INFORME

Las propuestas de impuestos tras el coronavirus de Stiglitz, Piketty y otros economistas

El coronavirus deberá traer aparejado cambios en los impuestos y bajarlos no debería ser una medida, dice un grupo de economistas.

La comisión, integrada por Stiglitz, Piketty y otros, plantea cómo deben ser los impuestos tras el COVID. Foto: AFP
La comisión, integrada por Stiglitz, Piketty y otros, plantea cómo deben ser los impuestos tras el COVID. Foto: AFP

Los gobiernos de todo el mundo deben aumentar la recaudación mediante el impuesto de sociedades y el control fiscal como medidas para lograr la recuperación ante la crisis económica provocada por la pandemia de la COVID-19, según un informe publicado ayer por la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (ICRICT).

“Rebajar los tasas nominales del impuesto de sociedades para estimular la inversión en la reconstrucción no será una opción económicamente efectiva ni socialmente adecuada”, asegura el informe, elaborado por un grupo de economistas, entre ellos el premio Nobel Joseph Stiglitz y el francés Thomas Pïketty.

“Por el contrario, la recaudación sobre los beneficios empresariales debe reforzarse en base a un modelo que intensifique la cooperación internacional y que ponga coto a la erosión de la base y tasas mínimas”, agregó.

Los autores sostienen que “es importante recordar que la capacidad productiva -tanto en capital como en términos humanos- no ha sido destruida ni desviada a otros usos, como ocurriría en tiempos de guerra. No obstante, si la recesión económica se prolonga y se acompaña de un gran número de quiebras empresariales, se producirá entonces una destrucción del capital organizativo y el aumento normal del capital humano y físico que es habitual después de una crisis será entonces mucho más frágil o puede incluso no producirse”.

El informe señala que debido a “la necesidad urgente de recursos públicos, mantener las estructuras tributarias actuales no será una vía de salida suficiente. El desplome de los beneficios empresariales (salvo tal vez en el caso de las grandes multinacionales del comercio electrónico y los proveedores de servicios médicos) desencadenará también una caída drástica en la recaudación del impuesto de sociedades, sobre las rentas empresariales. La contracción del consumo afecta a los niveles recaudatorios por impuestos generales sobre ventas o el IVA reducen la capacidad al igual que las tasas de empleo afectan al impuesto sobre la renta de las personas físicas. Por lo tanto, los ingresos fiscales mundiales probablemente caerán de manera aún mucho más acusada comparada con la crisis financiera entre 2007 y 2009” cuando bajaron 11,5%.

“Las grandes empresas ya están presionando para obtener concesiones fiscales y rescates con el argumento de tener que ‘estimular la inversión de cara a la reconstrucción’. Reducir aún más los tipos nominales en el impuesto de sociedades exacerbaría aún más la ‘carrera hacia el fondo’ internacional en la tributación empresarial con el fin de atraer la inversión extranjera”, agrega.

Según los autores “no hay evidencias que respalden que la tendencia de estos últimos años a rebajar las tasas nominales del impuesto de sociedades haya generado un efecto de estímulo sobre la inversión productiva y el crecimiento”.

Tampoco es el momento de “reducir las tasas impositivas ni de detener los esfuerzos de coordinación fiscal. En un mundo globalizado, esto sólo puede lograrse mediante la cooperación internacional para evitar la evasión y elusión de impuestos por parte de las grandes empresas” afirman los economistas y sugieren “la adopción de una tasa impositiva mínimo efectiva sobre los beneficios globales de las empresas multinacionales de al menos el 25%”.

A su vez, “la idea de aplicar un nuevo impuesto a grandes empresas que cuenten con resultados extraordinarios como resultado de sus condiciones específicas durante pandemia está siendo ya objeto de un amplio debate. Se inspira en precedentes similares de impuestos aplicados durante la segunda guerra mundial a los proveedores de material militar o en casos más recientes sobre ganancias inesperadas de determinados contratos petroleros”, indica el informe.

Para esta comisión “los gobiernos deberían considerar la posibilidad de incorporar mayor progresividad en la tributación sobre los beneficios empresariales, con tasas más altas para las empresas más grandes (especialmente los monopolios/oligopolios) y tasas más bajas para las empresas más pequeñas en los sectores altamente competitivos”.

Agrega que “esto debería incluir impuestos progresivos sobre los servicios digitales, que apuntan a la renta económica de los negocios digitales, de modo que la tasa impositiva aumente a medida que las ventas se incremente”.

“Si los más ricos no acaban soportando una parte proporcional de la carga económica de la pandemia, ni la recaudación nacional sobre impuestos como el impuesto sobre la renta ni incluso la coordinación internacional sobre la tributación empresarial serán suficientes. Por eso, es necesario lograr una tributación efectiva de la riqueza, y en particular sobre los activos en el extranjero (riqueza offshore)”, concluye.

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