Ruben Jokas recuerda las comunicaciones

Testigo de medio siglo en el puerto y con los barcos

Lo conocemos desde el primer día que entró a formar parte de los cuadros de la Agencia Marítima Ernesto J. Rohr S.A., con apenas 20 años. Hace pocas semanas cumplió 50 años de actividad en esa empresa, obviamente con su cargo jerárquico y como brazo derecho de la agencia.

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Ruben Jokas. Foto: Archivo El País

Es Ruben Jokas, de esos adolescentes europeos educados a la antigua, lo que implica responsabilidad, trabajo, dedicación, lealtad y transparencia. Con medio siglo en una agencia marítima ya no hay secretos para darle servicio a cualquier barco que llegue consignado a la empresa: carga general, frigorífica, contenedores, animales en pie, graneles, barcazas, tránsitos, reembarcos, manifiestos de carga, seguros, operaciones portuarias, cargas de proyectos civiles y, recientemente, autos armados en Uruguay para Cuba.

Es una actividad apasionante que atrapa, damos fe, porque también lo es para nosotros como periodistas especializados. Ruben maneja los cientos de procesos que deben seguirse cuidadosamente para atender un barco y dejar contento al armador por un lado y al cargador por otro, y cumplir con las reglas del caso. La suya es una profesión sin fronteras, así que podría desempeñarse en cualquier puerto del mundo porque además habla inglés.

Debutó con los famosos barcos norteamericanos de la Delta Line que traían pasajeros y carga, y los noruegos de la Ivaran Line. Cuando días pasados cargó los autos para Cuba, además de los trabajadores asignados, él permaneció toda la noche en el puerto y a bordo del barco cuidando cada detalle; siente la necesidad de estar presente para controlar.

Luego de la II Guerra Mundial y hasta los años ‘90, la regla era que cuando el barco abandonaba el puerto, un funcionario jerárquico de la agencia marítima se situaba en el muelle de escala y cuando el barco cruzaba la boca del puerto, volvía a la oficina sin importar la hora para enviar a la agencia marítima del próximo puerto un télex avisando que el barco salía de Montevideo navegando sin problema alguno.

Días pasados recordábamos sus principios en la agencia como cadete y su aprendizaje con el titular de la empresa que era nada menos que Don Jorge Rohr, un estudioso, minucioso e innovador agente marítimo, que supo ser presidente del Centro de Navegación, y de quien aprendió todo lo que había que saber sobre agencias marítimas, barcos y cargas, y cuyos conocimientos años más tarde transmitió a su igual Jimmy Rohr a la desaparición de su padre.

Comunicaciones.

Lo primero que recuerda Ruben Jokas, es el tremendo avance en este medio siglo, no sólo de los barcos sino de las comunicaciones que por entonces eran muy dificultosas, especialmente para manejar el tema barcos.

Recuerda Ruben los tiempos cuando para comunicarse con Buenos Aires había que anotarse con la telefonista de la Telegráfica Telefónica del Plata, en orden de espera: “Casi siempre la demora era de entre 6 y 8 horas y en verano eran 12, o sea que el barco llegaba antes que la comunicación.

La otra era pedirle al capitán del barco saliendo de Buenos Aires que mandara un radio vía Cerrito a Montevideo anunciando su arribo y una amable telefonista nos llamaba a las dos o tres de la mañana. Pero también para hablar a Las Piedras o Punta del Este había que hacerlo a través de la telefonista.

Eran las comunicacioines del Estado. Más tarde las comunicaciones tuvieron un avance y entonces íbamos a la All America, Italcable o la Western, desde donde enviábamos los telegramas aunque cada letra costaba US$ cinco.

Para economizar habíamos inventado un código de palabras sintetizadas o abreviadas (‘pls’ era ‘please’) y aún así cada cable de nueve letras costaba la friolera de US$ 45. Otro avance en las comunicaciones fue el famoso walkie-talkie que pesaba por lo menos un kilo y medio y permitía hablar desde adentro de la bodega del barco al muelle. Eso fue por los años setenta”.

Los Delta

“Los primeros contactos impactantes los tuve con los barcos Del Norte, Del Mar y Del Sud que eran hermosas y estilizadas naves, que más bien se parecían a cruceros turísticos. Hacían el servicio desde desde Nueva Orleáns con un centenar de pasajeros norteamericanos, que por lo general tomaban el viaje redondo, y tenía capacidad para 5 mil toneladas de carga. Los barcos quedaban en puerto cuatro o cinco días para descargar mercaderías y levantar frutos del país que era lanas y cueros. Fueron famosos en su tiempo. Pero la gran sorpresa en materia de barcos vino cuando llegaron a Montevideo por 1971 unos enormes barcos de 274 metros de eslora de la Delta Line. Eran portabarcazas llamadas ‘Lash’ que fueron una innovación, pensadas para entrar en lugares donde los puertos eran pequeños y sin profundidad para llegar con las barcazas por los ríos. En una oportunidad llegaron 15 barcazas cargadas de trigo norteamericano (ley 480, EE.UU.), cuyos valores equivalentes en pesos quedaban en el país y se volcaban a la ayuda social y el desarrollo. Este modelo de barcos perduró hasta fines de los años ‘70”. De los avances más importantes que recuerda Ruben Jokas fue la ley de Reforma Portuaria que lo cambió todo a favor, agilizando y haciendo más eficientes las operaciones portuarias: “Fue un gran cambio, sin duda, que trajo libertad a la operativa portuaria. Otra innovación importante fue el advenimiento del operador portuario (terminales operadoras) que también trajo cambios ya que absorbió tareas que durante más de un siglo realizó la agencia marítima”.

“Despues fuimos representantes de los hermosos barcos suecos de la Johnson Line que venían de Gotemburgo con cargas de proyectos, y sobre todo recuerdo los fardos de celulosa para Sagrin para fabricar los pañales, y los fardos de recortes de papel para la fábrica Pamer y para IPUSA. Con barcos alemanes trajimos y descargamos en Fray Bentos los componentes de la planta industrial de Botnia. Ese barco, el Rickmers Germania, tenía la particularidad, en virtud del peso de los bultos que manejaba, de compensarse automáticamente con tanques de lastre por el equivalente del peso de la carga para evitar los bruscos desbalances”.

Pescado

Recuerda Jokas que por los años ‘90 ellos representaban a una flota de barcos frigoríficos de bandera rusa (Transocean Express). Para promover la venta de pescado integró la delegación uruguaya que presidió Luis Alberto Lacalle a China: “Ese viaje fue todo un éxito porque poco después estuvimos embarcando corvina, unas 10 mil toneladas mensuales, y eso duró unos dos años”.

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