III FORO DE INVERSIÓN EUROPEA

Perspectivas de recuperación verde de la Unión Europea

La presente crisis puede ser una oportunidad para conectar la recuperación económica con la posibilidad de contribuir positivamente a la emergencia ambiental y climática del mundo.

Banderas de la Unión Europea. Foto: Reuters
La Unión Europea es una comunidad política. Foto: Reuters

La pandemia de COVID-19 nos empuja a repensar la realidad en la que vivimos. Pero a veces una crisis también nos brinda una oportunidad de empezar de nuevo. En este sentido, los duros efectos económicos de la presente crisis pueden ser tomados como una oportunidad para conectar la recuperación económica con la posibilidad de contribuir positivamente a la emergencia ambiental y climática del planeta, y así construir un futuro mejor.

La posición de la Unión Europea sobre la recuperación es que sea compatible con el medio ambiente y el desarrollo sostenible, en otras palabras, una recuperación verde. No obstante, una recuperación verde no es solo sobre el cambio climático, y no significa cambiar el crecimiento económico por el cuidado del medio ambiente, sino que nos invita a considerar que las inversiones sustentables son clave para el futuro como fuentes de crecimiento y de trabajo que perdure. Por ejemplo, las fuentes renovables de energía, como las granjas eólicas, son hoy por hoy competitivas en precio incluso frente a los combustibles fósiles convencionales. Por el contrario, las inversiones en industrias de altas emisiones y actividades dañinas para el medio ambiente sólo llevarán a activos económicos varados y costos elevados.

Las decisiones que se tomen hoy definirán el mañana. Se necesita utilizar la reactivación económica tras la pandemia para redoblar los esfuerzos por una transición hacia un futuro más seguro y resistente. Es por eso que los planes de recuperación económica deberían basarse en su sustentabilidad, desarrollando sistemas productivos diversificados, resilientes, sostenibles y de bajas emisiones, invirtiendo en la digitalización, la economía circular y las energías renovables. Es decir, las políticas que se ponen en marcha hoy deberán encaminar a la infraestructura, la agricultura, las industrias y el flujo de inversiones en la dirección correcta.

La deforestación y los incendios forestales a nivel global son alarmantes. La preservación de los bosques mundiales –y en especial el de la Amazonia, que más allá de la soberanía brasileña tiene como ecosistema un papel transnacional clave– es imprescindible para la lucha contra el cambio climático. Su absorción de CO2 detiene el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero que se acumula en la atmósfera. La deforestación masiva, sumada a la acumulación de gases de efecto invernadero, traerá como consecuencia el aumento de riesgo de variabilidad climática, con impacto directo en todas las sociedades. Sin ecosistemas naturales saludables no puede haber prosperidad continua. Por eso, la prioridad esencial de la Unión Europea es el Pacto Verde, y por esta razón estamos decididos de reforzar aún más la protección del medio ambiente en nuestra política comercial internacional.

Entre los motivos para cuidar el medio ambiente, es primordial enfocarse en lograr un desarrollo sostenible, un fuerte estado de derecho y una economía moderna y resiliente. Además, está demostrado que los gastos “verdes” son necesarios para asegurar el futuro. En Europa ya hay numerosos ejemplos de cómo las inversiones privadas en el sector verde llegan a ser muy rentables.

La Comisión Europea ha puesto en marcha un plan de recuperación para Europa con base en el aprovechamiento del potencial del presupuesto de la Unión Europea, fundamentado en la protección y creación de trabajo, con el fin de ayudar a reparar el daño económico y social ocasionado por la pandemia COVID-19. Asimismo, con un compromiso verde, digital y resiliente, se propuso que el 25% del presupuesto de los próximos siete años se gaste en inversiones climáticas. Con su Pacto Verde, la Unión Europea mantendrá el objetivo de ser el primer continente climáticamente neutro para el 2050, con varias metas ambiciosas ya fijadas para el 2030.

Con respecto al Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y el Mercosur, cabe destacar que el compromiso debe ser beneficioso no solo en términos económicos sino para los objetivos de sostenibilidad. Es por eso que, en el capítulo sobre comercio y desarrollo sostenible, se acuerda implementar el Acuerdo de París y otros compromisos multilaterales. La Unión Europea reconoce la importancia de trabajar juntos, dado que el multilateralismo funciona mejor que el proteccionismo y los desafíos en esta materia solo se pueden enfrentar a través de una acción global coordinada.

En Uruguay, la colaboración con la Unión Europea en materia de política medioambiental y la lucha contra el cambio climático tienen una larga trayectoria, y se basan en el reconocimiento de la emergencia climática y la necesidad de incorporación del concepto de desarrollo sostenible en cada política estatal. A su vez, el Ministerio de Ambiente, en colaboración con varios otros ministerios, está definiendo la ruta hacia la neutralidad climática del Uruguay. En el pasado, importantes avances en esta materia fueron posibles gracias a la colaboración con el sector privado y la inversión europea. Esta colaboración será clave para el futuro en temas como la economía circular, el saneamiento del agua, el tratamiento de los residuos y la movilidad eléctrica, con el fin de lograr una recuperación verde para que la sociedad sea más equitativa y próspera.

En este sentido, cabe mencionar que el 18 y 19 de noviembre se llevará a cabo en Montevideo el III Foro de Inversión Europea en Uruguay, con foco en Servicios y Economía Verde. Este Foro es una oportunidad para intercambiar sobre inversiones europeas en Uruguay, presentar oportunidades de inversión, y compartir tendencias, buenas prácticas e iniciativas conjuntas, todo en el marco del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y el Mercosur.

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