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Inestabilidad del dólar impide avanzar en competitividad

El país tiene dificultades para competir en el exterior y eso se nota mucho cuando se trata de productos o servicios muy intensivos en trabajo humano. Somos caros en dólares y es por eso que el primer nivel de asociación con la pérdida de competitividad sea el dólar bajo.

El dólar continúa a la baja y ayer cayó 0,56%. Foto: Archivo El País
Foto: archivo El País.

El tipo de cambio no es el único determinante de la competitividad, pero es muy importante. Su nivel resulta del contexto macroeconómico y queda fuera del control de las empresas. El sube y baja que mostró la cotización del dólar en los últimos tres meses muestra que el problema macroeconómico para la competitividad todavía se necesita resolver.

En el corto plazo el tipo de cambio es una variable clave, que impacta fundamentalmente sobre los sectores transables de la economía. Al respecto, el incremento que experimentó el tipo de cambio desde fines de abril se sintió como un alivio parcial a la alicaída competitividad de varias actividades productivas.

Sin embrago, el descenso que experimentó su cotización en el último mes a la luz de los ajustes que se fueron dando en los restantes precios de la economía, arrojan dudas sobre la efectiva mejora en la rentabilidad empresarial, lo que incidirá en las decisiones de inversión.

El contexto internacional en el segundo trimestre del año se caracterizó por la incertidumbre. La región ingresó en una recesión y en los mercados internacionales, la suba de las tasas de interés y la escalada en las tensiones tendientes a una guerra comercial se vieron reflejadas en una suba de la cotización del dólar en el mercado local.

Entre fines de abril y mediados de julio el peso se devaluó 10,5% frente al dólar. Una suba tan importante en un lapso tan corto abarata a la economía frente al resto del mundo, mejorando su competitividad.

Eso siempre y cuando en el exterior los precios relativos no se modifiquen. No fue el caso de Uruguay, ya que tanto en Argentina como en Brasil el dólar subió a un ritmo superior, resultando en un abaratamiento relativo de esas economías frente a la uruguaya. De acuerdo al índice de tipo de cambio real que elabora el Banco Central (BCU), la competitividad de Uruguay frente a sus vecinos se deterioró en los dos meses siguientes. Frente a Brasil el encarecimiento es leve, pero ante Argentina es importante, 12,4%.

Este deterioro fue compensado por las ganancias ante el resto del mundo, 6,5%, permaneciendo el tipo de cambio real global prácticamente incambiado.

El último dato del tipo de cambio real es a junio y no incorpora el descenso que experimentó la cotización del dólar en el mercado local en julio que, si bien en promedio fue moderada, 0,7%, medida punta a punta fue la más importante de los últimos 18 meses: 2,9%.

Esa evolución lleva la variación del tipo de cambio en los últimos 12 meses al 8,7% cuando el Índice de Precios de Consumo (IPC) acumulado en el mismo período se ubica en niveles muy similares (el dato de la variación del IPC a julio recién se conocerá esta tarde).

Ello quiere decir que el abaratamiento de los dos meses anteriores se diluyó por el aumento de los restantes precios de la economía.

La competitividad no depende solamente del tipo de cambio. En general, y pensando en el sector exportador, la evolución del dólar está asociada al precio final. Pero la rentabilidad también depende de cómo evolucionen los costos. En particular dos son muy importantes: los asociados a la energía y los salariales.

El gasoil es uno de los energéticos más importantes. Siendo un insumo fundamental para la producción agropecuaria y el transporte. Por distintas razones su precio está desalineado de lo que sería un nivel comparable al que rige en los países con los cuales compite Uruguay.

Un año atrás el litro del gasoil costaba US$ 1,50 y se situaba un 60% por encima de su paridad de importación. Desde entonces los distintos ajustes de tarifas fueron diferenciados, rezagándose la del gasoil para ubicarse actualmente en US$ 1,30 el litro, pero todavía 11% por encima de su precio de paridad de importación.

En cuanto al salario, hay negociaciones de convenios en marcha. En promedio, en el año móvil cerrado a junio, el mes previo al inicio de la mayoría de los Consejos de Salarios, el salario real privado se incrementó 2,5%, porcentaje que trepa al 7% si la medición es en dólares.

Las pautas para la nueva ronda en principio son similares a las de la ronda anterior y apuntan a un leve crecimiento del salario real. Pero establecen tratamientos especiales a las remuneraciones más bajas.

Dependiendo cómo afecte ello a la pirámide salarial en las empresas y en particular del comportamiento futuro del tipo de cambio, será el impacto sobre la competitividad de las empresas. En todo caso no parece ser un factor que ayude.

Con escaso margen para mejorar la competitividad en el corto plazo vía disminución de costos, la pelota pasa al campo de la política comercial. En este campo tampoco hay soluciones rápidas, pero sí se pueden enviar señales positivas que mejoren el humor de los empresarios y alienten la inversión.

El acceso en condiciones favorables a la mayor cantidad posible de mercados pasa a ser fundamental, máxime cuando nuestros principales competidores ingresan en los principales mercados a los que vende Uruguay, sin pagar aranceles.

Ese diferencial se termina trasladando al productor local, que ve así cómo también por esta vía se reduce su rentabilidad.

Aunque resulte paradójico, el acceso en condiciones favorables a la mayor cantidad de mercados es la política de protección más importante que se puede otorgar al sector productivo.

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