COMERCIO

Un tren que se va: el acuerdo comercial Uruguay-China

Analistas coinciden en que el país está dejando pasar la oportunidad.

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En octubre del año pasado ambos gobiernos coincidieron en negociar. Foto: AFP

Mientras los empresarios se preparan para las oportunidades de negocio con China que traerá el Foro China-LAC —el principal encuentro empresarial entre ese país y América Latina y el Caribe— a fin de noviembre en Punta del Este, la posibilidad de alcanzar un tratado de libre comercio (TLC) con el gigante asiático se encamina a ser otro tren que Uruguay deja pasar.

"El China-LAC es una buena instancia para seguir potenciando la relación entre Uruguay y China, pero no para impulsar el TLC. Lamentablemente, parece ser que Uruguay dejó de lado esa posibilidad por gestionar de forma inadecuada el tema con el Mercosur, lo que transmitió a China un mensaje de molestia del bloque con dicha posibilidad", dijo a El País el director del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Universidad Católica, Ignacio Bartesaghi.

El foro de noviembre "es una gran oportunidad para posicionarnos y una gran vidriera al empresariado chino que tendrá la chance de entrar en contacto con nuestros principales productos de exportación. Si eso luego continúa en mayor flujo comercial (o intenciones) que terminen por presionar a los Estados a avanzar en un acuerdo, solo el tiempo lo dirá. A veces creemos que no existimos, pero en algunos rubros nuestra posición es relevante, por ejemplo, en carnes bovinas hay meses que somos el principal proveedor de China", señaló a El País el senior manager de PwC Uruguay, Marcos Soto.

En el primer semestre del año, China fue el principal destino de las exportaciones uruguayas con 21% del total.

"De la gira de octubre pasado el gobierno volvió con la hoja de ruta hacia el TLC a firmarse en febrero de 2018, lo que hoy parece extremadamente utópico, y no porque la Cancillería uruguaya no haya trabajado al respecto (que me consta), sino porque el Mercosur ni acompaña ni nos suelta la mano", evaluó Soto.

Bartesaghi aseguró que "China tenía interés en cerrar un TLC con Uruguay y es parte de su estrategia planteada en el Libro Blanco de las relaciones de China con América Latina y el Caribe, pero no quiere incomodar a Brasil y Argentina que son socios estratégicos en la región".

A su juicio, "Uruguay cometió un gran error en no mostrar mayor firmeza en la región y especialmente en la interna para iniciar negociaciones con la segunda economía mundial y con un país que muestra enormes posibilidades".

Bartesaghi analizó que "lo más llamativo es cómo se manejó el tema en la interna, señalando que el acuerdo era perjudicial para el país, con informes que basaron el análisis en supuestos equivocados. Uruguay se dio el lujo de medir los impactos de un TLC con China con un lente de la década del 60 y valorando solo el impacto en algunos sectores industriales por la baja de los aranceles (a las importaciones que provengan de China), como el caso de la vestimenta que ya tiene problemas estructurales de competitividad que no tienen que ver con China (este país está deslocalizando dicha industria en otros países asiáticos)".

De hecho, un estudio de los economistas Ignacio Munyo y Agustina Trapp —"Libre Comercio con China: ¿hay un riesgo para el empleo en América Latina?"— publicado por El País en junio, mostró que el 88% de los empleos en las industrias expuestas a las importaciones de China "son ocupaciones con alto riesgo de robotización, principalmente debido a que requieren bajos niveles de habilidades creativas e inteligencia social".

Por ello, concluyeron Munyo y Trapp, un TLC con China "no es la amenaza real para estos sectores, pero sí es la robotización. Nuestra principal preocupación no debería ser proteger a esas industrias y sus trabajadores de la liberalización comercial, pero sí enfocarnos en reformas educativas que apunten a preparar a los estudiantes para un mundo cambiante, donde las tareas rutinarias y no rutinarias se están volviendo robotizables, y el mercado está demandando un nuevo set de habilidades, habilidades que la tecnología no puede replicar".

Bartesaghi reafirmó que "estamos desconociendo lo que es China en la actualidad, seguimos pensando que se trata de un país que exporta productos de bajo precio y eso ya no es así. Es un país que consume bienes alimenticios de cada vez mayor valor agregado y una gran variedad de servicios que Uruguay podría proveer de forma competitiva. Por otro lado, provee bienes de media y alta tecnología que Uruguay no produce. También se desconoció la importancia de la cooperación y de las inversiones, canales que aumentan cuando se firma un TLC, ya que para el Partido Comunista (chino) supone elevar el nivel estratégico de la relación".

"Decirle que no a China es un error de la magnitud del que se cometió por dos veces con Estados Unidos. Acceder a más mercados de forma competitiva es para Uruguay un tema central tan importante como la educación y la infraestructura, pero lamentablemente ya son varios los gobiernos que no dimensionan esta realidad apropiadamente, lo que sin dudas tendrá incidencia en el desarrollo del país", agregó.

Para Soto, mientras se da esta situación, "la Alianza del Pacífico aceptó como Estados asociados a Nueva Zelanda, Australia, Canadá y Singapur, lo que muestra una dicotomía cada vez más preocupante".

Bartesaghi remató: "El tiempo corre y los competidores avanzan, mientras tanto el Mercosur queda aislado".

Mercosur-China un TLC "lejano".

"Pensar que el Mercosur cerrará un acuerdo con China es aún algo muy lejano. Paraguay tiene relaciones con Taiwán y no con China, lo que por cierto no tiene ningún sentido y debe modificarse. Por otro lado, las estructuras productivas de Brasil y Argentina siguen contando con la protección regional para mantener su competitividad, por lo que no es una prioridad avanzar con ese mercado. El Mercosur podrá cerrar un acuerdo con la Unión Europea —no creo que sea este año— pero con países como Japón, Corea del Sur y especialmente China es mucho más difícil", aseguró Bartesaghi. "En parte, todo esto tiene que ver con no encarar una reformulación de la pertenencia de Uruguay al Mercosur, recuperando la soberanía para negociar acuerdos", agregó.

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