TEMA DE ANÁLISIS

Un panorama de moderado optimismo para la economía uruguaya en 2017

La economía uruguaya terminó el año pasado bastante mejor que lo que se esperaba a fines del 2015. Ese punto de partida es el que permite pronosticar un moderado crecimiento para el presente año, proyección sustentada en un contexto internacional que se presenta relativamente benévolo en el corto plazo, parcialmente contrarrestado por problemas internos de competitividad.

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Foto: Ariel Colmegna

Comenzando por el contexto externo, tras una década de divergencia, las principales economías del planeta están convergiendo en sus ciclos económicos. Tanto Estados Unidos, como China y Europa registran tasas de crecimiento positivo en sus respectivos niveles de actividad, alejando así los temores de una recesión global.

En lo que a Uruguay refiere, y dado el tipo de relacionamiento con esas economías, la buena noticia es que la economía china seguirá creciendo y demandando alimentos, de los que Uruguay es un exportador importante, fundamentalmente carne y soja.

Respecto a la soja, no sólo es importante saber que la demanda se mantendrá sostenida, sino que en este año en particular se avizora una cosecha récord que contrastará nítidamente con la baja producción de 2016, la que se vio afectada por problemas climáticos (primero seca y posteriormente fuertes lluvias y tornados). Se suma a ello el mayor precio que recibirán los productores este año.

Se estima que las exportaciones de soja aumentarán aproximadamente en US$ 400 millones. Ese ingreso de divisas tendrá un impacto muy importante en el sector, le permitirá saldar deudas y como siempre, movilizará todas las actividades vinculadas a esta producción.

La cosecha de arroz también ha sido muy buena y las exportaciones son las que lideran el incremento de las ventas externas de Uruguay en el primer bimestre del presente año.

También desde el último trimestre del año pasado se está observando que el consumo de gasoil y naftas crece en el mercado interno. Es un indicador indirecto más de que el consumo doméstico, y el transporte de carga y de pasajeros cortaron la tendencia decreciente.

Las noticias buenas no sólo provienen del agro, sino también del turismo. Ya dentro del 2017, en el primer bimestre, ingresaron al país más de un millón de turistas que gastaron US$ 900 millones. Respecto al mismo período del año anterior, el Ministerio de Turismo anunció un aumento considerable del gasto efectuado por la mayor cantidad de turistas.

Además del ingreso corriente que derrama en múltiples actividades, las buenas temporadas turísticas dejan sus secuelas positivas y se anuncian importantes proyectos inmobiliarios en el este.

El éxito de la temporada se sustentó en la nueva realidad de precios relativos en la región, que llevó a que Argentina se convirtiera en el país más caro de la región y se cerrase la brecha ente Uruguay y Brasil, tornando nuevamente competitivos los productos uruguayos en el mercado norteño. De hecho, Brasil es el destino que más está creciendo para las exportaciones uruguayas en los primeros meses del presente año.

Pero no todas son buenas noticias, y así como los factores anteriormente señalados contribuyen a impulsar el nivel de actividad, existen otros que lo frenan.

En primer lugar la propia región, que no termina de estabilizarse, y constantemente surgen distintos tipos de ruidos que desalientan la inversión y retrasan la recuperación.

Afortunadamente Uruguay ha podido desacoplarse relativamente de sus vecinos, ya que el destino final de sus principales rubros de exportación está fuera de la región. A su vez, la industria manufacturera, históricamente un sector muy vinculado tanto a Argentina como a Brasil, se ha ido transformando y reconvirtiendo en los últimos años, dependiendo cada vez menos de ellos.

No obstante, estos dos países siguen siendo mercados muy importantes para Uruguay, y buena parte de la transformación de la industria uruguaya, con cierre de fábricas incluido, se debe a las dificultades por la que atraviesan nuestros vecinos.

Asimismo, los desequilibrios financieros de estos vecinos están atrayendo capitales y generan una presión a la baja en el tipo de cambio y Uruguay no es ajeno a este proceso, que afecta la competitividad del sector exportador.

Las exportaciones uruguayas crecerán este año, pero concentradas en algunos rubros agrícolas ya que la gran mayoría de los sectores productivos enfrentan problemas de competitividad. En el primer bimestre del año las exportaciones de manufacturas de origen industrial cayeron 8% respecto a igual período de 2016.

Los problemas que acarrea el sector productivo se trasladan al mercado laboral. En el último año hubo una caída del 0,5% en el empleo y para el presente año no se prevé una mejora.

En materia de consumo, el salario real promedio aumentó 1,5% en 2016, lo que ajustado por el menor empleo determina que la masa salarial haya crecido 1% en términos reales. Este ajuste que se dio en el segundo semestre, impulsó el consumo, estimulado a su vez por un dólar que se debilitaba.

El Índice de Confianza del Consumidor —elaborado por la Cátedra SURA de Confianza Económica de la Universidad Católica y Equipos Consultores— lo reflejó claramente y en unos pocos meses el humor pasó desde el pesimismo a una situación cercana a la neutra. La medición de febrero muestra un descenso en la confianza que se podría deber a la suba del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF), y habrá que ver en los próximos meses si mantiene el carácter o refleja un cambio de escenario con una recaída del pesimismo.

De la interacción de fuerzas favorable y frenos internos estimamos que Uruguay en el presente año volverá a mostrar un moderado incremento en su nivel de actividad (entre 1,5% y 2,0%). A más largo plazo dependerá de que se consolide la situación mundial, que la región pueda salir de la recesión y comience el ajuste interno de precios relativos.

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