MARÍTIMAS

Plaza Zabala honra al “manco” y a una india

La estatua que adorna el frente de la obra de arte representa una india joven, luciendo la perfección encantadora de sus impecables formas.

Plaza Zabala. Foto: archivo El País.
Plaza Zabala. Foto: archivo El País.

Nuestra nota de hoy es la plaza Zabala de esta hermosa Ciudad Vieja que tanto conocemos y disfrutamos cada día desde hace muchas décadas y hemos tenido la suerte de complacernos con sus días de esplendor que los tuvo por cierto por los años 37, 39, los 40 y hasta 1957 donde todo lo importante estaba y sucedía en sus calles de prestigio como Sarandí, 25 de Mayo, Rincón, Cerrito, Piedras, Misiones, Treinta y Tres, Juan Carlos Gomez, Bacacay, Bartolomé Mitre. Allí estaban también los más renombrados comercios donde se adquirían productos alimenticios y mercaderías que se vendían en París, Nueva York o Londres. Almacenes y tiendas que, por cierto, podríamos nombrar uno por uno; por ejemplo, el Almacen de Londres donde en su puerta sobre 25 de Mayo vereda norte había una máquina-hornillo que preparaba castañas calientes que estaban de moda y comprábamos una. Recordamos hasta las oficinas de la Administración Nacional de Puertos en Rincón y Treinta y Tres en una aristocrática residencia de dos plantas, exactamente donde ahora está el Edificio Artigas, que allí también residió una familia uruguaya de abolengo. Si sería importante el centro, la propia plaza Zabala, que Taranco se hizo construir un verdadero palacio versallesco en esa plaza con frente a 25 de Mayo y 1° de Mayo. Pero no solamente nosotros admiramos y gozamos de esta hermosa ciudad sino los turistas europeos y americanos de los cruceros que nos visitan quedan perplejos ante tanta belleza edilicia que por cierto nos han dicho que no las ven en otras capitales que visitan.Y aquí cerramos la boca porque la Ciudad Vieja que vemos ahora nada tiene que ver con la de nuestro recuerdo hasta hace unos 10 años.

Así que hoy nos referiremos específicamente a una parte del hermoso monumento a Zabala que muestra singulares detalles de belleza, no bien advertidos por nosotros y suponemos por el público que los mira sin ver entre otros detalles ver que Zabala era manco. En los momumentos caemos casi siempre en la distracción por la rutina porque nadie mira los detalles si específicamente no se va en campaña de observación. Lo mismo ocurre con los artísticos y encantadores balcones de hierro forjado de antiguas mansiones de la Ciudad Vieja traídos de Francia. Pero ahora ya quedan muy pocas edificaciones de aquella categoría en la Ciudad Vieja, se fue aquel tiempo que si uno levantaba la mirada los descubriría por todos lados y que por cierto eran una exquisita expresión artesanal europea. Pero vamos al meollo del asunto. Una sofocante tarde de diciembre de hace algunos años, camino a nuestro querido Centro de Navegación, nos obligó a hacer un alto en nuestras tareas y decidimos tomar un breve respiro en uno de sus bancos originales de esta hermosa y querida plaza que se caracteriza por su intimidad. Aquel cálido atardecer de verano, pasadas las cinco, nos hicimos de unos minutos para recuperarnos en medio de decenas de perros que a ladridos disputaban territorio y se divertían, los niños mal entretenidos tirando piedras y carreras de bicicletas que atropellaban todo, y nos sentamos en un banco cámara fotográfica en mano. Fue cuando en una de las caras del monumento descubrimos una figura femenina que nos llamó la atención, y más precisamente su extraño rostro. Con el zoom de la cámara discubrimos más detalles que aumentaban nuestra curiosidad. Sin duda, el monumento a Zabala hay que mirarlo en detalle cosa que nunca habíamos hecho hasta entonces, lo confesamos, y recibimos en esta observación sin apremios, nuevas percepiones. Se nos apareció en el mármol la imagen de una extraña figura femenina media regordeta. Era la extraña figura de una mujer que continuaba intrigándonos. Así que días después fuimos a los archivos nacionales y hallamos la respuesta. En una publicación de 1933 encontramos la misma foto que tomamos nosotros con una descripción: “Engalana nuestra página con un bello detalle que realza la magnificencia del monumento que la ciudad de Montevideo erigió en memoria de su ilustre fundador Don Bruno Mauricio de Zabala. El lector podrá apreciar la espléndida hermosura de la estatua que adorna el frente de la obra de arte que representa una india joven, luciendo la perfección encantadora de sus impecables formas. El editorialista de esa página dice: “Acertadísimo ha estado el escultor L. Coullant Valera al adornar su magnífica obra con un detalle de tan valioso caudal artístico como al mismo por significar un reconocimiento a la valiente raza aborigen que poblara nuestro territorio en la lejana época en que comenzó a implantarse la civilización llegada de las audaces carabelas enviadas por la madre patria". Hasta aquí el Monumento a Zabala.

Eso de los bancos ocupando la plaza es de una poquedad con entusiasmo que asusta. Íbamos a seguir agregando adjetivos pero nos quedamos con una frase de Winston Churchil, una admirable figura política inglesa de nuestro tiempo, que luego de terminada la II Guerra Mundial en un comentario político dijo: “Si alguna vez se nos ocurriera enviar de administradores del desierto de Sahara a comunistas o socialistas, es seguro que al poco tiempo nos quedaríamos sin arena”.

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