Movimientos que preocupan

Una venta que concentra más el mercado de la harina

El Molino Dolores fue adquirido por San José, que ya domina la molienda.

Dolores: volvió a funcionar luego del cierre de 2017; aunque con menos trabajadores. Foto: archivo El País
Dolores: volvió a funcionar luego del cierre de 2017; aunque con menos trabajadores. Foto: archivo El País

El valor de la harina de trigo aumentó 20,2% el año pasado, según lo relevado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y uno de los motivos -aparte de la suba internacional del precio de ese commodity- podría ser la concentración que existe en el mercado, un factor que no favorece la competencia de precios.

El mercado de la molienda de trigo en el país tiene dos actores relevantes: por un lado Molino San José, una empresa local que también posee Molino Uruguay y comercializa varias marcas de harina y además elabora raciones balanceadas, y por otro Molino Cañuelas, una firma de capitales argentinos que posee la marca de harina de igual nombre.

En marzo de 2017 tras el cierre del Molino Dolores, el coordinador de la Federación de Obreros y Empleados Molineros y Afines (Foemya), Federico Barrios, había advertido que en el sector había un “oligopolio” y si alguna de las dos empresas relevantes adquiría el emprendimiento trunco en Soriano, se pasaría a “un monopolio” en la producción de harina.

Al inicio de 2017 fue que Molino Dolores comunicó a sus trabajadores el envío al seguro de paro, una consecuencia de la caída previa de la empresa agrícola Cereoil, con la que integraban un mismo grupo económico. En 2016 el socio minoritario de Cereoil solicitó el concurso de acreedores, un proceso que aún continúa.

Según explicó a El País el síndico que se encargó del concurso de Molino Dolores, Gabriel Ferreira de la Asociación Uruguaya de Peritos (AUPE), “en un principio hubo una oferta de Molino San José y Cañuelas” para adquirir los activos, pero ante “los problemas del grupo (Cañuelas) en Argentina con los acreedores financieros y que están reperfilando su pasivo”, quedó únicamente su competidor como interesado.

“Ya hacía dos años que estábamos a cargo de la operativa del molino (Dolores) y al ser la única oferta se procedió a concretar la venta”, indicó el síndico. Así, San José se hizo “del inmueble del molino, el silo lindero, la maquinaria, vehículos, la marca Belza y cerca del 80% de los trabajadores”, informó.

Barrios de la Foemya detalló en diálogo con El País que de las 80 personas que trabajaban en el Molino Dolores, lo continúan haciendo 65. Entre las restantes, hubo quienes “resolvieron cobrar el despido” al estar cerca de jubilarse, y otros que tuvieron “un despido forzoso porque quien compraba quería determinada cantidad de trabajadores y no más”.

Con el dinero de la transacción se cancelaron todos los créditos laborales, los compromisos generados luego de la declaración de concurso y algunos créditos de acreedores hipotecarios, aunque aún “queda bastante a pagar”, dijo Ferreira.

La venta fue reportada a la Comisión de Promoción y Defensa de la Competencia -organismo desconcentrado del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)- en cumplimiento del artículo 7 de la Ley de Competencia, que obliga a hacerlo cuando los involucrados en una transacción ostentan un porcentaje de mercado mayor al 50%, como lo tiene San José. Una resolución de principios de mes, no presentó objeciones.

Entre pocos. 

“La concentración es cada vez mayor” en el mercado de la molienda de harina, porque “hoy día quedan dos competidores fuertes desde que el Molino Nueva Palmira cerró hace cuatro meses y los trabajadores fueron a seguro de paro”, expresó Barrios.

Explicó que hay dos cooperativas (Molino Santa Rosa y Molino Florida) y también continúa en operación el Molino Carmelo, pero son “muy chicos, tienen una molienda por día de 70 toneladas”. Mientras que Cañuelas puede moler unas 280 toneladas diarias y el grupo de molinos pertenecientes a San José alcanzan “1.200 toneladas de molienda de trigo”.

Aparte de los posibles efectos sobre el precio que pueda traer esta concentración, también “preocupa” al sindicato la cada vez mayor “importación de productos farináceos, como galletitas, panificados, pasta y varios más”. Barrios señaló que esto “no solo afecta a los molinos de trigo sino también a toda la cadena: panificadoras, panaderías y fabricas de pasta”.

A su vez, el dirigente sindical apuntó que el número de trabajadores en los molinos cayó a una tercera parte “en unos años”, un problema que afecta mayormente a localidades del interior donde no abundan las oportunidades laborales.

Entre esos casos está el Molino Nueva Palmira. Barrios informó que “van dos instancias en el Ministerio de Trabajo en que la empresa dice que no sabe que va a hacer” cuando en dos meses finalice el seguro de paro.

¿Cómo avanza el concurso de Cereoil?
Cereoil. Foto: http://gumagraphics.com/

La exportadora de granos Cereoil, que supo ser de las más importantes del rubro hace unos años, se presentó a concurso en 2016 producto de problemas financieros y menores ventas. Pese a formar parte del mismo grupo económico que Molino Dolores, los expedientes del concurso corren por separado ya que la solicitud fue hecha en momentos distintos y bajo distintas modalidades: la de Cereoil la pidió un socio minoritario (la firma estadounidense Seaboard que tenía el 45% de las acciones) y la del Molino Dolores fue un pedido voluntario de la compañía.

En ese momento la empresa agrícola arrastraba deudas superiores a US$ 50 millones con bancos y privados.

Desde la sindicatura a cargo del concurso de Cereoil informaron a El País que dentro de la venta de Molino Dolores se incluyó “un inmueble contiguo” que era propiedad de la granelera “para que el negocio fuera bueno para el adquiriente”. Para eso “se pidió autorización al acreedor hipotecario, que era un banco”, que cobrará de ese dinero.

“Los otros bienes se están intentando comercializar. Veremos cuánto dinero se logra y se tratará de pagar con eso los créditos laborales y los generados con posterioridad al concurso”, explicó la fuente.

Un grupo de empleados de Cereoil fueron despedidos y “empezarán a cobrar relativamente pronto”, mientras que hay cinco que siguen haciendo tareas de mantenimiento en la planta. La exportadora de granos fue fundada hace 20 años y los socios estadounidenses se sumaron en 2014.

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