

“Una decisión importante para el próximo gobierno es ver cómo se acompañará (desde Uruguay) la devaluación argentina”, porque “si Uruguay quiere evitar problemas de competitividad fuerte debe acompasar los precios relativos con la región”. Para eso, hay una noticia “positiva” desde Brasil, que “está en el camino opuesto (a Argentina) porque con la reforma previsional (recientemente aprobada) y otras en el horizonte como una reforma tributaria el próximo año, parece ordenarse y el real se fortalece”, sostuvo Rego.

Los turistas tendrán descuentos en gastronomía y alquiler de inmuebles o autos. Foto: Fernando Ponzetto
La Cámara de Turismo uruguaya prevé impactos negativos. Foto: Fernando Ponzetto

Igualmente, el analista señaló que se deberá evaluar la forma de acompasar los precios relativos con Argentina, sabiendo que “hoy no es factible” seguir el ritmo devaluatorio del vecino porque eso “perjudica la economía, enfría al consumo rápidamente, lo que es negativo para la percepción y expectativa” de los agentes.

Juan Martínez, presidente de la Cámara de Turismo, explicó a El País que “va a ser muy difícil” que los operadores puedan ejecutar “más medidas de las que ya se han tomado” para estimular el turismo de argentinos.

“Arrimar más aún nuestros precios a los de ellos no lo veo posible”, indicó Martínez.

Sostuvo que si bien los operadores no tienen forma de escudarse ante la incertidumbre del país vecino, desde la gremial están en contacto con los operadores de tarjetas de crédito, empresarios y el gobierno para impulsar más promociones mediante esa forma de pago.

Sin embargo, para los argentinos el uso de la tarjeta de crédito en el exterior es poco atractivo, puesto que dada la volatilidad que atraviesa el país nadie sabe con certeza qué tasas de interés tendrán que pagar. “Queríamos implementar un régimen de seis cuotas sin recargo para argentinos que vinieran a Uruguay pero hoy la situación cambió. Argentina no va a dar crédito porque nadie sabe cuánto va a tener que pagar. Se complicó”, evaluó Martínez.

No obstante, en la Cámara de Turismo consideran que “lo más probable” es que todas las operaciones de turistas argentinos en Uruguay se van a canalizar a través de las tarjetas de crédito por los beneficios fiscales que ofrece el país.

“Vamos a apostar a las tarjetas de crédito porque vemos que es la única manera que tenemos. Hoy por hoy, por más descuentos que hagamos en efectivo, no tiene sentido porque no hay efectivo del otro lado”, indicó el jerarca.

Foto: archivo El País
Foto: archivo El País

La solución que han encontrado los argentinos que piensan vacacionar en Uruguay y los empresarios del país es la compra anticipada de paquetes turísticos que incluyan la mayor cantidad de servicios posibles: pasaje, alojamiento, traslados y restaurante. “La idea es que ellos no tengan casi que desembolsar dinero para venir acá”, dijo el empresario.

Más allá de estas acciones, el presidente de la gremial manifestó que “son épocas de tormenta” en el país vecino y que por lo tanto, desde Uruguay “hay que ser cautos y esperar a que se acomoden un poco los zapallos en el carro”. Asimismo, indicó que si bien Argentina “está arriba de un tsunami”, Uruguay “no puede actuar en consecuencia de cada medida que ellos tomen”.

Por su parte, el director de PwC Argentina, Claus Noceti, indicó en diálogo con El País que “la principal modificación” de las restricciones en torno al turismo se centra en que un turista argentino que viaje a Uruguay no podrá sacar dólares debitando de su cuenta en pesos. Empero, en el caso de que la persona tenga ahorrado dólares en su cuenta puede sacarlos sin problema en Uruguay.

“Lo que hoy está haciendo el argentino es tratar de ahorrar de a puchitos con esos US$ 200 que puede adquirir”, explicó.

Asimismo, el director de PwC prevé que pueda haber un impacto en las relaciones comerciales dado que si bien no habrá límites para el acceso a divisas destinadas a pagar importaciones, el BCRA exige a las empresas que deban pagar a otra empresa más de US$ 2 millones, que le avise con una antelación de tres días.

“Si yo soy un empresario que tengo una cuenta a pagar con un proveedor uruguayo y le debo US$ 2 millones, ¿para qué me hacés decirte tres días antes que voy a hacer un pago de semejante magnitud si no es para que vos puedas llegar a tener la posibilidad de retrasármelo?”, cuestionó Noceti y señaló que “eso sí que puede llegar a ser un problema”.

Por su parte, Eric Ritondale, economista jefe de la consultora Econviews en Buenos Aires dijo que el ajuste (del cepo) es “mayor al esperado” y que “en el actual contexto, las opciones que tenía el gobierno eran admitir una nueva devaluación, continuar perdiendo reservas o imponer un control de cambios mucho más fuerte”. Además, indicó que “se terminó eligiendo la última alternativa porque evita una aceleración inflacionaria, con todo lo que eso implicaría en medio de una transición de cambio de gobierno”.

Las restricciones solo están dirigidas a la compra de divisas para atesoramiento. A diferencia del férreo control de cambios aplicado durante el último gobierno de Cristina Fernández, el acceso a divisas para consumo con tarjetas en el exterior permanece sin cambios y no se impusieron gravámenes a esas compras.

“Las limitaciones al turismo quedarán, en todo caso, para el próximo gobierno dado que la temporada fuerte de gastos con tarjetas en el exterior arrancará después de que se produzca el recambio presidencial del 10 de diciembre. En algún punto, el gobierno actual decidió no pagar el costo político y dejarle al próximo la decisión de restringir la salida de dólares por turismo”, dijo Matías Rajnerman, economista jefe de la consultora Ecolatina, en Buenos Aires.

El dólar blue

Según indicó Claus Noceti, director de PwC Argentina, lo que va a suceder “cada vez con más fuerza” es que aumente el valor del dólar paralelo, también llamado “dólar blue”. Pese a eso, indicó que confía en que a fin de año haya “mayor certeza” en lo que refiere al valor de la divisa: “Vamos a saber a cuánto quiere el dólar este nuevo gobierno”.

En busca del equilibrio cambiario y las reservas
Pizarra en Buenos Aires con la cotización de las principales monedas. Foto. AFP

Con las nuevas limitaciones a la demanda, el gobierno de Mauricio Macri procura equilibrar un mercado cambiario que se mostró muy desbalanceado desde las elecciones primarias del 11 de agosto. Tras la amplia ventaja obtenida por el kirchnerismo en aquella elección, el Banco Central perdió US$ 22.806 millones, el equivalente a un tercio del stock de reservas.

Ese sostenido descenso no cedió ni siquiera con las restricciones impuestas a las empresas desde el 2 de septiembre pasado. Desde entonces, las compañías y los inversores institucionales están impedidos de comprar divisas en el mercado oficial para atesoramiento y solo pueden acceder a dólares para pagar importaciones o deuda. Ante la aceleración de la pérdida de reservas -solo la semana pasada el stock registró un descenso de unos US$ 3.300 millones- el gobierno no tuvo más opción que cerrar aún más el grifo.

Aunque las reservas brutas del Banco Central suman unos US$ 43.500 millones, si se descuentan entre otros ítems un swap de monedas con el Banco de la República de China y encajes bancarios, las reservas disponibles ya están por debajo de US$ 6.000 millones. Si se mantenía el ritmo de pérdida de reservas, ese stock hubiera sido insuficiente para cumplir con el doble objetivo de ponerle un freno al dólar y cumplir con las obligaciones de deuda que quedan hasta el recambio presidencial. Si bien las nuevas restricciones a la demanda de divisas pueden traer alivio a las arcas del Banco Central, todo indica que la brecha entre la cotización del tipo de cambio oficial con los mercados paralelos del dólar crecerá.

Ayer, tras 13 jornadas consecutivas de suba, el dólar oficial cerró con una caída, aunque subió la cotización de formas alternativas de conseguir divisas como la compra en pesos de bonos que se venden en dólares en el mercado local o la venta de bonos y acciones con acreditación en el exterior.

“El endurecimiento del control de cambios se tomó con el objetivo de proteger las reservas hasta el recambio presidencial y, de hecho, la medida fue consultada con el equipo del gobierno entrante como para mostrar cierta coordinación en la transición. Pero se trata de un instrumento de corto plazo que no puede mantenerse en el tiempo. Una economía no puede funcionar bien con una brecha entre distintas cotizaciones del dólar en torno al 50%. Por eso, las señales que emitan el presidente electo y sus futuros funcionarios en las próximas semanas serán muy importantes para la evolución del mercado cambiario”, dijo el economista Eric Ritondale.

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