ECONOMÍA AUTOSUSTENTABLE

¿Cómo tribus del Amazonas pasan de talar árboles a vivir del turismo?

El País visitó las tribus “Tumbirá” y “Tres Unidos” ubicadas en el río Negro, en la zona del Amazonas brasileño. Mediante los programas de apoyo de una ONG enfocados en el desarrollo sustentable, las comunidades apuestan al turismo, una actividad que les deja casi US$ 800 por familia.

Jóvenes. Integrantes de la tribu Kambeba en la comunidad “Tres Unidos”, instalada en las orillas del río Negro y frente al mayor archipiélago fluvial-marítimo del mundo. Foto: Rafaela Gonçalves.
Integrantes de la tribu Kambeba en la comunidad “Tres Unidos”, instalada frente al mayor archipiélago fluvial-marítimo del mundo. Foto: Rafaela Gonçalves.

A cuatro horas de barco de la ciudad de Manaos -capital del estado de Amazonas, en la región norte de Brasil- y rodeadas por el río Negro, el mayor de aguas negras del mundo y el más caudaloso de los afluentes del río Amazonas, están las tribus “Tumbira” y “Tres Unidos”, que como parte de un proyecto social se están reconvirtiendo al turismo y muestran su modo de vida a 100 visitantes al mes.

Comidas típicas como el pescado con mandioca o un guisado de distintas verduras, un fresco jugo de maracuyá, artesanías únicas hechas por los nativos, una charla con los integrantes de la tribu para comprender su realidad, y la inigualable sensación de caminar por una playa casi deshabitada con la sola interrupción del ruido de los pájaros, son algunos de los atractivos que esta zona del Amazonas ofrece a los foráneos.

Todo esto matizado por una temperatura muy calurosa, que ronda los 30° C incluso superados los meses de verano, y una sensación térmica cercana a 40° C por la humedad.

Todo comenzó ocho años atrás, cuando la Fundación Amazonas Sustentable (FAS) -organización no gubernamental que recibe apoyos del sector público de Brasil, de gobiernos extranjeros y de empresas privadas como el banco Bradesco, Samsung o Cola-Cola- empezó a ayudar a un grupo de tribus comunitarias a estructurar emprendimientos turísticos, como forma de que encontraran una salida económica autosustentable y abandonaran la tala de árboles no autorizada.

“Fue un cambio para nuestras cabezas”, cuenta el líder de la comunidad “Tumbira”, Roberto Britos, que es responsable de la “Posada Garrido”, un hospedaje con servicio de comida buffet donde trabajan parte de los 130 habitantes del lugar.

Una nueva forma de desarrollo. Foto: Rafaela Gonçalves.
Una nueva forma de desarrollo. Foto: Rafaela Gonçalves.

De recorrida por un bosque fresco con grandes arañas (casi domesticadas porque salen a saludar a los visitantes), Roberto cuenta una historia más mística sobre su reconversión de talador -actividad que heredó de su padre y su abuelo- a emprendedor turístico: un día al cortar un árbol sintió una voz que le advertía que estaban matando el medio ambiente.

“Cuando llegaron y nos manifestaron que el futuro era autosustentable e iba por el turismo muchos no lo entendieron, pero hoy lo agradecen”, dice el propietario de la posada y revela que la comunidad pasó más de 100 años sin luz eléctrica “pero hoy falta un día y la gente ya protesta”.

Roberto recuerda que en 2012 al llegar los primeros turistas “no sabía que mostrarles”. Hoy hay una estructura montada en torno a la tribu “Tumbira”, dado que la FAS hace la conexión con agencias de turismo que publicitan el destino.

Con sus casas de madera y de la mano de los apoyos que recibe, esta comunidad es de las más desarrolladas del Amazonas: cuenta con una iglesia, un consultorio médico, una escuela con biblioteca y laboratorio de informática, y hasta hay señal de Internet. “El desarrollo no es solo económico”, sostiene Roberto, y para demostrarlo los adolescentes del lugar publican un diario llamado “Repórteres da floresta” (reporteros del bosque) con noticias locales.

Los proyectos comunitarios de desarrollo turístico que impulsa la FAS en la región norte de Brasil son ocho e involucran a unas 19 familias. Según datos aportados a El País desde la ONG, la retribución mensual por familia de la actividad turística es de 3.000 reales -$ 26.000 o US$ 788-. “No solo traen dinero, sino también sus conocimientos, y nos demuestran a nosotros que también tenemos saberes y riqueza para mostrar”, destaca Roberto.

Kambeba.

Ventas. Puesto de artesanías en la tribu “Tumbira” del Amazonas.. Foto: Rafaela Gonçalves.
Ventas. Puesto de artesanías en la tribu “Tumbira” del Amazonas.. Foto: Rafaela Gonçalves.

Para llegar a “Tres Unidos” hay que hacer otras tres horas en lancha y se debe navegar entre el mayor archipiélago de agua dulce del mundo: Anavilhanas. Los más de 80 habitantes son de la tribu Kambeba, aunque su líder, Waldemir Triukuxuri, relata al recibir a los turistas su historia de vida: pese a no ser originario, vive en el Amazonas desde los 12 años y mientras sus hijos eran chicos trabajó parte de la semana en Manaos, hasta que falleció su hija y sintió “una señal”.

Empezó a buscar una zona del río para instalarse y llegó hasta la comunidad que hoy lidera, donde había poca gente por miedo a los jaguares que habitan la zona. “Estuve cuatro días seguidos prendiendo fuego para ahuyentarlos”, recuerda y cuenta como se fue ganando la confianza de los nativos, pasando de miradas de desconfianza a ser nombrado coordinador regional de los pueblos indígenas del Amazonas.

Waldemir junto a su compañera Diamantina Kambeba y otras familias ofrecen servicios de gastronomía y artesanías a los visitantes. “Cada persona que nos visita se lleva algo de nuestra identidad”, sentencia el líder de la tribu “Tres Unidos”.

Los temores por Bolsonaro

Es difícil estar más de unas horas en Brasil sin observar alguna discusión por el futuro del país y la asunción el primer día de 2019 de Jair Bolsonaro como presidente. El tema llega hasta las tribus del Amazonas, y también la preocupación: desde qué pasara con los planes de ayuda económica hasta los impactos que tendrá en el medio ambiente los anuncios de abandonar el acuerdo climático de París. “Creo muy difícil sentarse con Bolsonaro y hablar de lo importante que son estos temas”, dice el profesor Philip Fernside, biólogo y científico estadounidense que trabaja en el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia. También advirtió que la desforestación del bosque tropical más extenso del mundo va en aumento en el último tiempo y la amenaza que significa la creciente instalación de proyectos de generación de energía en la zona, especialmente de capitales asiáticos.

El Amazonas da “un servicio ambiental al mundo”

La selva amazónica es una de las siete maravillas naturales del mundo y aparte de su riqueza a nivel de flora y fauna, su preservación tiene mucha relevancia para el ecosistema mundial. En total son más de 7 millones de metros cuadrados y abarca nueve países; en la parte brasileña la Fundación Amazonas Sustentable (FAS) cuenta con nueve centros de sustentabilidad abarcando con sus programas de apoyo a 581 comunidades y cerca de 10.000 familias.

“El Amazonas presta un servicio ambiental al mundo. Sus aguas impulsan al agronegocio brasileño y otras tantas industrias, por eso esperamos que el mercado también nos devuelva parte de la ayuda”, dijo Carlos Bueno, coordinador de relaciones institucionales de la FAS. Esa es la idea detrás de los aportes de capitales privados para los programas de apoyo a las comunidades nativas. Según datos de la ONG, disminuyó un 37% la desforestación en los últimos cinco años en las 16 áreas protegidas.

Los impactos en el medio ambiente de los cambios en la flora del Amazonas son múltiples: desde afectar el desarrollo de aves
que luego provoca por ejemplo que las palmas produzcan semillas más débiles, hasta reducir la absorción de carbono por parte de la vegetación afectando la carga de dióxido de carbono en la atmosfera global.

Un estudio de 2015 publicado en la revista Science mostró que el 1,5% de las cantidades incrementadas de este compuesto químico en la Tierra por actividad humana provinieron de la destrucción del Amazonas, y que sus bosques captarían un 12% más de carbono si no existiera la intervención del hombre.

Por otra parte, un informe del Consejo Federal de Administración (CFA) de Brasil hizo foco en la falta de universalización del servicio de agua potable en el estado de Amazonas y lo asoció a que se pierde cerca del 65% de la facturación por los robos y las fallas del antiguo sistema de tuberías. Esto “perjudica las inversiones” para ampliar el servicio y hace que la región tenga “tarifas más caras”.

* Invitado por el Encuentro Nacional de Editores, Columnistas, Reporteros y Blogueros (Enecob) al 2° encuentro E-latino.

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