La jugada argentina

Mercosur: el plan de Macri para anticiparse a Bolsonaro

El presidente argentino quiere aprovechar la presidencia pro témpore.

Macri se reunirá con Bolsonaro el próximo 16 de enero. Foto: AFP
Macri se reunirá con Bolsonaro el próximo 16 de enero. Foto: AFP

Soplan vientos de cambio para el Mercosur. Con un nivel de exportaciones hacia afuera del bloque y entre los países miembros que se mantiene por debajo de los niveles alcanzados hace siete años, hay coincidencia entre los gobiernos acerca de que la unión aduanera necesita ajustes con urgencia. Sin embargo, la profundidad que tendrán esos cambios y el tiempo en que se llevarán a cabo divide las aguas, sobre todo entre los dos principales socios.

"Mientras el futuro gobierno de Brasil plantea una flexibilización del Mercosur para tener autonomía en la firma de acuerdos bilaterales por fuera del bloque, Argentina, por ahora, se limita a tener como objetivo central la modernización del bloque mediante la revisión del arancel externo común", dijo a El País Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), en Buenos Aires.

La llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil el 1° de enero próximo promete acelerar los debates sobre el futuro del bloque regional. El presidente electo anunció su deseo de poner al Mercosur en revisión y convertirlo en un área de libre comercio.

Esa expectativa se fortaleció con las declaraciones del futuro ministro de Hacienda Paulo Guedes, quien, pocos días después de resultar electo Bolsonaro, afirmó que el Mercosur "no será prioridad" para la política externa de Brasil. Si bien futuros integrantes del próximo gobierno brasileño suavizaron luego esa afirmación, se espera que sea el propio Bolsonaro quien dé más precisiones con respecto al Mercosur durante su participación en el Foro Económico Mundial de Davos, que se desarrollará entre el 22 y el 25 de enero.

El mayor contrapeso a los planteos de Brasil lo ejerce el gobierno argentino. El martes pasado, el presidente Mauricio Macri asumió en Montevideo la presidencia pro témpore del Mercosur. En esa oportunidad, convocó a "dejar atrás cualquier improductivo debate existencial" y "focalizar todos los esfuerzos en modernizar el Mercosur para que sirva mejor a los tiempos en que vivimos".

Dos días antes, en la exposición sobre los lineamientos y objetivos de la presidencia pro témpore durante el primer semestre del 2019, el canciller argentino, Jorge Faurie, adelantó por dónde pasará la modernización planteada por la administración Macri.

Señaló que trabajará para revisar los niveles y consistencia del Arancel Externo Común (AEC), y propuso "nivelar el campo de juego, para que nuestros exportadores agroindustriales tengan mejor acceso a mercados, pero también para que los sectores productivos que requieran de bienes intermedios importados puedan ser más competitivos".

El AEC del Mercosur ronda entre el 8% y 10%, niveles que duplican los aranceles promedio en el mundo.

"La posición de Faurie busca anticiparse a los planteos de Bolsonaro. Es una posición más defensora del bloque. Brasil, en cambio, no busca revisar el AEC, sino permitir que los países miembros del bloque tengan políticas autónomas que les permitan salir de ese arancel con acuerdos bilaterales. Son cosas distintas", dijo Elizondo.

A esas diferencias de enfoque se agregaron gestos que no disimulan cierta tensión entre el gobierno argentino y la próxima administración brasileña. La ausencia de Bolsonaro en el reciente G20 celebrado en Buenos Aires y el anuncio de que su primer viaje como presidente dentro de la región será a Chile fueron señales enviadas hacia la Casa Rosada. En una respuesta elíptica, Macri decidió no asistir a la asunción del próximo mandatario brasileño.

El primer encuentro entre los presidentes de Brasil y Argentina será el 16 de enero en Brasilia. De esa reunión podrían surgir señales más precisas en torno a cuál será el rumbo del Mercosur.

De todos modos, en Argentina no prevén cambios abruptos de corto plazo. "En la agenda de Bolsonaro será mucho más fuerte la temática de reformas estructurales, como la previsional y laboral, que el Mercosur. Además, los industriales brasileños piden que la integración sea paso a paso. Cambios habrá, pero de ahí a que se avance hacia una zona de libre comercio hay una distancia amplia. Brasil es uno de los países más cerrados del planeta, y pasar de eso a una apertura total no va a ocurrir", dijo a El País Gustavo Perego, director comercial de la consultora Abeceb, en Buenos Aires.

Como sea, el debate sobre el futuro del Mercosur promete levantar temperatura en 2019. Con un mundo muy distinto al de tres décadas atrás —cuando fue creado el bloque—, por lo pronto crecerá la necesidad de mayor coordinación entre los países miembros para poder llevar adelante acuerdos con otros mercados y regiones.

"Habrá, probablemente, una propuesta de Brasil y a partir de eso se iniciarán negociaciones. No imagino reformas abruptas, pero sí un inicio de debate sobre el futuro del bloque", afirmó Elizondo.

"En ese sentido, si bien el gobierno de Macri insiste en que quiere fortalecer el Mercosur y sostenerlo como bloque regional, no hay que descartar que Argentina, tarde o temprano, termine acompañando la propuesta brasileña de mayor flexibilización para permitir a sus miembros celebrar acuerdos bilaterales por afuera del bloque, postura que también acompañarían Uruguay y Paraguay", agregó.

Los acuerdos pendientes

Además de rediscutir el Arancel Externo Común, la presidencia pro témpore de la Argentina tendrá como prioridad cerrar los acuerdos del bloque cuyas negociaciones están en curso, según informó ayer el diario porteño El Cronista. Además del demorado acuerdo de comercio e inversiones con la Unión Europea, mencionado con frecuencia por el gobierno de Macri como un punto clave para el desarrollo regional, el Mercosur negocia con Canadá, Corea del Sur, Singapur y el EFTA (el bloque que integran Noruega, Suiza, Liechtenstein e Islandia). Además, está en sus primeras conversaciones la posibilidad de negociar un acuerdo con Japón. La posibilidad de una integración con la Alianza del Pacífico aún está muy en segundo plano.

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