LA PROPUESTA

El impuesto a la herencia en Uruguay: a favor y en contra

¿Es necesario incorporarlo al sistema tributario para reducir la desigualdad?

Foto: Pixabay
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Los primeros días de abril el economista Rodrigo Arim publicó una columna en La Diaria que volvió a poner en el tapete una propuesta tributaria que cada tanto resurge: la conveniencia de gravar a las herencias.

En su columna —titulada "En defensa del impuesto a las herencias"— el vicerrector de la Universidad de la República (UdelaR) y decano de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración defendió por qué, a su entender, Uruguay debería estudiar la incorporación de un gravamen de este tipo a su sistema tributario. También refutó algunas "objeciones" que, dijo, se suelen hacer a este instrumento.

Además, Arim hizo hincapié en su texto en el rol que tiene la herencia en la desigualdad que presenta la población de un país y cómo un impuesto como este podría mitigar esta situación. "Investigadores de la London School of Economics encuentran que un impuesto a la herencia, aun de una modesta magnitud y con escaso poder recaudatorio, funge como un mecanismo amortiguador eficiente del incremento tendencial de la desigualdad en la distribución de la riqueza", escribió el "número dos" de la UdelaR.

Arim añadió que, justamente, uno de los objetivos que persigue un impuesto como este es "evitar desigualdades no aceptables en el punto de partida de la vida adulta de las personas, y guarda relación con el concepto de igualdad de oportunidades tan manido y citado en todo el espectro político".

América Latina es, de hecho, la región más desigual del planeta. El vaso medio lleno es que Uruguay se ha convertido en el mejor de una clase que, con excepciones, está reprobando esta materia.

Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de diciembre del año pasado, Uruguay es el país menos desigual de la región. El coeficiente de Gini (cero es la ausencia total de desigualdad y uno la desigualdad máxima) llegó a 0,391 en 2016, el registro más bajo de los relevados en esta parte del mundo. A nivel regional fue 0,467.

Tomando la columna de Arim como punto de partida, El País consultó a economistas para conocer sus puntos de vista sobre la posible introducción de un impuesto a la herencia.

ASI LO VIERON ELLOS.

La medicina, la enfermedad y los síntomas

Julio Garín y Germán Cubas son dos economistas uruguayos que hoy viven en Estados Unidos y se desempeñan en universidades de ese país (el primero en el Claremont Mckenna College, el segundo en la Universidad de Houston). Como suelen trabajar codo a codo, respondieron a las consultas de El País de forma conjunta.

Si bien indicaron que "siempre es apropiado discutir la conveniencia del régimen fiscal" de un país, la clave es "separar el objetivo del instrumento". En este sentido plantearon que un impuesto a la herencia no es un objetivo "en sí mismo" sino un "instrumento que algunos consideran puede ayudar a lograr el objetivo", que es "mejorar la igualdad de oportunidades".

Para ellos, el debate acerca de la conveniencia o no de este impuesto debería estar basado en que éste incrementará la "capacidad que hoy en día tiene el Estado para repartir recursos". A eso se debería sumar "cómo dichos recursos se destinarán a disminuir las brechas que existen para aumentar las oportunidades" de quienes se busca favorecer. Por el momento, "nada se ha dicho" sobre estos dos puntos.

Además, añadieron, la "efectividad para lograr el objetivo de la introducción de un impuesto de este tipo y su atractivo para mejorar el bienestar de la población dependerá cómo éste interactúa con los impuestos a la riqueza y rentas (ya existentes en Uruguay) y de cómo afecta las decisiones de ahorro, inversión y trabajo de los agentes en la economía".

Los economistas sostuvieron que a pesar de ser rotulados como impuestos a la herencia, gravan la riqueza, lo que "constituye un aumento efectivo al existente impuesto a las riquezas".

Para ellos, además, "discutir herencia en estos términos reduce significativamente lo que es realmente el legado que los padres le dejan a sus hijos y que puede variar entre familias de diferentes estratos sociales". Esto se puede graficar en un niño que crece en una casa donde se le fomenta la lectura y la ciencia y otro que no está expuesto a estos estímulos.

Señalaron como problemático, a su vez, que "se asume que los bienes materiales transmitidos tras el fallecimiento de los progenitores son un aspecto importante" en la desigualdad de oportunidades dado que no hay datos que permitan afirmar eso, dijeron. Es una interrogante qué efecto podría tener este impuesto en la desigualdad de oportunidades en Uruguay, indicaron y agregaron: "recomendar una medicina cuando aún no sabemos cuál es la enfermedad puede ser más contraproducente que estudiar más a fondo los síntomas antes de actuar".

Entrar a jugar el partido en el minuto 85

Cuando se le pregunta al economista Mauricio De Rosa si cree que sería apropiado poner sobre la mesa la creación de un impuesto a la herencia, responde que sí. Para el integrante del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración "sería un instrumento apropiado para un país como Uruguay".

De Rosa dijo que los datos disponibles hoy muestran que la riqueza está "fuertemente concentrada" en Uruguay. Pese a que la información disponible tiene algunas falencias, reconoció, se sabe por ejemplo que alrededor del 60% de la riqueza está en manos del 10% más rico de la población.

"Eso da cuenta de una riqueza fuertemente concentrada, y sabemos que buena parte de esa riqueza es producto de la herencia", comentó.

El economista marcó varios puntos relevantes, a su juicio, en este tema.

Por una parte, señaló, la riqueza brinda poder económico a quien la posee, una "idea muy vieja" que ya está presente en el siglo XVIII en Adam Smith, el padre del liberalismo económico. "Y en una sociedad democrática donde un requisito es que ningún grupo acumule un poder excesivo en relación al resto, esa acumulación de riqueza no parecería muy razonable", indicó.

Otro factor "tiene que ver con la justicia", dijo De Rosa. Incluso "desde una perspectiva liberal", comentó, es "difícil argumentar por qué sería justo que una persona inicie su vida adulta con US$ 200.000 o US$ 300.000 de ventaja en relación al resto".

A su vez, mencionó que hay un "creciente acuerdo en la literatura especializada de que para bajar la desigualdad de ingresos no basta solamente con pensar en términos de impuestos directos" —como el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF)— porque eso es como "entrar a jugar el partido en el minuto 85", ilustró. "Es cuando ya está todo el pescado vendido", agregó.

Sin embargo, adelantó que un impuesto de este tipo no genera efectos en la desigualdad de la noche a la mañana. "Lo que podemos esperar son cambios lentos en la distribución de la riqueza", expresó.

De Rosa —quien se mostró afín a un "diseño sencillo" del impuesto, con pocos tramos, tasas que crezcan de forma progresiva y un mínimo no imponible "relativamente elevado"— rescató la idea planteada por Arim en su columna en La Diaria de que lo recaudado "tenga como destino alguna inversión" en infancia y adolescencia. Así, dijo, "se conserva lo más importante de la herencia como concepto: que parte de lo acumulado por una generación pasa a la siguiente".

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