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“No se reactivará el empleo sin recapturar la inversión”

El senior manager de PwC, Marcos Soto, analiza los principales factores para lograr atraer capital extranjero y los desafíos que existen por delante

Marcos Soto asegura que “el Mercosur como bloque es proteccionista y esto afecta a Uruguay,  que carece de un mercado interno de relevancia”.
Marcos Soto asegura que “el Mercosur como bloque es proteccionista y esto afecta a Uruguay, que carece de un mercado interno de relevancia”.

En estos últimos días revivió el debate de cómo el Uruguay puede incrementar la captación de inversiones y así reactivar la creación de empleo. Incluso el Gobierno presentó un paquete de medidas adicionales en este sentido. El reciente estudio de PwC “Global investor survey” intenta entender las preocupaciones del inversor a la hora de tomar sus decisiones. A continuación la entrevista con el senior manager de la firma, Marcos Soto, quien detalla los principales factores para reactivar la captación de inversión.

¿Cómo ha evolucionado la inversión en Uruguay y en particular la inversión extranjera?

Uruguay vivió un proceso extraordinario de llegada de capitales en la década 2005-2014. En esos años, la captación de inversión extranjera alcanzó US$ 1.985 millones como promedio anual, es decir, 20 veces más de lo que se recibió en toda la década de los 1990 y nueve veces más si lo medimos versus la evolución del PBI. Eso generó condiciones favorables para el país en su conjunto, principalmente para la creación de empleo y oportunidades para todos. Esos inversores valoraban mayoritariamente la estabilidad jurídica y las condiciones macroeconómicas. Ahora bien, se observa una notoria y preocupante retracción de la inversión en Uruguay en estos últimos tres años. En 2017 se desplomó. El dato de cuentas nacionales marca un retroceso de 15,5%, acentuada en la caída de inversión privada. Es la menor tasa de inversión desde el 2005.

¿Cómo nos posiciona esta retracción?

Es preocupante, por lo que implica para potenciar nuestro desarrollo. Claro, que es un fenómeno que se dio en el mundo. Los flujos de inversión cayeron un 16% en 2017, ojo a emergentes crecieron un 2%. Si bien la mayoría de los países del continente sufrieron caídas, es cierto que algunos lograron captar con mayor avidez los flujos que llegaron. Nos debemos un gran trabajo de diversificación por origen de la inversión que indudablemente potenciará los capitales que lleguen. El segundo mayor inversor mundial son los capitales de origen China, pero en Uruguay su participación es marginal.

¿Qué puede hacer Uruguay para reposicionarse como destino preferente?

Primero hay que preguntarnos si aquellos fundamentos que nuestro país muestra con orgullo en el exterior para posicionarnos -me refiero al conjunto de estabilidades sumado a incentivos de tipo fiscal-, siguen siendo determinantes a la hora de tomar la decisión de invertir.

En PwC a nivel global hemos intentado identificar esos elementos de valoración actual y concluimos que el 41% de los inversores están muy preocupados por las amenazas cibernéticas o perturbaciones tecnológicas, considerándolas la mayor amenaza para los negocios, subiendo del quinto puesto en 2017 al primero. Es el mundo en que vivimos. Además, los inversores clasifican la incertidumbre geopolítica (39% extremadamente preocupados), la velocidad del cambio tecnológico (37%), el populismo (33%) y el proteccionismo (32%) entre las cinco principales amenazas.

Entonces en este nuevo escenario, ¿qué pasos deberíamos dar?

Profundizar el buen trabajo que realiza nuestra agencia de promoción (Uruguay XXI) es fundamental. Esto es una condición necesaria pero no suficiente. Tenemos que tomar como insumo cuáles son esos vectores de decisión de los inversores para evaluar cómo estamos y en tal caso mejorarlos.

Uno de los que posiblemente más nos toque es el “populismo”, fenómeno que es independiente de la orientación política. El economista Martin Lousteau lo define como la subordinación permanente del largo plazo, al corto plazo. La inversión (extranjera) directa, a diferencia de la especulativa, se caracteriza por el ánimo de permanencia. Esto es el largo plazo. Si una economía tiene recurrentemente un horizonte temporal de corto, al final esa cuenta se paga, y el inversor eso lo sabe. No estoy diciendo que el Uruguay esté atravesando un proceso de esta naturaleza, pero discusiones públicas recientes como el llamado tema de los cincuentones o la ley de vivienda sin fuente de financiamiento son síntomas de como el largo plazo puede verse desplazado del análisis.

según estudio

Un futuro más nacionalista y proteccionista

Estados Unidos, China, Alemania, Reino Unido e India son los destinos más relevantes para la inversión en 2018, según la Global Investor Survey 2018, elaborada por PwC a partir de la opinión de más de 600 inversores en todo el mundo. En este punto, los entrevistados concordaron en que se va hacia un mundo mucho más fracturado, marcado por un aumento de los nacionalismos y del proteccionismo económico. Es por eso, que cada vez más, deberán convivir diferentes sistemas de libertades y ordenamientos jurídicos, señala.


¿Qué otros factores pueden incidir?

El “proteccionismo”. Uruguay ha hecho esfuerzos por intentar salir al mundo y mostrarse como una economía abierta. Pero pertenecemos a una unión aduanera que se ha caracterizado por lo contrario. El Mercosur como bloque es proteccionista. Y esto es particularmente sensible en Uruguay que carece de mercado interno de relevancia. La inmensa mayoría de las inversiones tendrán inevitablemente el interés de colocar lo producido en el exterior. Hoy más del 60% del comercio internacional se realiza entre grupos vinculados formando cadenas globales o regionales. Pero para ello se necesita fluidez y eficiencia aduanera. Entonces como país debemos facilitar esos flujos comerciales, y sobre todo hacerlos eficientes.

Y por otro lado, el concepto de sobre-regulación. No se rechaza la regulación sino a un exceso de la misma. Ese marco inicial pasa a ser un corcet que aprieta e inmoviliza. Es muy difícil identificar el equilibrio, pero si está la sensación de que a cada paso que debo dar encuentro rigideces, o elementos burocráticos posiblemente estemos en mercado “sobreregulado” y eso claramente no contribuye. Creo que estos son los elementos prioritarios en la actualidad más allá de estímulos fiscales puntuales a la inversión. Lo que sucede es que otros países también implementan sus propios paquetes de incentivos entonces no termina siendo un diferencial.

Por último, lógicamente el inversor buscará su rentabilidad por el riesgo operativo asumido donde los “costos país” juegan un rol decisivo. En este punto más allá de temas estructurales como lo es el desafío educativo, deberíamos poder mostrar con mayor énfasis que inversiones que se han hecho con fondos públicos, hoy repercuten positivamente en la competitividad y conectividad del país.

¿Existe el riesgo de que se haga esfuerzos de captación, pero la inversión que llegue no termine generando el empleo previsto por procesos de automatización?

Diría que más que el riesgo existe quizás certeza de que emprendimientos posiblemente ya vengan enmarcados en nuevos procesos dotados de nuevas tecnologías y, por tanto, que la demanda laboral sea menor en términos relativos con el pasado. Pero eso para el Uruguay es un dato. No podemos renunciar al incesante trabajo de promoción y captación.

Debemos asumir la realidad, asimilarla para entender los nuevos contextos. Países desarrollados, lógicamente con mayores posibilidades de acceso a tecnología y automatización presentan niveles de pleno empleo (Japón 2,2%, EE.UU. 4%, OCDE 5,5%), entonces es posible incorporar tecnología y crear empleo de calidad y posiblemente mejor remunerado. Por ello, volver a lo del comienzo. No podemos perder de vista que la captación de inversión no es un fin en sí mismo. Es un medio para la creación genuina de oportunidades y empleo de calidad para todos.

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