MARíTIMAS

Las naciones se desarrollan cuando los individuos gozan de libertad creativa

No lo descubrimos nosotros sino que lo leímos en los libros de Peter Drucker y en otros trabajos con cuyos conceptos coincidimos plenamente y los aceptamos como absolutas verdades.

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MARÍTIMAS

Cuando se dio a las empresas “libertad de liderazgo eso contribuyó a enriquecer a las naciones” y más aún a estimular la actividad creativa de los individuos, seguramente por personalizar su gloria o ganancia material. Fue entonces que la organización comercial de las empresas pasaron del experimento rudimentario del Imperio Romano a una sofisticada y científica organización comercial, creando a su alrededor sus novedosos y hasta exquisitos elementos auxiliares y de apoyo.

Esto nos trae a la memoria una historia casi similar que coincide con aquel principio de libertad que nos menciona Drucker, cuyo protagonista fue el puerto de Montevideo el cual por su condición monopólica fue incapaz de avanzar en el desarrollo para satisfacer las exigencias y la demanda. Pero que además en la posguerra sufrió un verdadero calvario desde los años 50, que si bien es cierto que nuestra terminal no tenía una “rudimentaria organización romana”, debió realizar sus funciones por años sumergido en el caos, la ineficiecia y la carestía. Cientos de huelgas y paros, cientos de barcos omitieron Montevideo, se perdieron valiosos embarques de exportaciones. Eran tiempos en que los carros elevadores (Belotti) estaban únicamente en manos de la ANP, y que por escasos eran disputados fuertemente por decenas de usuarios del puerto y había que ingeniárselas para conseguir uno. Tampoco olvidamos las disputas por las “cargas sucias” en las bodegas y de los enormes costos del aparato ANSE para administrar la bolsa de los estibadores. Las soluciones y el cambio vinieron recién cuando el Parlamento del Uruguay aprobó la Ley de Puertos en 1992, que básicamente trajo la libertad de trabajo en el puerto y con ello la esperanza y el comienzo de una revolución que aún sigue provocando cambios y avances. Sí señor, fue esa ansiada libertad creativa la que impulsó a los empresarios a iniciar y desarrollar múltiples ventanas de negocios, y sobre todo, a convivir con la libre competencia.

Sin dudas el contenedor fue para el transporte marítimo y también para los puertos del mundo un invento genial y un cambio innovador de magnitud insospechada, pero fue la libertad que trajo el cambio al puerto de Montevideo a partir de la Ley de Reforma Portuaria de 1992, ya que con su advenimiento dio oportunidades a los empresarios y trabajadores de ejercer a su mejor saber y entender con fuertes inversiones, y asumir los desafíos de las actividades portuarias conexas con los barcos. Se dio un gran salto gracias al contenedor pero, fundamentalmente, a la libertad de trabajo y de comercio dentro del recinto portuario, a la democratización del sistema. No vamos a describir lo que era el puerto de Montevideo hasta el año 1992 porque no es el objetivo de esta nota, sino destacar en especial la capacidad de los individuos cuando actúan en libertad y asumen los desafíos a su riesgo, lejos de los monopolios que básicamente establecen cuando son dueños de la situación, lo que no se puede hacer. Desde aquellos días de 1992 el puerto creció en sus actividades mil veces y la inversión aumentó en aproximadamente dos mil millones de dólares. No incluimos UPM y Montes del Plata.




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