ESTUDIO DEL BANCO MUNDIAL Y LA CEPAL

El reto del envejecimiento progresivo

¿Cómo sostener el crecimiento económico dentro de 20 años con fuerza laboral en baja?

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La población se encuentra en una etapa de avance progresivo del envejecimiento. Foto: Archivo.

Uruguay iniciará dentro de aproximadamente dos décadas una etapa de "progresivo envejecimiento de la población" que determinará una desaceleración continua del crecimiento. Para enfrentar este proceso "hay una condición suficiente" que es mejorar la productividad, según las conclusiones de un informe demográfico elaborado por el Banco Mundial (BM) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

El estudio titulado "Cambio demográfico y desafíos económicos y sociales en el Uruguay del siglo XXI" fue presentado ayer en la Facultad de Ciencias Económicas por dos de sus autores: Verónica Amarante (Cepal) y Rafael Rofman (BM).

Amarante explicó que Uruguay está transitando por una etapa de "bono demográfico" —crecimiento de la Población Económicamente Activa (PEA)— que se extenderá entre 12 y 21 años más, que debe aprovechar para generar un crecimiento de la actividad. Luego, se revertirá el proceso y cambiará la estructura etaria del país, con un mayor porcentaje de jubilados y menor cantidad de nacimientos.

Esta dinámica "es positiva porque responde a avances en la sociedad", indicó Rofman. Pero en contrapartida, provocará un aumento de las presiones fiscales por el mayor número de jubilados, así como también un mayor gasto público destinado a la salud.

Según los cálculos presentados, hacia 2070 el gasto social de Uruguay significará un 30% del total, cuando actualmente se ubica en 24%.

A su vez, los cambios en la dinámica demográfica provocarán una caída de la población en edad escolar que teóricamente liberaría recursos del Estado. Pero los investigadores apuntaron que se debe mejorar el gasto en enseñanza que es bajo en relación a otros países, aunque también la calidad de esos desembolsos.

Ante este escenario "el gran desafío es ver qué hace falta para encontrar una senda de crecimiento sostenido en un contexto donde la fuerza de trabajo se va a reducir", expresó el representante del BM.

Trabajo.

Planteado este panorama futuro, Amarante expuso que la respuesta al problema podría darse por cambios en el mercado laboral. Al respecto, mencionó que se podría incrementar la participación de las mujeres, que evolucionó en los últimos años pero sigue siendo desbalanceada en relación a los hombres.

La investigadora trabajó bajo tres hipótesis: que el mercado laboral progrese manteniendo la actual tasa demográfica de participación de géneros y edad; que las mujeres aumenten su intervención (se tomó como referencia los niveles de Suecia); y que mejore el nivel educativo lo que provocará tasas de actividad más importantes.

En el primer escenario planteado hacia el 2100 el porcentaje de la PEA se reduciría al 54%, cuando actualmente se ubica en 63,8%. En el segundo caso "por algunos años se logra tener mayor cantidad de trabajadores y una presión fiscal no tan alta, hasta equiparar (la actividad por géneros), pero después se retoma la tendencia" a la baja. En la tercera hipótesis también ocurre una caída de la actividad, aunque en niveles más leves que en el primer caso.

Estos resultados llevan a concluir que no hay forma que el mercado laboral pueda alivianar, al menos de forma sostenida, la tasa de actividad. "Eso nos hace pensar en otros factores que puedan sostener el crecimiento", apuntó Amarante.

Productividad.

Rofman fue el encargado de exponer los factores macroeconómicos y explicó que existen tres fuentes potenciales de crecimiento: el capital físico, el capital humano y la productividad. Analizó que el aumento del Producto Interno Bruto (PIB) de Uruguay en la última década estuvo explicado por una incidencia de 25% de los dos primeros factores y un 50% provino de la productividad. "(La mejora de) la productividad ha sido muy fuerte y alta comparada con la historia del Uruguay, sería maravilloso sostener ese porcentaje de incidencia", dijo Rofman. Sobre el capital físico, manifestó que la tasa de ahorro de los uruguayos en relación al PIB "ha sido muy baja y lo sigue siendo".

Al igual que Amarante, Rofman planteó escenarios hipotéticos a futuro para ver el progreso del PIB en cada caso: con una fuerza de trabajo en caída por la evolución normal de la demografía; con una mejora de la base educativa que redunde en más actividad y mejor productividad; con una productividad que mantiene una incidencia de 33% en el crecimiento total del PIB; y con una productividad que explica el 1,5% del PIB cada año.

Los resultados indican que en el primer escenario Uruguay "tendría un problema muy serio" producto de las altas presiones fiscales que habría y el bajo nivel de trabajadores activos. Para el segundo caso, el crecimiento "se va deteriorando pero es positivo".

Mientras que los otros dos escenarios que ponen a la productividad como factor preponderante del crecimiento "muestras perspectivas muy positivas", explicó Rofman. De esta manera, concluyó que la respuesta a la consigna inicial está en la mejora de la productividad.

"Es importante mejorar la participación en el mercado de trabajo de las mujeres y también de los adultos mayores, pero para efectivamente conseguir tener una economía dinámica que siga generando más bienestar en las próximas décadas lo que hace falta es que haya un desarrollo muy importante de la productividad", remarcó.

Mencionó que se requerirá de mucha innovación, incorporación de nuevas tecnologías y trasladar trabajadores de empleos de baja productividad a otros de alta productividad. Para eso se deberá "mover la herramienta productiva de Uruguay, desde las actividades básicas a aquellas de alta calidad y ese es el desafío", concluyó.

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