MARÍTIMAS

Puertos y países: Holanda y Uruguay

Holandeses construyeron su país y sus puertos, pero nosotros les antecedimos en obras portuarias

Holanda y Uruguay
Holanda y Uruguay

En Holanda dicen que Dios construyó el mundo y los holandeses a Holanda, y absolutamente es una verdad que más modestamente nos lleva a extrapolar aquella grandiosa historia marítima con la nuestra portuaria, que si bien es cierto que es obra del Superior, nosotros al menos nos debemos adjudicar algunos méritos porque en su momento supimos honrar la herencia colonial portuaria aprovechando de nuestra bahía sus bonanzas para construir en sus orillas atracaderos primitivos para lanchas; luego con maderas nos adentramos en el mar para recibir embarcaciones mayores; más tarde vinieron los muelles como el que construyó en 1840 don Juan Gowland que era la prolongación de la calle Colón en una extensión de unos 110 metros en el agua. Y antes de que viniera el gran puerto, hicimos obras de relleno desde la calle Piedras como cuatro o cinco cuadras hasta donde están ahora los muelles, y también levantamos los viejos depósitos a fines del siglo XIX aún en pie. Queremos creer que hubo creatividad, ideas, empuje, sacrificio y alma portuaria. Volviendo a los holandeses, ellos lo hicieron todo por necesidad vital, nosotros por civilización y comercio. Lo cierto es que en obras de recuperación de tierras, rellenos y construcción de puertos y dragados precedimos a los holandeses, sin dudar que sus formidables obras hidráulicas fueron admirables, diríamos ciclópeas y acaso únicas en el planeta. Porque la verdadera historia del puerto de Montevideo comienza mucho antes de que Holanda comenzara a rellenar polders para construir parte de su país y sus puertos. Nosotros, por el contrario, lo teníamos todo, solo nos faltaba poner faros para guiar la navegación y unas maderas a modo de embarcaderos de cueros y tasajo, y no lo hicieron criollos sino gente venida del centro de Europa. A mediados del siglo XVIII Montevideo ya era un fondeadero- refugio aceptado y único en el Atlántico y, para ser más precisos, en 1776 fue designado e instalado el Apostadero Naval por la Real Armada Española, la que tenía enorme poder; fue un punto de inflexión en la historia del Uruguay, entonces Banda Oriental. A partir de esto no hubo barco mercante civil o militar de España o de otros países que no hiciera escala aquí en su viaje al sur, a las Malvinas o al Perú, o de regreso a la península o al continente o a Inglaterra. El movimiento en el Puerto de Montevideo era intenso. Por ejemplo, en 1793 entraron 67 navíos que luego salieron cargados con millares de cueros para el continente.



BAHíA úNICA. Es que nuestra bahía, en forma de herradura, era un amplio amparo ideal para protegerse de los vientos y tormentas apenas pasando el fuerte de San José, sobre todo para aquellos barcos de madera bien hechos, con maderas de cedro seleccionadas en el Líbano, pero que eran endebles. Montevideo fue la gran atracción entre los marinos formales, aventureros, desertores, y los inmigrantes del mundo lo eligieron a pesar de ser un país llano y sin montañas, además sin oro ni plata. Era más bien una plaza pacífica, tranquila, europea, saludable, con comida y agua potable abundante. Muchos marinos, algunos enrolados a la fuerza, al llegar a Montevideo desertaban y quienes salían a buscarlos también se perdían en el propósito. Los barcos cuando escalaban en nuestro primitivo puerto permanecían no menos de un mes, sobre todo embarcando agua potable y cueros, ya había “tasajo” o “charque” en 1740, producto de cientos de saladeros. Esos tripulantes, cuando regresaban a Europa, por el boca a boca transmitían maravillas de nuestra tierra, de nuestra ciudad, del puerto que se proyectaba y de sus abundancias, y de un puerto bien europeo. Y eso transformó a esta Banda Oriental en una tierra de inmigrantes, cosa que no ocurría con los otros países sudamericanos. Sobre todo fue una inmigración integrada por canarios, españoles, italianos, franceses, alemanes, ingleses, griegos y de Europa Central, como dijimos más arriba, integrada principalmente por croatas, yugoslavos, rusos, búlgaros con predilección por los trabajos portuarios, marítimos, y labores rudas que implicaban trabajar sin mirar el sacrificio.

Hubo momentos en que la población de la Banda Oriental era 54% extranjera. La inmigración francesa influyó en lo intelectual, pero sobre todo los croatas, eslavos, rusos y polacos fueron hombres de emprendimiento, de coraje, de lucha por la vida, ellos construyeron los primeros muelles, instalaron talleres navales, saladeros, astilleros, barcos de cabotaje, y fueron los primeros marinos uruguayos u orientales de nuestra gran flota de cabotaje, cuando todo funcionaba a caldera y carbón.

En 1814, los terrenos de Javier de Viana alrededor de la bahía, fueron parcelados en 78 solares entre Arroyo Seco y el dique Cibils (dique de la Armada), y casi todos se convirtieron en depósitos o barracas, y la mayoría les construyó muelles, algunos muy buenos, para servir de enlace con los barcos de ultramar fondeados en la bahía en servicios múltiples.

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