CORONAVIRUS EN LA ECONOMÍA URUGUAYA

La situación generada por el coronavirus, ¿es similar a la crisis que se vivió en 2002?

Un freno sincronizado en la actividad a nivel mundial, es un hecho inédito en la historia. Eso generó el coronavirus. Uruguay no es ajeno a ello, pero ¿en que se parece y diferencia de la crisis 2002?

Local en alquiler en el Centro (Montevideo). Foto: Gerardo Pérez
Uruguay (sobre todo Montevideo) no es ajeno al fenómeno de cierre de comercios a nivel global para evitar la propagación del COVID-19.. Foto: Gerardo Pérez

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"Esto no se veía desde 2002”, es una frase que volvió a escucharse por estos días. Es que se repiten situaciones: todos los indicadores de la actividad en franca caída, proliferación de ollas populares, comercios cerrados —aunque de forma temporal hoy día—, gran atención ciudadana a los anuncios del gobierno y la visión de que hay un sector de la sociedad luchando por su supervivencia. El culpable: las medidas para frenar la propagación del coronavirus.

Pero más allá de ese sentir, ¿este shock negativo que vive la economía local —en sincronía que el resto del mundo— tiene desde una perspectiva económica características similares al ocurrido en 2002? Esa fue la pregunta que El País trasladó a distintos analistas, que explicaron su visión y profundizaron en similitudes y diferencias entre ambos fenómenos.

Medidas correctas y las señales que se necesitarán

Christian Daude, exjefe de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) en los últimos años de la administración frenteamplista (en 2018 y 2019), dijo que “las medidas que se han tomado por parte del Banco Central para inyectar liquidez y darle tiempo a los bancos para lidiar con una mayor morosidad, unidas a las medidas para facilitar créditos a las pymes, van en la dirección correcta”. Consideró “probable” que se requieran nuevas medidas “si la situación se extiende”. Señaló que hoy día “lo más importante" del lado del gobierno "es asegurar el financiamiento para hacer frente a la caída en la recaudación y el incremento en el gasto, tanto por el incremento en los estabilizadores automáticos del seguro de paro como el incremento en el gasto discrecional para atender a la población más vulnerable”. Pensando a futuro, sostuvo que “ayudará dar señales creíbles sobre cómo se retomará el crecimiento y como se encarará el tema fiscal”.

Los analistas marcaron disparidades en cuanto al origen de cada crisis y en cómo encuentran a Uruguay, así como características disímiles como la probable recuperación más rápida en esta ocasión, aunque indicaron que la magnitud del impacto podría ser comparable.

El analista de KPMG, Marcelo Sibille, explicó que el shock que sufre hoy la actividad “es de una agudeza similar al de 2002”, porque al igual que hace casi dos décadas el impacto es “sobre el sistema de pagos, lo más delicado de una economía”.

Sin embargo, “el presente shock se manifiesta de forma distinta: no está originado en la interrupción del crédito —en 2002 los problemas de Argentina generaron una corrida bancaria, crisis de los bancos y una contracción del crédito que afectó las cadenas de pago, recordó—, sino en la interrupción del flujo de transacciones a raíz de autoaislamiento para evitar la propagación del coronavirus. Esto golpea al consumo, que sufrirá “probablemente una caída más aguda que en 2002” debido a que los impactos del coronavirus afectan “transversalmente en todos los estratos socioeconómicos independientemente de su ingreso”.

Pero según Sibille el shock actual de la economía será transitorio: “mientras la crisis de 2002 dejó secuelas en el sistema financiero que perduraron y recién se pudo retomar el crecimiento en 2004, hoy el sistema bancario está mucho más saneado, por lo que el daño económico debería finalizar una vez que se normalice la circulación de las personas y se restablezca el flujo de transacciones”.

Por su parte, el economista Christian Daude —jefe de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) entre 2018 y 2019—, director de Investigaciones Socioeconómicas del Banco de Desarrollo de América Latina-CAF, sostuvo que “el shock actual es de una naturaleza muy diferente a lo sucedido en 2002”. Para empezar ahora hay un problema “global y sincronizado en el mundo, mientras que la crisis del 2002 fue principalmente regional y doméstica”.

El dilema social por el COVID-19

Las medidas de distanciamiento social o cuarentena obligatoria para evitar la propagación del virus “son costosas desde el punto de vista individual, pero tienen enormes beneficios sociales si todas las personas las cumplimos”, dijo el economista Gabriel Burdin, y explicó que “esto es lo que se llama un dilema social”. Es decir, una situación “donde el cálculo privado egoísta conduce a resultados sociales desastrosos”. En estos contextos, “la virtud cívica, la responsabilidad social de las personas, el sentido de comunidad son factores muy importantes”, pero también ante los potenciales incumplimientos y efectos “se requieren mecanismos de coordinación social e intervención del Estado”, desde el impedimento de realizar eventos masivos hasta las medidas transitorias “para sostener los ingresos de las personas y los balances de las empresas”, afirmó.

La espera frente al Banco Montevideo. Foto: archivo El País.
La crisis de 2002 tuvo su origen en el sector bancario. En este caso, las personas esperan en las puertas del liquidado Banco Montevideo. Foto: archivo El País.

Daude consideró que los países emergentes se enfrentan al peor escenario desde 2008: “se combina un shock inicial de oferta con el cierre de fábricas en Asia, con una caída importante en los precios de las materias primas y un frenazo en el financiamiento externo”.

En ese contexto, en Uruguay los bonos del gobierno a 10 años pasaron de pagar una tasa de interés “de un poco más de 2,5% a comienzos de año, a en la segunda mitad de marzo superar el 5% y actualmente se ubican entorno a 4%”. De mantenerse, “estos niveles implicarían una cuenta de intereses a pagar más abultada” pero aún “muy lejos de los niveles de (la crisis de) 2002, donde el país en plena crisis cambiaria y bancaria estuvo al borde del default”, analizó.

El exjerarca del MEF destacó que la paralización de actividades encuentra a un sistema financiero “sólido desde el punto de vista patrimonial, de la cartera y la liquidez”. Esto posibilita que si hay “un retorno paulatino” a las tareas, “habrá sin duda una recesión, pero que dejaría secuelas manejables”. A diferencia del 2002, cuando “la crisis bancaria, unida a la devaluación, dejaba una mochila muy pesada desde el punto de vista macroeconómico, además del gran costo social”.

En opinión del economista e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas Gabriel Burdín —profesor asociado de la Escuela de Negocios de la Universidad de Leeds— hay “muchos motivos” para diferencia la situación actual del 2002: “sus causas, su anatomía, su potencial duración y las políticas e instituciones que tenemos para enfrentarla” son algunas de las diferencias que mencionó.

“En 2002, padecimos una crisis económica muy dura pero convencional, tuvo un canal de transmisión financiero y repercusiones graves en el sistema bancario. Uruguay estaba muy expuesto a la región, comercial y financieramente, y tenía varias debilidades por el lado de sus políticas y regulaciones internas que potenciaron el shock externo negativo”, indicó Burdin.

Añadió que “la anatomía de la crisis actual es absolutamente distinta”, ya que lo generado por el coronavirus se trata de “una situación inédita de congelamiento temporal de la actividad productiva, con contracción de la demanda y la oferta, inducido administrativamente por razones sanitarias, que además se produce con relativa sincronización en todo el mundo”.

Mientras que en visión del economista Aldo Lema de Vixion, hoy la economía enfrenta “una parálisis transitoria en la producción”, esto es “un shock de oferta nunca antes visto en un mundo tan globalizado, que deprime simultáneamente la demanda y deriva en problemas de liquidez y crédito” en los países. Contrastó esto con lo ocurrido en 2002, cuando Uruguay entró en crisis tras recibir “un gran shock externo, fundamentalmente regional pero también global, cuyas consecuencias se amplificaron por las vulnerabilidades internas que se habían acumulado en materia fiscal, cambiaria y financiera”.

La similitud entre ambos episodios que mencionó Lema es “la debilidad fiscal” que tiene el país -el último dato de déficit fiscal fue 5% en 12 meses a febrero, cuando en 2001 había culminado el año arriba de 3%- y “las consecuencias de otro ciclo de fortalecimiento global del dólar”, sin embargo dijo que para enfrentar esto hay mejoras en distintos frentes respecto al 2002.

Para Christian Daude “es muy factible que se hable del 2020 como el año que marcó un momento de cambios importantes para la humanidad”. El exjerarca del MEF vaticinó que la pandemia ocasionada por el coronavirus tendrá “consecuencias profundas en la organización económica internacional y en las políticas nacionales, en el papel del Estado y de los mercados”. A su vez, Marcelo Sibille de KPMG manifestó que aunque aún no puede anticiparse “la magnitud del impacto económico y social” del virus, el 2020 “quedará como un año de referencia, como lo es 2002” para todos los uruguayos.

Madrid ante la pandemia por el coronavirus. Foto: AFP.
Madrid ante la pandemia por el coronavirus. Foto: AFP.

Cómo está preparado Uruguay frente a la crisis del coronavirus, respecto a la crisis de 2002

Los analistas coincidieron que Uruguay está mejor preparado que en 2002 para enfrentar el shock negativo generado por el COVID-19. Aldo Lema mencionó que el sistema bancario está “patrimonialmente mejor y menos expuesto a la región, sus deudores con mejor calce de moneda por las normas de regulación y supervisión, hay mayor flexibilidad cambiaria, una deuda pública menos dolarizada y mejor perfilada, y un mayor rol estabilizador de inversionistas grandes como AFAP”.

Marcelo Sibille expresó que aunque el déficit fiscal es mayor al de 2002, “estamos mejor posicionados desde la cobertura de necesidades de financiamiento, a raíz de los préstamos contingentes pactados previamente con organismos internacionales”. También hay un mejor escenario para retomar el crecimiento, con “proyectos de infraestructura que implicarán un impulso sobre la inversión privada una vez que termine la emergencia sanitaria”. Otro punto que destacó son los “mecanismos institucionales más aceitados para la asistencia social”.

Por su parte, Christian Daude manifestó que hay “varias lecciones” aprendidas de la crisis del 2002 “que se reflejan en fortalezas con las que cuenta” hoy el país, como tener “un colchón de liquidez”, “mejoras regulatorias” que permiten “al sistema financiero enfrentar los problemas con solvencia y liquidez”, y más reservas en poder del Banco Central. “Estos factores, además de la solidez institucional y estabilidad política, hacen a las importantes fortalezas macroeconómicas y financieras del país”, subrayó Daude, aunque reconoció desafíos pendientes vinculados al estancamiento del Producto, la baja del empleo y la inversión.

En tanto, Gabriel Burdin coincidió en los puntos de diferenciación y agregó que hoy se nota “el papel central” de políticas “consideradas subsidiarias”, como los seguros de desempleo y por enfermedad, o los planes de transferencias. Resaltó a los sindicatos, que “cumplen una función esencial en la homogeneización y cumplimiento de criterios de salud ocupacional”.

Una advertencia por el manejo fiscal y sus consecuencias

n El economista Gabriel Burdin se refirió al día después, atendiendo que “igual que al inicio de la crisis 1999-2002, llegamos a esta situación con un déficit fiscal importante”. Compartió el consenso político de “utilizar todo el poder de fuego disponible para expandir transitoriamente el gasto” y atender a los sectores más vulnerables, aunque advirtió: “una situación transitoria mal gestionada podría agravar el problema fiscal de forma estructural; luego vendrá el ajuste y ahí tendremos que discutir cuál es la forma más justa de distribuir los costos de la pandemia en la sociedad uruguaya, afectando lo menos posible las perspectivas de recuperación de la economía”. Posicionó un debate sobre el que “no hay opiniones unánimes”, que es la suba de impuestos a sectores de altos ingresos y patrimonios, y su potencial efecto o no sobre el crecimiento.

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