GLORIA SORENSEN

"Reducción del déficit será por vía de mayores impuestos"

Es economista jefe de BBVA Research (la unidad de análisis económico del banco) para Uruguay y Argentina.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Para pegar el salto, es necesario que crezca a un mayor ritmo la inversión". Foto: A. Colmegna

Anteriormente trabajó en el Banco Central argentino y dio clases de Historia Económica. En entrevista con El País, consideró que la reducción del déficit fiscal será “más lenta” de lo planeado por el gobierno y que por la rigidez del gasto, la vía impositiva es la única para alcanzar la meta oficial de -2,5% del PIB al final del período. También ató el futuro crecimiento a la mayor inversión y la concreción de la nueva planta de UPM. Sobre Argentina, analizó que varios sectores claves se están recuperando y que este año retomará la senda de crecimiento.

—¿Los cambios impositivos implementados en 2017 serán suficientes para reducir el déficit fiscal hasta la previsión del gobierno (-2,5% del PIB al final del período)?

—La reducción nosotros creemos que va a ser un poco más lenta de lo que estaba planteado originalmente y será por vía de aumento de impuestos. Ya hubo uno del IRPF y este año no creo que haya novedades, pero probablemente para seguirlo bajando tendrá que haber más. Da la impresión que el objetivo es mantener el gasto primario constante en términos reales, aunque los gastos que tienen que ver con las pasividades y la salud ya tienen cierta inercia (de incremento) por decisiones anteriores.

—¿Un mejor desempeño de la economía podría ayudar por vía de impuestos indirectos?

—Obviamente si la economía crece más de lo esperado mejora la recaudación, pero no mejora en términos del PIB. Salvo que haya algún factor que mejore la elasticidad, para que por cada punto de crecimiento recaudes más, como más eficiencia o menor elusión, pero son cosas para ver muy en el largo plazo.

—¿De no lograr bajar el déficit puede correr riesgo la calificación crediticia de Uruguay y el grado inversor?

—No. Lo importante del déficit no es el tamaño en relación a otros países sino la tendencia y lo relevante para mantener la calificación y el acceso a los mercados es la dirección (que tiene). Hay que ir reduciéndolo y tener un plan de cómo reducirlo que sea explícito y creíble, no ir en la otra dirección de subir el déficit permanentemente porque llegado cierto momento eso tiene un impacto. Uruguay todavía tiene espacio para ir reduciéndolo gradualmente sin que impacte en el financiamiento.

—La inflación se moderó en los últimos meses. ¿Prevén que siga en esa línea?

—Sí, estimamos 8,4% este año y 8% para el que viene. Es decir la inflación alejándose de la zona de riesgo del 10% y con una baja gradual, pero todavía fuera de la meta del Banco Central (BCU).

—¿Y para el dólar qué evolución se espera?

—Este año pensamos un dólar a $ 31,5 a fin de año, que implica una devaluación de alrededor del 10%, es decir, un poco mayor a la inflación. O sea que Uruguay debería recuperar competitividad en términos relativos, porque todavía está un 20% atrasado con respecto a los promedios de largo plazo.

—¿Todo esto lleva a presagiar una leve aceleración del PIB en los próximos años (N de R: la entrevista fue realizada previo al dato de PIB anual de 2016 conocido el jueves)?

—Sí, nosotros tenemos una previsión de 1,3% de crecimiento este año y 2,6% para 2018, aunque muy dependiente de que se haga la tercera planta de celulosa porque ahí se volvería a ver un crecimiento fuerte de la inversión. Por ahora vemos una recuperación del consumo y la inversión pero no a un ritmo muy fuerte y para pegar el salto se necesita aumentar a mayor ritmo la inversión.

—A propósito de la nueva planta de UPM, la negociación está centrada en la infraestructura. ¿Cuál es la situación de Uruguay en ese aspecto?

—Es un tema que venimos marcando desde hace años por la competitividad. En mi primera visita a Uruguay acababa de salir la ley de PPP (Participación Público-Privada) y había mucho optimismo sobre la velocidad con la que se iba a avanzar en infraestructura, pero eso no se materializó en la realidad. Hubo mucha inversión en energías renovables pero en todo lo que es el sistema de transporte se avanzó lentamente. Lo positivo es que la ley ya está reglamentada y que Uruguay tiene una calidad institucional que haría posible una inversión privada en infraestructura relativamente importante, pero se deben ir solucionando los problemas de gestión y las trabas que surgen de la letra fina de la ley.

—¿En Argentina prevén que llegue en 2017 la recuperación que anunció el gobierno para el segundo semestre de 2016?

—Sí, tenemos una estimación de 2,8% de crecimiento para este año y 3% para 2018. La industria y la construcción, que fueron dos sectores que cayeron muy fuerte el año pasado, están empezando a crecer; esto se relaciona con otros dos factores positivos: uno es Brasil, que impacta en la industria sobre todo en el sector automotriz y el otro es la obra pública, que finalmente despegó, lo que se vio en el número de licitaciones que en los últimos meses de 2016 empezaron a duplicarse respecto al mes anterior. También el agro ya está creciendo fuerte y la inversión privada está llegando para casos puntuales pero todavía no vemos un crecimiento generalizado.

—¿Macri cambió sus prioridades y dejo de lado el objetivo de reducción fiscal?

—Cambió el ritmo de consolidación fiscal respecto a lo que se había anunciado pero ya el año pasado. Esto fue porque Macri no tenía mayoría en ninguna de las cámaras (del Congreso) y se aprobaron muchas leyes importantes que llevaron una negociación muy fuerte con la oposición peronista que está en ejercicio de las funciones como gobernadores e intendentes. Eso trajo una serie de concesiones fiscales en aras de la gobernabilidad en 2016, porque para 2017 ya se había anunciado que iba a ser muy poca la reducción del déficit.

—¿Cuáles son los principales problemas que mantiene Argentina?

—Siempre está el tema de la apreciación cambiaria y los problemas de competitividad que son en muchos casos similares a los de Uruguay. También el gobierno está trabajando en reducir la informalidad, que es otro de los problemas estructurales, a través de la bancarización para tratar de agrandar el tamaño del sistema financiero. Otro tema que se empezó a analizar, y que es uno de los más difíciles, es reducir la presión tributaria que es muy alta en Argentina.

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