PARA ACHICAR LAS DIFERENCIAS

La "receta" para mejorar la inserción laboral femenina

Investigación sugiere qué se puede hacer desde las políticas públicas.

Vivir en pareja y tener hijos pequeños puede ser un desafío para las mujeres que quieren salir al mercado de trabajo. Foto: Pxhere
Vivir en pareja y tener hijos pequeños puede ser un desafío para las mujeres que quieren salir al mercado de trabajo. Foto: Pxhere

El mercado laboral en Uruguay presenta desigualdades de género. Un trabajo presentado días atrás se puso como objetivo identificar cuáles son los obstáculos que las mujeres deben sortear en este terreno, y también dar una lista de sugerencias para ver cómo se pueden superar.

"Las claves para el empoderamiento económico de las mujeres en Uruguay" —de las economistas Alma Espino y Soledad Salvador y dado a conocer la semana pasada en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración— pone el foco en el rol de las políticas públicas para achicar la brecha que existe en este campo entre los géneros.

En esta línea, recuerda —tomando datos de las Encuestas Continuas de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE)— que solo algo más del 50% de las mujeres uruguayas en edad de trabajar forman parte del mercado laboral. "No solamente alcanza con decidirse a participar en el mercado laboral, es necesario obtener un empleo y un empleo cuya remuneración justifique dejar en manos de terceros las tareas domésticas y de cuidados, o aumentar nuestro tiempo de trabajo", señalan las autoras.

De hecho, las mujeres que viven con sus parejas y además tienen hijos chicos que no concurren a un centro educativo y tampoco cuentan con servicio doméstico "tienden a ver restringidas sus posibilidades de participación en el mercado laboral", marca la investigación. Estos factores, en cambio, tienen una incidencia positiva en el ingreso al mundo del trabajo por parte de los hombres.

En el caso de las mujeres que sí tienen un empleo, en tanto, el estudio halló que las que viven en pareja tienden a reducir la cantidad de horas que trabajan por día, mientras que en el caso de los hombres pasa lo contrario. Lo mismo se constata cuando tienen hijos menores de cinco años.

"Un argumento muy importante para las políticas públicas consiste en que la disponibilidad de servicios domésticos o de cuidados infantiles contribuye con la inserción de las mujeres en ocupaciones de mayor remuneración", asevera el estudio.

En esta área se analizan diferentes programas y políticas llevadas adelante por organismos del Estado que tienen como fin el empoderamiento económico de las mujeres. De 22 programas estudiados, seis (27%) fueron ideados con perspectiva de igualdad de género (es decir, que se considera el potencial que tienen para modificar las desigualdades que existen). Las autoras afirman que cuando se carece de esto, se tiende "a reproducir o reforzar esas desigualdades". En tanto, siete programas (32%) incorporan alguna medida o acción "positiva", mientras que nueve (41%) no lo hacen para nada.

Propuestas.

Para revertir esta situación, se sugieren una serie de medidas. "Para mejorar la inserción de las mujeres en el mercado laboral es muy relevante la provisión de servicios de cuidados, licencias, adaptación de las condiciones laborales, modificación de los estereotipos de género", marca el trabajo.

Añade, asimismo, que "la formulación de políticas públicas integrales que promuevan las corresponsabilidad en los cuidados no solo favorece el bienestar individual de las personas (cuidadas y cuidadores), sino que contribuye con el desarrollo económico y social del país".

Con esto como telón de fondo, se propone, primero que nada, que se lleven adelante políticas públicas con "perspectiva de género". Estas, define el trabajo, son "aquellas que reconocen que mujeres y hombres tienen diferentes necesidades debido a que desempeñan diferentes roles en la sociedad y viven de manera diferente los mismos problemas".

A su vez, se sugiere también que estas políticas sean juzgadas y monitoreadas desde ese lugar. "Se hace imprescindible evaluar desde la perspectiva de género todas las políticas (pensadas o no con este enfoque), para poder encauzar los resultados en favor de la igualdad de género", se afirma.

Otro de los puntos sobre los que se realizaron sugerencias fue la "obligatoriedad en la capacitación y sensibilización sobre la incorporación de la perspectiva de género y sensibilización" de los responsables de las políticas. En este aspecto las economistas señalan que "parecería no existir una verdadera voluntad política para incorporar efectivamente la perspectiva de género en el accionar institucional".

A su vez, se hace hincapié en la importancia de los servicios de cuidados. En la mayor parte de los programas que se estudiaron, marca el trabajo, "no está incluida una partida para contribuir a resolver las responsabilidades de cuidados de personas dependientes a cargo de las beneficiarias".

En este sentido, se agrega que la puesta en marcha del Sistema Nacional de Cuidados "busca que se favorezca la redistribución de las responsabilidades laborales y familiares entre hombres y mujeres, que contribuya a reducir la carga de trabajo femenina y, con ello, impulse la plena participación de las mujeres en el mercado laboral y en los ámbitos sociales, políticos y culturales de manera igualitaria y justa".

Para finalizar, el trabajo enfatiza que es fundamental "pasar" de la voluntad política "formal" a la "real" y que se tenga como prioridad y meta la igualdad de género a través del empoderamiento económico de las mujeres.

Brecha salarial es de 23,9%

Una nota del suplemento Qué Pasa, publicada la semana pasada, recordaba que gracias a datos de la Encuesta Continua de Hogares del INE de 2016 la consultora CPA Ferrere había establecido que en Uruguay los hombres perciben 23,9% más salario que las mujeres. Además, esta diferencia se amplía en las personas con más años de educación formal. "Cuando vas a la población con posgrado la brecha es de 31% en vez de 23,9%", indicó Agustina Sanguinetti, economista de la firma, consultada en el marco de ese informe. Esta diferencia también se ve a nivel jerárquico: el 67% de los puestos gerenciales es ocupado por hombres y el 33% por mujeres, de acuerdo a datos procesados por Inmujeres, del Ministerio de Desarrollo Social (Mides).

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