Un Vecino en Dificultades

Los "shocks" tarifarios "graduales" en Argentina le meten presión a la inflación

La gradual recomposición tarifaria de los servicios públicos que lleva adelante el gobierno de Mauricio Macri sorprende cada par de meses a los argentinos con fuertes aumentos que le meten presión a la meta de inflación, cuyo cumplimiento no pocos ponen en duda.

Macri debe dar respuestas a las dificultades que genera el esquema económico actual. Foto: Reuters
Macri debe dar respuestas a las dificultades que genera el esquema económico actual. Foto: Reuters

El pasado miércoles las autoridades anunciaron que las tarifas de gas natural, que ya se habían incrementado un 45% en diciembre, aumentarán ahora hasta un 40%.

Pero eso no es todo: los peajes en autopistas urbanas subieron el jueves pasado13,4% y los boletos de trenes y ómnibus urbanos, que ya habían sufrido un alza en febrero, aumentaron cerca de un 12% ayer.

"Son aumentos exagerados porque son muchos aumentos juntos y los salarios no aumentan en la misma proporción y, en consecuencia, se produce un deterioro en la calidad de vida de amplios sectores, sobre todo de clase media", advirtió a EFE el fundador y representante de la asociación Consumidores Libres, Héctor Polino,

A poco de asumir la Presidencia argentina, a fines de 2015, Mauricio Macri emprendió varias medidas para "normalizar" la economía, entre ellas recomponer las tarifas de los servicios públicos, por años congeladas, y así bajar los subsidios públicos a las empresas de servicios y estimular la inversión de las compañías.

"Es una política gradual porque los aumentos no se hacen de una sola vez, sino desde 2016 y hasta 2019. Pero, no obstante, esa quita gradual es muy importante y está produciendo un shock en el proceso inflacionario del país", señaló Polino, para quien las alzas son "exorbitantes y desproporcionadas".

"Gradualismo" o "shock" son precisamente los extremos entre los que se dirimen el propio gobierno y buena parte de los economistas a la hora de sopesar si primero se debe recortar el déficit fiscal con una brusca quita de subsidios vía aumentos tarifarios o, por el contrario, ir hacia un equilibrio fiscal de modo gradual, evitando "tarifazos" que hagan saltar aun más la alta inflación.

Con este dilema sin resolver, el Ejecutivo asegura aplicar el "gradualismo", aunque admite que la inflación, uno de los peores problemas de Argentina, no desacelera al ritmo que prometió y que desearía lograr.

Para el 2017, el Banco Central argentino se había fijado una meta de inflación de entre el 12% y el 17%, pero los precios al consumidor finalmente acumularon el año pasado un alza del 24,8%.

Para 2018, la meta inicialmente fijada era del 10%, pero a fines del año pasado el gobierno sorprendió al "recalibrarla" al alza y establecerla en un 15%, lo que derivó en un relajamiento de la política monetaria, con una consecuente depreciación del peso argentino.

La inflación se mantiene alta: en febrero —último dato oficial disponible— fue del 25,4% interanual para el nivel general y del 21,6% para la inflación núcleo (aquella que no tiene en cuenta los productos y servicios cuyos valores dependen de la época del año o de factores externos a la política monetaria).

El propio Banco Central admitió esta semana en un comunicado que la inflación núcleo se ha mantenido en "registros elevados" en marzo y consideró que la "aceleración de la inflación de los últimos meses es transitoria y que se debe a los fuertes aumentos en precios regulados y a la rápida depreciación del peso entre diciembre y febrero".

Pero, según aseguró, el proceso de ajuste de los precios regulados "se desacelerará fuertemente después de abril".

"Veo muy difícil que pueda darse esa tendencia porque los aumentos de tarifas van a continuar dos veces por año hasta octubre de 2019, que es la fecha que el gobierno ha fijado para eliminar la totalidad de los subsidios. De modo que no veo que la inflación vaya a bajar", observó Polino.

Las expectativas de inflación también van en aumento entre los economistas y consultores privados, que no creen que se logre la meta del 15% para este año.

De acuerdo al Relevamiento de Expectativas de Mercado, un sondeo mensual que el propio Banco Central realiza entre expertos, en febrero la inflación proyectada para 2018 por los consultados subió a 19,9%, 0,5 puntos porcentuales más que en el sondeo realizado en enero.

La buena noticia, al menos, es que los analistas consultados por el Banco Central coinciden en que la inflación tenderá a desacelerar: tocaría un pico de 1,9% en abril, tras lo cual la tasa se reduciría a 1,4% en mayo y junio y a 1,3% en el bimestre julio-agosto.

[EFE]

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