TRABAJO Y REGULACIÓN

Dos visiones sobre las relaciones laborales en pandemia, con la amenaza a 35.000 empleos

Los cambios que trajo el coronavirus en las relaciones laborales y las señales a futuro, según la visión de abogados laboralistas, del Inspector de Trabajo y del Pit-Cnt.

Construcción: el sector acordó una licencia especial y un protocolo para retomar las tareas. Foto: Ricardo Figueredo
Construcción: el sector acordó una licencia especial y un protocolo para retomar las tareas. Foto: Ricardo Figueredo

Abogados expertos en temas laborales de consultoras privadas, así como el inspector General de Trabajo, coincidieron ayer -en un evento sobre el mundo del trabajo en tiempos de coronavirus organizado por BBVA- que la pandemia permitió que empresas y trabajadores negocien temas hasta ahora tabú y plantearon líneas para pensar cambios en la legislación. La visión del Pit-Cnt es contraria: hace tiempo que planteaban negociar temas de salud y condiciones de trabajo y “recién ahora por el virus” se logró, dijo Fabio Riverón.

“En muchos aspectos de las relaciones laborales nos habíamos acostumbrado a un sistema coactivo, porque funcionaba en base a una regla básica que era la del conflicto”, expresó Tomas Teijeiro, titular de la Inspección General de Trabajo desde hace semanas.

Sostuvo que uno de los “hincapié” durante la campaña electoral fue “dejar de lado el conflicto para ir a instancias de diálogo”, y la “nueva normalidad nos situó sin querer” en ese escenario.

Manifestó que “muchas rigideces las debíamos enfrentar cargados de ideología”, pero ahora “todas las cuestiones doctrinales sobre la validez de ciertos principios se cayeron, viendo los trabajadores, los empleadores y el Estado que el diálogo era provechoso”.

“La cuestión principal a destacar en estos 45 días (desde la confirmación de los primeros casos) es el consenso. Como las partes, ante algo grave que pone en juego el futuro, han logrado acordar en temas importantes como la seguridad laboral para el retorno de varias ramas”, declaró Teijeiro.

La abogada Verónica Raffo, socia de Ferrere, coincidió con el jerarca. “Estamos asistiendo a planteos de mucho diálogo y entendimiento entre las partes. Ha habido negociación sobre los protocolos y las medidas llevadas adelante, como en la industria de la construcción con la licencia especial o el protocolo para volver, o ahora el supermercadismo es un nuevo ejemplo al discutir con Fuecys, un sindicato muy fuerte”, planteó.

Consultado por El País, Riverón, presidente de Fuecys (sindicato del comercio y servicios), dijo que “es algo constatado que las relaciones laborales cambiaron producto de la llegada del virus”. Pero que por ejemplo los temas relacionados a la salud y la seguridad de los trabajadores “hace tiempo insistimos” con negociarlo en instancias tripartitas, y “en muchos casos pudimos instalarlas recién ahora por el virus, antes las cámaras (empresariales) no querían”.

Fueron cerca de 2.500 obras y 100.000 trabajadores los que se pusieron en marcha tras reactivación de la construcción. Foto: Francisco Flores
Reactivación de la construcción. Foto: Francisco Flores

El dirigente mencionó que a nivel de tiendas, van cinco reuniones para “generar un protocolo general sobre las condiciones para la apertura del sector”, habiendo una “negativa absoluta de la cámara (de Comercio y Servicios) de firmar algo medianamente acordado con el sindicato”.

Riverón subrayó: “si el escenario cuando abran las tiendas será que cada uno actúe como tenga ganas, habrá conflicto”. Añadió que esto se suma a que en el sector hubo numerosos envíos al seguro de paro de forma “unilateral” y “casi en ningún caso se conversó la situación con el sindicato”.

El presidente de Fuecys dijo que “siempre fuimos fieles defensores de protocolizar” distintos aspectos de la relación laboral y citó la recomendación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que “la salida de la pandemia y sus efectos es a través de la negociación colectiva”. En ese sentido, afirmó que “en Uruguay tenemos cámaras empresariales que no tienen intención de conversar con la organización sindical, eso es una dificultad”.

Quien hizo foco en el evento de BBVA en que Uruguay tiene “una tradición de mucho diálogo y entendimiento entre las partes” fue el abogado Leonardo Slinger de Guyer & Regules. “Las cámaras empresariales y el Pit-Cnt saben discutir y conversar cada uno con sus posiciones”, expresó.

Slinger evaluó que producto de la pandemia se está rediseñando en los hechos “el esquema de negociación”, en un marco de “desideologización, se bajó la barrera y todos estamos dispuestos a conversar de temas que antes de pique nos negábamos”.

Teijeiro tomó parte de estos dichos y sostuvo que “la pérdida de la discusión ideológica en las relaciones laborales nos abre una oportunidad”. Amplió sobre esto: “no planteo nada desprotector, sino de aggiornamiento en un mundo que nos ha mostrado que ante situaciones como esta (la pandemia) quedan patentes” los efectos sobre “el sector informal y de los empleos más vulnerables”. Propuso “una perspectiva más humana y también más pragmática” de las relaciones laborales.

Riverón de Fuecys respondió que se mantiene “el peso ideológico” en la negociación, porque “nosotros seguimos pensando igual y las cámaras también”. Aunque sostuvo: “entendemos que somos la parte más débil, lo peor que podemos pensar es que todo lo vamos a lograr a través de la correlación de fuerzas, hay cosas que deben salir de una negociación”.

Por automatización, estiman 35.000 despidos tras fin de la pandemia
Gerentes del BPS tuvieron que ir a declarar por megaestafa al Fonasa. Foto: Archivo El País

Los problemas que tiene Uruguay en materia de competitividad a nivel laboral, van “más allá” de los cambios en la materia propuestos en la ley de urgente consideración y “tenemos un foco de tensión tremendo, un drama” en la automatización de puestos de trabajo que vendrá tras la emergencia sanitaria por el coronavirus, dijo ayer el director del Centro de Economía Grant Thornton del IEEM Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo, Ignacio Munyo, en una charla vía Zoom convocada por la Cámara Oficial Española de Comercio, Navegación e Industria.

El economista planteó que actualmente hay 126.520 trabajadores en el seguro de desempleo como consecuencia del parate de actividad en varios sectores por el coronavirus. Según sus estimaciones, “en una proyección pasiva”, habrá 34.779 de ellos que no volverán a sus trabajos como consecuencia de la automatización, en lo que denominó “despidos tecnológicos”. Son empleos de baja calificación y con tareas rutinarias que son “fácilmente automatizables”, explicó.

Esto sumaría dos puntos porcentuales al desempleo (que a fin de febrero estaba en 10,5% de la Población Económicamente Activa) “sin contar lo que crecerá por el cierre de empresas y menor actividad” en algunos rubros, indicó Munyo. El Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop) “tiene un papel a jugar” porque esto es “un foco de tensión tremendo, un drama” y el país “se juega mucho del futuro” en la reconversión laboral, agregó.

El economista apuntó que en el terreno laboral, la regulación “ha quedado arcaica” y reformularla “no es fácil, pero es necesario”. En ese sentido, dijo que “habrá que ver si el mundo” que emerge pos coronavirus “nos permite seguir con la ley de ocho horas que es de 1915” o hay que ir a algo más flexible. Otro aspecto similar se da con la categorización de puestos de trabajo en los Consejos de Salarios. “Tiene que flexibilizarse ante el mundo actual” ya que “es muy estricto” en la descripción de cada cargo y cada puesto sobre “qué (tareas) puede hacer el trabajador y que no”, afirmó. También señaló que se “tienen que contemplar las diferencias por rama” ya que “no tienen nada que ver” los efectos que genera el mismo ajuste salarial “en una empresa y otra de la misma rama”.

Palabra demonizada.

En referencia al planteo de Teijeiro, Slinger dijo: “La palabra flexibilidad está demonizada, asociada a desregular o desproteger”, pero a su entender la definición “da idea de algo que se puede tornear”.

Pensando a futuro, expresó que “no puede seguirse midiendo la jornada en ocho horas (algo similar planteó el economista Ignacio Munyo), no puede ser que el descanso intermedio deba ser gozado en determinado momento y no al final para salir antes, que pueda trabajarse cuatro días 12 horas y ampliar el descanso semanal”. Varias de estas cosas “se han pactado” en la negociación colectiva de algunos sectores, pero “hay jueces que dicen que las normas no lo permiten”, indicó.

Slinger añadió que “esta nueva realidad pone en tela de juicio normas rígidas y demuestra la necesidad de cambiarlas”. En esa línea, también subrayó que deberá atenderse la realidad de los trabajadores informales y “el trabajo autónomo, de empresas unipersonales y prestadoras de servicios”.

Raffo compartió con su colega “la mala connotación de la palabra flexibilidad” y dijo que se cuida de decirla cuando está negociando. “En el mundo del trabajo actual, por la rapidez de los cambios se precisa enorme capacidad de ser flexible y de adaptarse”, apuntó.

“No es regular por la crisis. Estos temas vienen de antes, es parte de la discusión de pensar el mañana, si el trabajo venía cambiando por la revolución 4.0 esto le dará una impronta adicional”, remató Slinger.

Ministerio de trabajo “no tiene el gorro de nadie”

“El Ministerio no tiene el gorro de nadie. ¿Todos entienden la metáfora no?”, dijo ayer el inspector General del Trabajo, Tomas Teijeiro, al defender la gestión de Pablo Mieres al frente de la cartera. “El país ha ganado un gran ministro, se preocupa de todos y está con el foco puesto en todas estas situaciones (que ocurren a raíz del coronavirus), ninguna escapa a su sensibilidad”, agregó. La alusión de Teijeiro es a un episodio ocurrido un año atrás, cuando en el acto por el Día de los Trabajadores del Pit-Cnt el entonces ministro de Trabajo, Ernesto Murro, se puso una gorra de la central sindical, lo que provocó críticas de dirigentes políticos de la por entonces oposición. Teijeiro agregó que el Ministerio de Trabajo actual “está parado del lado de la libertad y del derecho”, lo que “es bueno para todas las partes”.

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