Estudio del BID

¿Qué hacen los millennials uruguayos, estudian o trabajan?

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo graficó la situación de los millennials en América Latina y el Caribe respecto al estudio y al trabajo. En el caso de Uruguay, en varios aspectos está por detrás de la región.

Millenials: las mujeres tienen más problemas de desempleo e informalidad laboral. Foto. Shutterstock
Las mujeres tienen más problemas de desempleo e informalidad laboral. Foto. Shutterstock

"Ser nini es levantarse a las tres de la tarde, sin un motivo", la frase de un joven de 20 años que no estudia ni trabaja o busca empleo, fue lanzada en uno de los grupos focales del estudio "Millennials en América Latina y el Caribe: ¿trabajar o estudiar?" realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Los millennials son (hay distintos criterios con mínimas variaciones) los nacidos entre los años 1983 y 2001.

Según el trabajo, frases como esa dejaron a la vista en los grupos focales que se "identificó como un sector altamente vulnerable al grupo de jóvenes varones de 16 a 19 años alejados del sistema educativo y que no tiene ni busca trabajo".

"La sociedad los percibe por fuera de los sistemas tradicionales de integración social, dedicados al ocio, y los ven como improductivos, en un círculo que alimenta la desmotivación y la baja autoestima", agregó.

"Esta autopercepción también tiene efectos en los aspectos relacionales, como señala otra joven de entre 16 y 19 años: Me juntaba con mis amigas, y mis amigas hablaban de la facultad, me empiezo a sentir incómoda…dejé de juntarme, abandoné un poco, hasta que después mis amigas me empezaron a alentar a estudiar y me volví a juntar", indicó.

De hecho, "los datos de Uruguay muestran que los jóvenes (de 18 años en promedio) tienen más probabilidades de estar solo estudiando (48%) y de ser nini (27%) y menos probabilidades de trabajar (16% exclusivamente, y 10% trabajando y estudiando) que los jóvenes en la encuesta Millennials en América Latina y el Caribe", señaló el informe.

Los "millennials" uruguayos que buscan empleo o trabajan, sufren otros problemas. "La tasa de desempleo entre los 15 y los 24 años es tres veces mayor a la de adultos de 25 a 65 años. La intensidad de estas diferencias es aún mayor entre las mujeres y las personas con menor nivel educativo. Por otra parte, los jóvenes enfrentan severos problemas para acceder a empleos formales. Cerca del 90% de los menores de 18 años no cuenta con cobertura de seguridad social, al igual que uno de cada tres jóvenes de 18 a 24 años. También en este caso la incidencia es mayor entre las mujeres.", indicó el informe.

Aquellos millennials uruguayos que no estudian ni trabajan tienen aspiraciones "muy conectadas con actividades ajenas al mercado laboral tradicional y con altas expectativas de ingreso como, por ejemplo, el fútbol", indicó el trabajo del BID.

"Debido al bajo nivel educativo, no encuentran oportunidades adecuadas dentro del mercado laboral, lo que los empuja a evaluar alternativas para ganar un sustento a través del desarrollo de actividades fuera de la legalidad. Parte de este segmento logra encontrar un trabajo en edades posteriores, pasando a ser jóvenes de trayectoria no esperada pero integrados. Sin embargo, una fracción de ellos continúa con una integración muy precaria al mercado de trabajo: entre los jóvenes de 20 a 23 años, son muchos los que declaran trabajar de manera intermitente", agregó.

Educación.

Otra característica de los millennials uruguayos es que "perciben que el nivel educativo alcanzado y, en particular, terminar la enseñanza media constituye un activo esencial para lograr una mejor inserción laboral. A la vez, los jóvenes que abandonaron el sistema educativo medio entienden que las alternativas laborales que les esperan en estas condiciones son poco dignificantes".

Según el trabajo, "es llamativo que las percepciones sobre el sistema educativo de quienes han abandonado y quienes permanecen estudiando son muy similares. En todos los casos se hizo referencia a factores expulsores, como los contenidos y su escasa vinculación con sus intereses, así como a la rigidez curricular que no permite una elección propia. La educación en este nivel tiene casi exclusivamente un valor instrumental y se la percibe despojada de cualquier otro significado o valoración conectada al desarrollo integral del ser humano. Así, quienes continúan en el sistema educativo relatan que su permanencia está ligada a motivos tales como presión o motivación familiar y al deseo de realizar estudios terciarios, etc.".

De hecho, "las tasas de asistencia al ciclo educativo secundario y terciario están muy por debajo del promedio internacional. Mientras que en América Latina la mitad de los jóvenes completó la educación secundaria, el porcentaje se reduce al 39% en el caso de Uruguay", afirmó el estudio.

Revisar límite de 18 años en asignaciones familiares

"Las políticas públicas" para atacar estos problemas "abarcan desde transferencias de ingresos a los hogares, hasta acompañamiento familiar, programas de trabajo y becas de estudio. Sin embargo, las evaluaciones disponibles indican que sus impactos en la escolarización formal y en la transición al mundo laboral han sido limitados", planteó el informe que además identificó "carencias del sistema de protección social orientado a poblaciones vulnerables" y sugirió "revisar el límite de los 18 años para acceder a programas de transferencias monetarias".

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