TEMA DE ANÁLISIS

Las nuevas pautas salariales no contribuyen a crear empleo

Las pautas para la séptima ronda de consejos de salarios mantuvieron la mecánica de negociar aumentos nominales y no indexados a la inflación, con tasas de subas más altas para los salarios más bajos.

En enero hubo 28.837 personas desocupadas más que el mes previo. Foto: D. Borrelli
Foto: D. Borrelli

Esta modalidad se inauguró en la ronda anterior y terminó dando buenos resultados para el poder adquisitivo de los salarios. Sin embargo, en materia de empleo no logró revertir el proceso de destrucción de puestos de trabajo. En la medida que las dificultades para mantener la cantidad de puestos de trabajo siguen presentes y la política propuesta es la misma, el resultado no podrá ser otro que el mismo por lo que seguirá cayendo la tasa de empleo y subiendo la de desempleo.

En la ronda anterior y en esta propuesta, el gobierno se plantea los tres mismos objetivos: crear puestos de trabajo, favorecer a los niveles más bajos con aumentos diferenciales y asegurar el mantenimiento del salario real. Para los dos últimos, hay medidas específicas mientras que el primer objetivo lo deja librado al potencial impulso que puedan tener los precios internacionales de las materias primas.

La sexta ronda estableció incrementos nominales que estuvieron en el eje del 7,5% y el 8,5% anual. Observando los convenios firmados, los aumentos parecen tener una concentración para los dos últimos años entre el 15% y el 18%. Tomando en cuenta que la inflación en los dos años entre junio de 2016 y junio de 2018 se proyecta en el orden del 13%, la ganancia real va a ser del orden del 2% anual. Es un valor similar al que se está observando en las estadísticas del Instituto Nacional de Estadísticas.

Las pautas demostraron que pueden ser buenas para los trabajadores y que no será necesario utilizar las cláusulas de salvaguarda del salario real previstas en la sexta ronda que se repiten en la actual.

Estos mecanismos están orientados a proteger a los empleados de una suba en la inflación por encima de los aumentos establecidos en el convenio, cosa que no sucedió hasta el momento. En todo caso, se vivieron momentos en los que los salarios aumentaron mucho en comparación con lo que lo hicieron los precios de la economía, por ejemplo el año terminado en junio de 2017 la inflación fue del 5% y los aumentos salariales en los sectores con más dificultades estaban pautados en el 6,5%.

El segundo objetivo es otorgar aumentos más grandes para aquellos que ganan menos. Por un lado, se establece una política para los convenios por lo cual aquellos salarios que están por debajo de determinado nivel (aproximadamente $ 17.000) van a recibir un aumento extra del orden del 2% anual en el convenio (mínimo 0,5% y máximo 3%). Por lo tanto, un asalariado de un sector medio con salarios bajos va a tener un aumento promedio anual del orden del 9%.

Este aumento de los salarios bajos se debe comparar con la política del salario mínimo nacional que hoy está fijado en $ 13.430 y se plantea una suba a $ 15.000 para enero de 2019. Esto significa una variación del 11,7% que supera los valores de los aumentos previstos para los salarios más bajos. La inconsistencia entre las tasas puede provocar en algunos casos dificultades en el manejo de las escalas salariales y en esos casos siempre hay que resolver las disputas con el mayor de los incrementos.

Por lo tanto, el objetivo de favorecer a los salarios más bajos se cumplirá más allá de lo que pongan los convenios.

Con los dos objetivos cumplidos hasta el momento y, de acuerdo a la propuesta realizada, también realizables en los tres próximos años, resta poner el foco del análisis en el empleo.

En la medida que sube el salario real se encarece la contratación de mano de obra para las empresas siempre que no existan aumentos de productividad o en los precios finales de venta.

Por lo tanto, hay que ver el impacto en estas dos dimensiones para determinar cómo puede ser su incidencia final en la creación o destrucción de empleo en la economía.

En la medida que la hora trabajada se transforma en más unidades producidas y vendidas existe margen para incrementar los sueldos. Es por eso que cuando el gobierno establece en las pautas tres tipos de sectores se debería referir a aquellos que tienen aumentos de producción por persona ocupada y no a la suba de la producción aislada.

En la medida que no existen relaciones directas entre trabajo y producción es que el concepto de productividad se vuelve más difícil de medir.

Pero, de todos modos es la evolución que puede permitir que aumenten los salarios y se puedan considerar como puestos de trabajos sostenibles en el tiempo.

Cuando no hay aumentos de productividad es necesario que el aumento del costo de la hora de producción lo resuelvan los precios de venta. Como se prevén aumentos de salarios reales, quedan fuera de discusión los precios domésticos.

En los precios externos, lo necesario es una ganancia en los términos de intercambio por la cual aumenten los precios vendidos al exterior. Pero en este terreno también juega el tipo de cambio que lleva acumulado un gran atraso y está por detrás de la destrucción de puestos de trabajo.

Parece muy difícil que se cumpla el objetivo de mejorar el empleo. Como punto de partida, si en la ronda anterior se empeoró y en esta se plantea hacer lo mismo entonces no se puede esperar algo diferente.

En todo caso está la agravante que los impactos acumulados a lo largo de los años están jugando. En particular, en el caso de los salarios más bajos y el mínimo nacional lo que se lleva acumulado es significativo y si se expresa en dólares para ver la competitividad internacional es peor.

Como estos puestos compiten con tecnologías ahorradoras de mano de obra, aumentos de salarios fuera de línea llevarán indefectiblemente a un descenso de la ocupación en este segmento, que componen básicamente los jóvenes con menor preparación.

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