INFORME DE CERES

Problemas y subsidios de hombres a mujeres y de pobres a ricos en AFAP: ideas para cambiarlo

Ceres planteó que “el correr del tiempo empeora la situación, a medida que se incrementan los montos asociados al fin de la etapa de acumulación (en AFAP). La acción debe ser urgente”.

Pesos uruguayos. Foto: Archivo El País
Pesos uruguayos. Foto: Archivo El País

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La reforma jubilatoria que deberá proponer la Comisión de Expertos en Seguridad Social, deberá tener en cuenta la situación que se genera con la renta vitalicia, la parte de la jubilación que se cobra en base a lo acumulados en las AFAP. Un informe del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) planteó que “el correr del tiempo empeora la situación, a medida que se incrementan los montos asociados al fin de la etapa de acumulación (en AFAP). La acción debe ser urgente”.

“El sistema previsional uruguayo funciona bajo un régimen mixto. El Banco de Previsión Social (BPS) recibe el 100% de los aportes patronales y una porción de los personales, y otra parte va a las Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (AFAP)”, indicó Ceres. Hay cuatro AFAP (Integración, República, SURA y UniónCapital) que, en conjunto, administran unos US$ 16.000 millones (más del 25% del PIB), y reciben aportes de 819.024 trabajadores.

Al jubilarse, “para quienes aportaron durante su vida activa al sistema de AFAP, la única opción para recibir los pagos correspondientes a estos aportes es la renta vitalicia. El aporte acumulado por el usuario en dicho sistema es entregado al mismo en forma de renta mensual, mientras viva. En caso de fallecer, el cónyuge o beneficiario estipulado de acuerdo con la normativa recibe una pensión, pero esto está condicionado a su nivel de ingresos”, añadió.

“Actualmente el Banco de Seguros del Estado (BSE) es el único que da ese servicio de renta (lo que se denomina desacumulación)”, recordó.

El sistema tiene varios inconvenientes. Una restricción es que “según la normativa del BCU, dos personas que se jubilan a la misma edad, y tienen la misma cantidad ahorrada, deben recibir la misma renta del BSE, independientemente del estado de salud o el número de beneficiarios que tenga cada usuario. Esto, desde luego, no es lógico, pues los desembolsos que tendrá que hacer el BSE por cada una de esas personas son claramente distintos”, señaló el informe.

Otro problema, es que “el dato que la aseguradora debe tomar para el cálculo de la renta vitalicia se hace en función de una tabla de (mortalidad de) toda la población y no en función del público que demanda estos seguros. Como una alta proporción de los aportantes al régimen AFAP son de altos ingresos, el público que consume estas rentas vitalicias habitualmente cuenta con una mejor calidad de vida que la media, lo que hace que puedan vivir más años”, explicó Ceres.

A eso se suma que la tabla de mortalidad es unisex, pero las mujeres viven más años que los hombres (ocho más en promedio) por lo que hay “un subsidio cruzado de hombres a mujeres”, añadió.

Jubilados sentados en la plaza de los Treinta y Tres Orientales. Foto: Darwin Borrelli
Jubilados sentados en la plaza de los Treinta y Tres Orientales. Foto: Darwin Borrelli (Archivo)

Además, hay “un subsidio cruzado desde jubilados de bajos ingresos a jubilados de altos ingresos, dado que los primeros reciben, en promedio, la renta completa durante menos años, y esto no entra en consideración a la hora de calcular el monto que se le abonará mensualmente”, cuestionó.

“Creemos importante atender ambos aspectos en el rediseño del sistema, con el objetivo de brindar prestaciones más justas a todos los usuarios”, afirmó Ceres.

Según el informe, “la ausencia de competidores en este mercado tiene varios motivos, vinculados al riesgo de cambio de regulación en medio del pago de una renta y también por un régimen muy regulado. En el mercado de renta vitalicia el BCU determina la rentabilidad mínima exigida (o el precio máximo, que, en la práctica, son lo mismo). Si el precio máximo fijado es menor al precio de equilibrio, esto haría que el mercado no fuera rentable para una aseguradora. Sin embargo, dada la ausencia de un mercado competitivo para tener como referencia, es difícil establecer cuál es el precio de equilibrio”.

Otro aspecto es “el descalce de monedas” que “es un causante de la nula competencia. El régimen de Uruguay establece que los pagos mensuales se ajustan por el Índice Medio de Salarios Nominales (IMSN), por lo que las aseguradoras precisan colocar el dinero que reciben en un instrumento que suba al menos tanto como el IMSN, y así poder hacer frente a los pagos sin perder rentabilidad. En el mercado no hay instrumentos suficientes para invertir los montos de las rentas”, criticó Ceres.

En base a esto, propone “una nueva fase en el sistema previsional que diera más opciones al trabajador, futuro jubilado, que contemple las necesidades del afiliado y la sustentabilidad el sistema”.

Así, habría una “fase activa: trabajo, aportes y ahorro (obligatorio y voluntario), una “fase transicional: opcional, de trabajo y cobro de retiros programados” y una “fase pasiva: inactividad laboral y cobro de jubilación mixta (pasividad y renta vitalicia)”.

Ceres explicó que “al momento de configurar causal jubilatoria, el afiliado tendrá una triple ventana de posibilidades: seguir trabajando y acumulando ahorros para mejorar su jubilación” o “seguir trabajando, en igual o menor cantidad de tiempo, y cobrar un retiro programado” o “dejar de trabajar y cobrar la jubilación mixta”.

“La propuesta es de generar un producto nuevo, que no es pasividad, sino un pago mensual denominado: Cupones FARO (‘Fruto Adelantado de Retiro Opcional’) ¿Cómo llegaría a generar fondos para esos cupones FARO? Eso requiere ahorro voluntario y adicional al obligatorio, pero con la garantía de que podrá gozar de la capitalización de los mismos a determinada edad, sin tener que jubilarse para ello”, apuntó Ceres.

“Cada AFAP deberá informar a sus afiliados, claramente para que sea entendíble, sobre oportunidades de ahorro adicional para acceder a ese beneficio”, agregó.

“Este instrumento puede estar vinculado a una modalidad de inversión como se utilizan en otros países, bajo la denominación de Bonos Selfie (Títulos de ingreso en retiro indexados a estándares de vida), pensados para generar renta en la etapa post laboral”, propuso.

“Otra vía diferente, si el trabajador no está dispuesto a realizar un ahorro extra durante la vida laboral, sería la de establecer una variante de fase transicional, que, configurada la causal jubilatoria, combine una pre-jubilación por reparto, y retiros programados por el tramo de ahorros capitalizados. La renta mensual sería menor a la generada con ahorros extra, pero combinaría con un pago parcial de BPS, que no constituya jubilación en sí mismo, pero que vaya por el tramo de reparto. Eso determina que pese a poder jubilarse sigue trabajando, anticipa parte de la pasividad y de la renta por ahorros, lo que se recalculará cuando sí pase a retiro definitivo”, concluyó.

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