AUGUSTO DE LA TORRE

"Uruguay puede ajustar de forma más gradual"

El economista jefe del Banco Mundial para América Latina, dijo en entrevista con El País desde Washington, que la región vive un proceso de ajuste a la nueva realidad que plantean los precios de las materias primas. En ese sentido, dijo que Uruguay es de los países que “puede administrar de manera más gradual” este proceso.

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"Uruguay debe tener cuidado de no perder el grado inversor". Foto: EFE

Para el economista, uno de los problemas del país es que en la bonanza “se le apreció la moneda, tal vez más de lo que era prudente” y ahora que se deprecia, generar problemas en la inflación. Descartó que América Latina vuelva a tener una “década pérdida” como en los años ‘80 y ‘90 porque la situación actual es diferente.

—El trabajo del Banco Mundial que presentó, indicó que la exposición de América del Sur a las materias primas, es algo único a nivel mundial, ¿cómo pueden impactar los precios bajos en la región?

—La mayor parte de los analistas ve que los precios de las materias primas se van a quedar más o menos donde están ahora y si suben, no subirán mucho. Suponiendo ese horizonte, tienes una tarea del presente y una del futuro. La tarea del presente es, que a ese nivel de precios el ingreso nacional de nuestras economías se ha caído y eso exige que vayamos adaptando el gasto de forma gradual y de la forma más equitativa posible desde el punto de vista social. Ese proceso ayuda a entender por qué nuestras economías se han desacelerado y algunas como Brasil han entrado en recesión. Es en cámara lenta, porque ya vamos en el quinto año, y en todas las sociedades del mundo el sistema político se resiste a tener que realizar ajustes hacia abajo en el gasto.

Para el largo plazo hay que encontrar el camino para, sobre la base de la riqueza natural agrícola y minera, que nuestras economías se vayan diversificando y sofisticando. Tenemos la ventaja comparativa en la riqueza natural. Nos toca utilizarla de la mejor manera y combinarla con tecnología, con mejora institucional, con destrezas laborales, con flexibilidad en nuestros mercados. Para que a partir de la riqueza natural, sin dejarnos engañar por espejismos —tanto como quizás ocurrió en el pasado— podamos ir consiguiendo una prosperidad más amplia. No es fácil, porque la misma riqueza natural orienta los recursos y los concentra en las materias primas y genera pocos incentivos para diversificar, entonces hay un papel importante para la política pública.

—Pasado el boom de materias primas, ¿hay riesgo de que se pueda vivir otra década perdida como en los 80?

—No lo veo como un riesgo alto. Porque las décadas perdidas han sido porque la crisis tomó forma de una crisis de cuenta de capitales, con grandes fugas de capitales, crisis financieras, de moneda y de deuda. Es lo que eventualmente Guillermo Calvo (N. de R.: execonomista jefe del BID) llamó los "sudden stop", los "frenazos bruscos". Eso ha generado unas contracciones inmediatas de la actividad económica, unos procesos traumáticos a nivel financiero y macroeconómico que mandaban a los países varios años hacia atrás y por eso se convertían en décadas perdidas. No creo que sea el fenómeno que estamos viviendo. La región, ya no es la de los 90. Ahora estamos viviendo un ajuste, doloroso por cierto, cuyo epicentro no es la cuenta de capitales, sino la cuenta corriente asociada a la caída de los precios de exportación y todavía esto no se ha traducido en una crisis financiera, ni de lejos. Espero que tampoco se produzca. El ajuste está afectando la actividad económica real, el nivel del consumo y del gasto y los mercados laborales. Eso es penoso, pero no es tan traumático como fueron las crisis de los 90. Si bien se va a desacelerar el ritmo de progreso, espero que no se revierta. Ya es suficiente que se desacelere para causar tensión política y social, pero no es lo mismo que tener una destrucción de riqueza tan violenta como las que solíamos tener en las crisis de los años 80 y 90.

—En la región está el enfriamiento de las economías, pero también presiones inflacionarias, déficits fiscales altos, ¿qué se debe atacar primero?

—El primordial objetivo es salir de este maltrecho, bien parados. Evitar que en el proceso de ajuste al nuevo equilibrio o nueva normalidad, se nos desarticule la estabilidad macroeconómica. Si no manejamos bien este proceso de ajuste y en el camino se nos desarticula la macroeconomía y empieza a irse la inflación en espiral o tienes problemas del sistema financiero, la recuperación va a ser mucho más difícil y va a ser un ajuste más injusto.

—¿Y cómo se logra?

—Tener mucho cuidado en no perder el status de grado inversor que un país como Uruguay o Colombia tienen. Porque si uno perdiese ese status, quiere decir que los mercados y las calificadoras de riesgo empiezan a dudar de la estabilidad macroeconómica y como resultado se te sube el costo de financiamiento a los cielos, como le pasó a Venezuela. Eso genera círculos viciosos de pérdida de confianza y la economía política y el proceso fiscal se vuelve tan complicado que por ahí empieza a irse de las manos la inflación. Para evitar eso, tienes que ser muy franco con la población, muy claro con los inversores locales e internacionales, de cuál es la trayectoria de ajuste qué estás planeando hacer y cómo lo vas a hacer. Nunca es fácil, pero ese el desafío.

—¿Cómo ve a Uruguay en este escenario?

—En el análisis que hicimos de los países de la región y cómo se manejaron en tiempos de bonanza, Uruguay aparece en el mismo grupo con Colombia y Chile. El país que parece haber manejado mejor la macroeconomía a lo largo del ciclo es Perú. Es el que más ahorró, el que menos expandió el consumo y el gasto, el que fue más cuidadoso en evitar que la moneda se aprecie demasiado. Al otro extremo tienes países como Brasil y Ecuador que enfrentan dilemas mucho más intensos y espacios de maniobra mucho más cerrados. Uruguay está más o menos en la mitad. A Uruguay se le apreció la moneda (frente al dólar), tal vez más de lo que era prudente en la bonanza. Eso debilitó las capacidades de reconstruir el sector exportador no tradicional. Esa apreciación de la moneda fue insostenible, como lo fue en Brasil y Colombia y ahora la moneda tiende a depreciarse. La depreciación a genera los dilemas de política monetaria como el pasaje a la inflación, etc. Pero, Uruguay por otro lado, aparece muy bien en nuestro análisis en cuanto a la calidad de sus instituciones. Eso parece ser un factor muy importante, porque un país con instituciones robustas no pierde el acceso al mercado internacional fácilmente. Eso ayuda a amortiguar el ajuste, porque tienes acceso al financiamiento. Eso hace que Uruguay pueda administrar de manera más gradual todo este proceso. Pero, obviamente tienes que tener cuidado. En el proceso tienes que seguir haciendo las reformas estructurales en educación, vialidad y transporte, para que la economía pueda ir desarrollando capacidades mayores, más modernas y flexibles para responder con producción a los incentivos y oportunidades que van apareciendo en el mercado. A Uruguay le toca hacer eso con más intensidad, para diversificar sus socios de comercio y no tener que estar tan ligado a los países vecinos. Ya lo está logrando, pero hay que seguir trabajando.

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