ESTUDIO

El “karma” de la dolarización de la economía y qué hace Uruguay ante ello

Una de las líneas estratégicas del BCU para este período 2020-2025 pasa por enfocarse en generar una moneda de calidad que ayude a seguir saliendo de la divisa estadounidense.

Dolarización real: Uruguay la tiene, ya que los precios de inmuebles, automóviles y muchos importados se fijan en el billete verde. Foto: Estefanía Leal
Dolarización real: Uruguay la tiene, ya que los precios de inmuebles, automóviles y muchos importados se fijan en el billete verde. Foto: Estefanía Leal

La dolarización de la economía, es un problema que afecta (en forma variada) a América Latina. ¿Cuáles son los problemas que genera la dolarización?

El documento “Dolarización y desdolarización financiera en el nuevo milenio”, realizado por el decano de la Escuela de gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, Eduardo Levy Yeyati para el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR, que Uruguay integra), lo resume en tres puntos.

“La dolarización financiera (de ahorros) limita la capacidad de endeudamiento y explica el exceso de volatilidad cambiaria de países sin ahorros ni mercado de capitales en moneda doméstica. La dolarización real (de transacciones, precios y salarios) eleva el traslado a precios de variaciones cambiarias, induce un miedo a flotar el tipo de cambio y, al alterar la demanda de dinero, reduce severamente la capacidad del banco central de conducir una política monetaria autónoma. La dolarización oficial (la adopción de la moneda extranjera) elimina el riesgo cambiario junto con el tipo de cambio, perdiendo un instrumento crucial para estabilizar el ciclo en economías abiertas”, señaló.

El estudio repasa “la evolución desde 2000 en América Latina de la dolarización” que “puede resumirse a partir de dos medidas estándar: la evolución del cociente de dolarización de los depósitos y la evolución de la deuda publica en dólares”.

“El análisis de evolución del cociente de dolarización de los depósitos -a la vista como proxy de la dolarización real, a plazo fijo como señal de dolarización financiera- demuestra que en la mayoría de los países -Chile, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay- ambos se mantienen relativamente estables en la década de 1990 y la primera del 2000. Perú y Uruguay presentan casos de leve baja, mientras que en Costa Rica tienen un leve incremento. Argentina y Bolivia son los dos países que exhiben caídas drásticas, en el 2002 y en el 2008, respectivamente: en el primer caso, por la pesificación compulsiva de depósitos; en el segundo, por una exitosa combinación de políticas que redujo los cocientes de dolarización de ambos tipos de depósitos”, aseguró.

“La evolución de la deuda publica en dólares sobre el Producto Interno Bruto (PIB) se mantuvo relativamente estable en la mayoría de los países. Sin embargo, países como la Argentina, Bolivia, Honduras, Nicaragua y Uruguay presentan fluctuaciones alrededor de una tendencia decreciente en los 2000 (con la excepción de la Argentina, que se revierte en los últimos años)”, dijo.

¿Qué pasó en Uruguay?

El trabajo analizó al país como un caso de “éxito parcial” de desdolarización. “A pesar de adoptar políticas exitosas de estabilización y de desarrollo de mercados en moneda local, que le permitieron preservar el acceso a los mercados financieros aún en tiempos de crisis, no lograron resultados importantes en la reducción de la dolarización de facto”, explicó.

“Luego de la crisis de 2002 y de la reestructuración de deuda en 2003 en Uruguay, se dio inicio a una serie de reformas que tuvieron por objetivo reducir la dolarización. (El actual gerente de Asesoría Económica del Banco Central, Gerardo) Licandro y (el actual intendente de Regulación Financiera de la entidad, José Antonio) Licandro (2003) propusieron una estrategia de desdolarización basada en dos pilares: i) la internalización de los riesgos de la dolarización por parte de los agentes, y ii) la reconstrucción de los mercados en pesos”, recordó.

Dólares. Foto: Archivo El País
Dólares. Foto: Archivo El País

“En relación a la internalización de los riesgos, el Banco Central del Uruguay (BCU) estableció encajes diferenciales por moneda de manera tal que la intermediación financiera en dólares reflejara el mayor costo que representa para la entidad monetaria, algo que la normativa no hacía antes de 2002. Además, los bancos comenzaron a disponer de una alícuota mayor de capital para actividades de crédito con riesgo de incumplimiento asociado al descalce de monedas y se incorporó este descalce en la calificación crediticia de los deudores. En cuanto a los depósitos, se crearon incentivos tanto para los depositantes como para los bancos”, señaló el estudio. “En el caso de los primeros, la cobertura de depósitos en moneda nacional pasó a ser significativamente mayor a la de depósitos en dólares. En el caso de los bancos, el aporte al fondo de garantía se compone de una parte fija y una variable: la fija es más alta para depósitos en moneda extranjera y la parte variable aumenta con el riesgo de descalce de monedas”, indicó.

“Pese a estas reformas, la dolarización de depósitos en Uruguay ha tenido resultados mixtos. La dolarización de depósitos a plazo fijo ha caído de 91% a 51% entre 1998 y principios de 2020. Sin embargo, la dolarización de depósitos a la vista persiste en torno a 80% desde 1999”, afirmó el trabajo.

“En relación al segundo pilar, la reconstrucción de los mercados en pesos, se destacan acciones tanto de política monetaria como fiscal. Luego de la crisis de 2002, el BCU se comprometió con una inflación baja y estable, mientras que en el plano fiscal el manejo prudente ha permitido cumplir con la Carta Orgánica del BCU de 1996 que establece límites al financiamiento monetario. Pese a situarse por encima de la meta en varias ocasiones, la inflación interanual no ha superado el 11% desde noviembre de 2003. La flotación del tipo de cambio, que puso fin al régimen anterior, eliminó las garantías implícitas en el valor del dólar. Además, el BCU ha avanzado en la emisión de Letras de Regulación Monetaria hasta tres años de plazo” en moneda local, remarcó.

“La evolución de la deuda pública muestra no sólo un proceso de desdolarización respecto al tamaño de la economía sino también respecto al total de la deuda. La deuda en pesos ha ganado considerable participación, consistente con el compromiso de inflación baja y estable. La desdolarización de la deuda pública puede considerarse un caso de mayor éxito” que el de los depósitos, concluyó.

La estrategia del BCU

El estudio se preguntó “¿por qué algunos avanzaron donde otros no?” y respondió: “en principio, el fenómeno de la dolarización en cada variante suele tener múltiples causas: volatilidad relativa del tipo de cambio real, liquidez relativa del mercado doméstico, estabilidad macroeconómica, credibilidad de las políticas”. Uruguay está con una nueva estrategia de desdolarización. “Lo primero es bajar la inflación y que eso ya esté en los programas macro es un muy buen punto de partida. Luego hay varios temas micro para atender, como -por ejemplo- la reducción que se efectuó recientemente de los encajes en pesos”, indicó el gerente de Asesoría Económica del BCU, Gerardo Licandro en entrevista con el suplemento Economía & Mercado de El País.

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