VITIVINICULTURA

Un sector que continúa en problemas: “Salió mucho vino pero entró poco dinero”, dice el gobierno

La industria del vino tiene un problema de sobrestock que arrastra hace años. La exportación es la solución, pero la mayor parte de lo que se vende al exterior es a granel y no tiene valor agregado.

Bodega de vino en Uruguay. Foto: Archivo El País
bodegas. Había 439 hace 25 años y actualmente hay 165 establecimientos. Foto: Archivo El País.

El sector vitivinícola uruguayo sigue en problemas aunque ha tenido avances en los últimos tiempos y una ayuda inesperada: el clima jugó a favor de una menor cosecha de uva, con lo que habrá menos excedente de vino.

“Si bien estamos estabilizando el mercado interno, lo que producimos es más de lo que consumimos”, resumió el presidente del Instituto Nacional de Vitivinicultura, José María Lez ante la comisión de Ganadería, Agricultura y Pesca de Diputados.

Hace 25 años el sector ocupaba unas 12.000 hectáreas y contaba con 439 bodegas. Actualmente, hay 6.141 hectáreas de viña, unos 1.000 productores de uva y 165 bodegas.

“Hemos pasado por distintas instancias en las cuales tanto el consumo como las proyecciones a futuro han tenido un cambio cultural muy fuerte y una proyección de futuro que se empezó a estabilizar”, señaló Lez.

En lo que va de 2019 el consumo “tiene un comportamiento similar” al de los últimos cuatro años: 15.800.000 litros de vino nacional y 762.000 litros de vino importado, explicó. En el mismo período de 2013 se consumieron 19 millones de litros de vino nacional y 628.000 litros de vino importado.

“El vino importado ha tenido un comportamiento casi estable y el vino nacional ha tenido una caída importante”, remarcó Lez.

“Del 2015 para acá hubo una estabilidad en el consumo. En 2015 se consumían 68 millones de litros de vino en el año y en 2018 fueron 64 millones. Pero en 2015 frente a 2010, el consumo de vino nacional ya había caído en 4.900.000 litros.

“En 2015 hubo una caída de 13 millones de litros (con respecto a 2010) de vino en damajuana. Esa caída fue recuperada por los demás envases”, señaló Lez.

“Eso marca una línea clara de algo cultural: el consumidor va cada vez más al envase cerrado” en detrimento del vino suelto, agregó.

El presidente del Inavi fue consultado acerca de si la ley de “alcohol cero” (que prohibe manejar con cualquier grado de alcohol en sangre) fue responsable de esa caída en el consumo de vino.

“La ley de alcohol nos quitó la posibilidad de crecimiento. Eso se ve claramente. Cambió la forma de consumir vino. Si el consumo no cayó con la ley, tal vez sin ella hubiera crecido. Ahora: es una normativa que no prohibe tomar vino, sino conducir habiendo tomado cualquier bebida alcohólica”, respondió.

El problema del sector con ese consumo interno, es que “el excedente de vino que tiene Uruguay en una cosecha normal es de 15 millones a 18 millones de litros anuales”, señaló el titular del Inavi. “El excedente nos está complicando”, agregó.

La alternativa es exportar ese “sobrestock” de vino. Pero allí hay un problema: en 2018 “salió mucho vino, pero entró muy poco dinero” dijo Lez. Es que se exportaron 4.169.000 litros de vino en botella que generaron US$ 15,9 millones y 14.400.000 litros de vino a granel que representaron un ingreso de US$ 5,14 millones.

Es que el vino a granel es un “cometido”, una “válvula de escape” para que “no sature el mercado interno”, explicó.

“El objetivo del plan estratégico es generar marcas y botellas que exporten” y “llegar al 2022 con entre 12 millones y 15 millones de botellas exportados. Recién estamos en 4 millones pero vamos creciendo, aunque tal vez no a la velocidad que deberíamos”, apuntó el presidente del Inavi.

Es que “para que un país nos compre vino envasado, tenemos que ofrecer lo que el consumidor quiere y con una calidad competitiva”, indicó. Por eso es “importante empezar a tener un plan de reconversión” ya que “lo que a Uruguay le excede es lo que no se demanda. Lo que se demanda se coloca muy rápidamente, como el tannat y variedades de demanda mundial, de tintos y blancos de calidad”, señaló.

La dificultad es que cambiar una plantación de viña (para tener otra variedad) lleva unos cuatro años antes de empezar a producir.

“No me gusta decir esto, pero el clima y la situación de este año favoreció, en alguna medida, (a bajar) el sobrestock” ya que se produjeron 83 millones de kilos de uva, cuando en un año normal son unos 100 millones de kilos.

Endeudamiento y costos del sector del vino

Lez se refirió al endeudamiento del sector que está “en una situación diferente” a la de hace algunos años. “El endeudamiento del sector vitivinícola” con el Banco República “no es grave” y es “mucho menor al que había hace años”, indicó tras haber hablado con autoridades del banco.

“Por supuesto, hay casos particulares, que tienen otro comportamiento”, añadió.

Respecto a los costos que enfrenta el rubro, el representante del gobierno dijo que “la mano de obra hoy es un factor que incide de manera muy importante”.

“Esto es así porque, por suerte, los salarios son buenos, aunque no es un tema en el que yo me meta. La mano de obra hoy incide muchísimo en la producción nacional. En algunas empresas que no han podido tecnificarse tal vez tenga una incidencia cercana al 70%”, complementó.

En ese sentido, destacó la rebaja del 20% de la facturación real de energía que implementó UTE para pequeñas y medianas empresas.

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Enoturismo otra forma de negocio para bodegas

Actualmente “hay más de 50 bodegas” que reciben visitas de turistas y desde el Inavi se trabaja en un “observatorio de enoturismo” para saber qué cantidad de turistas lo practican y qué participación tienen, indicó el presidente del Inavi, José María Lez. “Esto tiene varias puntas. Una es la radicación de los jóvenes en actividad, generalmente son ellos los que llevan adelante estos emprendimientos como los gastronómicos”, explicó. Por otro lado, bodegas grandes que se dedicaban al envase de damajuana de 10 litros, “hicieron su reconversión” para “dedicarse más al vino fino y tener esa otra unidad (la de turistas) que se considera como una exportación paralela, porque cada visitante se lleva tres botellas”, agregó.

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