MARÍTIMAS

El puerto de Montevideo inmediato a la posguerra

Los barcos de pasajeros que entonces conocíamos por los tradicionales transatlánticos volvieron a la ruta, unos con una clase de tercera mejorada y con la primera y segunda como antaño.

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El barco español “Cabo de Buena Esperanza”. Foto: El País

Como dijimos en nuestra nota anterior, terminado el conflicto los primeros barcos que llegaron a Montevideo fueron los de pasajeros para dar respuesta a los miles de inmigrantes que venían de una Europa destrozada y sin futuro. Con la presencia de la URSS dominando los países del Este y media Alemania, era lógico que se buscaran nuevos horizontes en Sudamérica. Y hay que decir que de España se fueron por millares con la esperanza de nuevas oportunidades, especialmente para Venezuela, y muchos otros lo hicieron para reunirse con familiares, por consiguiente Uruguay recibió a millares de inmigrantes. Antes de seguir avanzando queremos recordar un hecho que nos impactó, y este fue el arribo de 700 inmigrantes menonitas a bordo de un barco holandés llamado “Volendam”, que operó atracado en el muelle de escalas en octubre de 1948.

El barco italiano “Conte Biancamano”. Foto: El País
El barco italiano “Conte Biancamano”. Foto: El País

Así que los barcos de pasajeros que entonces conocíamos por los tradicionales transatlánticos volvieron a la ruta, unos con una clase de tercera mejorada y con la primera y segunda como antaño. Esos fueron los barcos italianos y franceses, como el “Conte Grande” y “Conte Biancamano”, los de la Línea C que fueron el “Andrea C” y el “Anna C”, y el famoso “Achille Lauro”, “Francesco Morossini”, el “Jamaique”, “Groix”, “Desirade” y “L’Atlantic”. Luego estaban los españoles “Cabo de Buena Esperanza” y “Cabo de Hornos”, y por supuesto los famosos ingleses “Highlands” de la Armada inglesa que salían de Vigo hacia el sur. A estas tradicionales líneas se agregaron otras más pequeñas porque el negocio del transporte de pasajeros estaba en auge. Entre estos recordamos los barcos “Sestriere”, “Sises”, y los argentinos “Corrientes” y “Yapeyú”.

Lo cierto es que el puerto de Montevideo tenía casi todos los días un barco de pasajeros proveniente de Europa, y el mismo escalaba de vuelta dos o tres días más tarde desde Buenos Aires para Europa. Es que durante los cinco años que duró la guerra, miles de uruguayos habían dejado de ir al viejo continente donde tenían familiares, sobre todo en España, Francia e Italia, y volvían ahora para un primer reencuentro luego de la prolongada ausencia. Los llamados “pasajes de llamada” se vendían como pan caliente; aparecieron cientos de agencias turísticas y hasta las casas de cambio agregaron la venta de pasajes.

Así que los barcos venían llenos de Europa y se iban completos. Buenos Aires era el final de línea y allá el barco se preparaba para otro tipo de pasajeros más selecto, más demandante, incluso en la comida. Los viajantes más asiduos y por millares fueron los empleados bancarios, aunque una nueva clase media uruguaya surgida de los nuevos negocios de importación y exportación comenzó a florecer y a tomar fuerza.

Pero hay que decir que los mejores camarotes se vendían primero en Buenos Aires, aunque los pasajes se tenían que comprar con un año de anticipación si se pretendía lograr un buen camarote. Lo cierto es que el movimiento de pasajeros que durante cinco años había desaparecido, recomenzó apenas terminó la guerra y trajo al puerto de Montevideo un intenso movimiento de mano de obra, equipos y servicios, incluso los mozos de cordel de los que había por docenas para manejar las valijas de los viajeros.

Algunos fueron famosos. El puerto de Montevideo pasó de solitarios y vacíos muelles a una ocupación total y el antepuerto abigarrado de naves de carga esperando turno para atracar. Los barcos de pasajeros venían por lo general por la mañana y permanecían en puerto horas para zarpar rápidamente hacia Buenos Aires adonde iban la mayoría de los viajeros y la carga. Por los años 52 al 54 aparecieron los nuevos barcos de pasajeros franceses, italianos y españoles, con mayor capacidad, aerodinámicos, más grandes y confortables y más rápidos; se cambió la “tercera clase” por una “clase económica” como se le llamaba, muy mejorada con respecto a las de antaño. El mundo de posguerra estaba cambiando.

Anécdotas

Cuando llegaron a Montevideo los primeros barcos de pasajeros italianos y también los de carga vimos a la inmensa mayoría de sus tripulantes bajar a tierra para comprar 10 kilos de harina y jabón de lavar para llevar a su país. Por lo general iban al conocido almacén de Piedras y Pérez Castellano, pero después descubrieron el puesto de Jacobo Singer en el Mercado del Puerto. A su vez el barco se surtía de miles de kilos de harina para el viaje que compraba en Montevideo y suponemos que también lo hacía en Buenos Aires. Seguramente la comida era escasa en aquella Europa de posguerra. Era costumbre en Montevideo que los familiares de los viajeros subieran a bordo para despedir a sus seres queridos.

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