HORACIO BAFICO / GUSTAVO MICHELIN

El proteccionismo afecta el empleo y disminuye el bienestar general

La evidencia empírica muestra con claridad que aquellas economías que menos trabas imponen al comercio son las que presentan las mayores tasas de crecimiento a lo largo del tiempo. Esta evidencia da la razón a los planteos teóricos que indican que la libertad comercial es la mejor opción que pueden adoptar las sociedades.

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Los asesores de Trump luchan por calmar los nervios. Foto: Reuters

Sin embargo, en los últimos años se observa un enlentecimiento en el volumen y el valor de lo transado a nivel internacional y crecen las expresiones políticas orientadas a las prácticas proteccionistas. Estas últimas no se limitan a las expresadas por el futuro presidente de Estados Unidos, se originan en varios países luego de la crisis del 2008 y seguramente se encuentren presentes en la agenda de los próximos años.

El comercio entre países impacta en la productividad y en la medida que las economías ganan capacidad de producción logran mayores tasas de crecimiento y mejores niveles de bienestar social. Si las empresas pueden armar su estructura de producción eligiendo la mejor combinación de calidad y precio de sus componentes van a lograr mejoras en su oferta. Cuando se piensa para la sociedad en su conjunto, este proceso permite el uso de los factores de producción de la forma más eficiente. Por ejemplo, no es necesario destinar factores como capital o trabajo para producir algo que se elabora mejor en otra parte y ese capital y trabajo se puede dedicar a aquellas actividades donde son más productivos. Ni más ni menos que el aprovechamiento de las ventajas comparativas de las que ya hablaban los economistas clásicos a comienzos del siglo XIX.

Se trata de uno de los conceptos más importantes del desarrollo teórico de la economía que señala que la mejor asignación de recursos es aquella en la que se vuelcan no necesariamente a lo que yo haga mejor que el resto del mundo, sino a aquellas actividades que yo haga mejor que otras. Es un concepto que empieza mirando más hacia adentro que hacia afuera.

Si cada uno se dedica a hacer aquello que hace mejor ganamos todos, ya que ello permite que los distintos bienes y servicios se produzcan de la manera más eficiente, lo que reduce sus costos. Esa especialización implica que cada uno produce un set acotado de bienes y servicios en cantidades superiores a sus necesidades, lo que motiva el intercambio.

La especialización trae aparejada a su vez el aprovechamiento de las economías de escala. En la medida que las empresas compran y venden en el mundo, pueden aprovechar el impacto que genera invertir en tecnología o aprovechar la escala para bajar costos fijos. Una planta controlada por computadora no siempre se justifica por el tamaño del mercado interno (2 millones de hogares en Uruguay) pero perfectamente puede ser viable con un mercado regional 100 veces mayor. Por supuesto que con más razón se justifica si el objetivo es el mundo.

Prácticamente cualquier producción de consumo depende del comercio internacional. No es necesario pensar en teléfonos celulares, automóviles o equipos tecnológicos. El comercio de insumos está presente en toda cadena de producción.

Pensemos un momento en los principales rubros de exportación del Uruguay. La carne es el producto más tradicional, pero si no hubiera sido por Hernandarias, hoy no habría ganado en nuestro país. Los primeros animales fueron importados. Algo similar puede decirse de la forestación y la soja, que tampoco son productos autóctonos de nuestra región.

Los ejemplos anteriores están estrechamente vinculados a la inversión, variable en la que la necesidad de intercambio con el resto del mundo es más dramática, fundamentalmente para los países de menor desarrollo tecnológico. Pero también lo es para los más adelantados. Ningún país puede desarrollar toda la tecnología y todos tienen que comprar en el exterior buena parte de lo que se necesita para producir.

Las exigencias del comercio hacen que las empresas se fortalezcan. Simplemente el destinar esfuerzo a competir con los mejores eleva las estructuras de las empresas. Por el contrario, si el objetivo es defender un pequeño mercado local, las habilidades que se van a desarrollar no estarán orientadas a la ganancia de productividad ni a ganar el interés de los consumidores. Por lo general, cuando el mercado está a la defensiva del exterior el esfuerzo de las empresas locales se enfoca en lograr que los gobernantes de turno las incluya en la lista de "protegidos".

Da la impresión que la política comercial de Donald Trump partirá de la premisa de no ampliar los acuerdos comerciales y en la negociación de los vigentes poner mayores exigencias, todo con el objetivo de mejorar el empleo. Obviamente esto generará del otro lado una respuesta como ya está ocurriendo en el principal duelo del comercio mundial: Estados Unidos vs. China.

Estas acciones que van en contra del bienestar general, pueden ser beneficiosas en el corto plazo para estas economías que son las primera y segunda potencias del mundo, cuyo Producto Interno Bruto (PIB) supera el 40% del PIB mundial.

Ambos gobiernos probablemente incentiven la radicación de empresas en su territorio, con probables impactos en las distintas cadenas de valor. Varios eslabones, que por razones de costos salieron de EE.UU. a lo largo de la última década y que ya estaban empezando a salir de China, podrían rever esta política y retornar a sus países de origen.

El impacto en el comercio global sería negativo, ya que las principales economías del planeta le comprarían menos al resto del mundo. A su vez en el resto del mundo caería el empleo y por consiguiente la demanda, por lo que las mayores producciones tanto de EE.UU. como de China no podrían volcarse a la exportación.

A mediano y largo plazo las economías grandes también sufrirán. El empleo al que aducen proteger, caerá como en el resto del mundo. Es que el desempleo no resulta del mayor comercio internacional, sino de la falta de adecuación de los recursos humanos a un contexto más competitivo y de constantes cambios tecnológicos. Adecuarlos y construir nuevas ventajas competitivas es el verdadero desafío que enfrentan las economías. Ello no se logra con mayor proteccionismo.

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