TEMA DE ANÁLISIS

Un problema llamado Brasil: la crisis política agrava la crisis económica

En Brasil comienzan a mezclarse las dificultades en la economía con un escenario político muy trabado y sin señales claras de capacidad de gobierno y toma de decisiones. Una caída en el Producto Interno Bruto (PIB) del 2015 que se suma a pronósticos unánimes de que esta tendencia persistirá este año, conformando una recesión prolongada.

En el horizonte tampoco se vislumbra un rebote porque las previsiones del 2017 tienden a un estancamiento. Con la economía en caída al 4% anual y sin perspectivas de mejora, está ocurriendo un feroz enfrentamiento político y entre poderes del Estado que pone en peligro la institucionalidad y con ella toda chance de recuperación.

El desánimo es generalizado, todos los indicadores de confianza mostraron un deterioro en el 2015. Las previsiones de variación del PIB en el año 2016 son sistemáticamente corregidas a la baja desde mediados del año pasado. En agosto del 2015 el consenso de mercado era de una caída muy leve (-0,2%) que en noviembre ya se había transformado en un panorama de recesión con el -2% de caída. Pero el pesimismo siguió profundizándose y en enero la expectativa era de -3%. Actualmente se encuentra en -3,6% y sigue con perspectiva de baja.

Solamente algunos indicadores de anticipo mostraron en enero alguna señal piadosa al sostenerse en relación a los meses previos pero todavía en niveles que presagian caída en la actividad económica. Por ejemplo, el PMI es un índice líder que cuando marca niveles por debajo del valor 50 está señalando caída en la producción. En enero pasó de 43 a 45.

En el mejor de los casos se está esperando un leve incremento en el PIB en el 2017. De acuerdo al relevamiento que hace el Banco Central de Brasil, la expectativa de mercado para el año que viene es de crecimiento muy leve (+0.4%). Al igual que el pronóstico del 2016, mes a mes ocurre una corrección a la baja en el pronóstico.

Esta evolución contrasta con el desempeño registrado entre 2004 y 2011, período en el que el PIB creció a una tasa promedio del 4,4% anual. El dinamismo de la economía brasileña en esos años junto a la de otros países emergentes llevó a los analistas internacionales a introducir el término BRICs, en referencia al propio Brasil, Rusia, India China y, en menor medida, Sudáfrica.

El elemento común de estas economías es ser mercados emergentes que en el período analizado crecieron a tasas muy elevadas liderando al PIB mundial. Algunas de ellas, como Brasil, Rusia y Sudáfrica se vieron favorecidas por un contexto internacional muy favorable caracterizado por una demanda creciente por sus principales rubros de exportación, cuyos precios promedio se incrementaron tres veces y media en el caso brasileño.

El excesivo optimismo y las fuertes tasas de crecimiento tuvieron la combinación característica de todos los países de América Latina: buenos precios de las materias primas, producción creciente, ingreso de capitales y tecnología en la producción, baja en el tipo de cambio real y expansión del consumo doméstico.

Los cambios que comenzó a procesar el mundo hacia 2012-2013, con un replanteo de la estrategia de crecimiento en China y las expectativas de cambio en la política monetaria en Estados Unidos, pegaron en Brasil antes que en otros países, por ejemplo Uruguay, dada su estructura de exportaciones.

Desde entonces Brasil asiste a un deterioro de sus términos de intercambio. Se redujo el ingreso de capitales y rápidamente la economía norteña ingresó en una desaceleración que desembocó en la recesión actual.

La recesión impacta en el terreno fiscal donde se frenan los ingresos, pero sigue creciendo el gasto. El año pasado el resultado primario (antes del pago de deuda) fue deficitario en -2% del PIB, de forma que al agregar la abultada cuenta de intereses genera un déficit superior al 10% del PIB. Buena parte de este déficit se financia con deuda colocada en el mercado interno y expresada en reales. El contexto inflacionario pasa a ser importante y en la actualidad la variación de los precios al consumidor se encuentra entre el 10,5% y el 11%.

Este escenario llevó a las calificadoras internacionales a retirarle el grado de inversión a una economía que unos años atrás era una de las estrellas del mercado.

Esta semana se propusieron medidas fiscales que levantan algunas de las restricciones que se habían tomado para controlar el gasto. Se solicita la autorización de sacar del ajuste algunos rubros. Esto implica por un lado más déficit y compromete el futuro, pero por otro implica caja para gastar y así contemplar las exigencias de los legisladores en el medio de un contexto en el que los ánimos se dividen entre votar o no el juicio (impeachment) a la presidenta Dilma Rousseff.

Brasil se encuentra en una situación en la que la capacidad de respuesta política es clave y el estado de situación es de los peores en la historia. Con un nivel de incertidumbre total sobre el apoyo que tiene el gobierno para tomar medidas y una falta de éxito total en el ajuste de las cuentas públicas.

Hay una tendencia a la polarización y la comparación de movilizaciones y declaraciones entre un partido de gobierno atrincherado en defender su posición de poder y la oposición jugando su papel por una transición hacia otro escenario.

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