INVESTIGACIÓN DE LA UNIVERSIDAD ORT

¿Qué tanto confían los uruguayos en los migrantes y en las instituciones?

Una investigación realizada por la Universidad ORT indagó en los niveles de confianza entre uruguayos y extranjeros.

La llegada de extranjeros a Uruguay se ha incrementado en el último tiempo, esto representa desafíos en el mercado laboral. Foto: Fernando Ponzetto
La llegada de extranjeros a Uruguay se ha incrementado en el último tiempo. Foto: Fernando Ponzetto

La confianza de los uruguayos hacia los migrantes fue prácticamente idéntica en comparación a la registrada hacia las personas locales, según concluyó un estudio realizado por la Universidad ORT.

Si bien el objetivo de la investigación no abarcaba la explicación de a qué se debe ese comportamiento, entre las posibles explicaciones está el hecho de que en sociedades con mayor igualdad económica no habría desconfianza hacia los migrantes. Sumado al hecho de que si bien el flujo migratorio ha aumentado en los últimos años, tampoco representa un porcentaje relevante de la población uruguaya.

El proyecto se basó en un juego experimental y una encuesta posterior realizada a una muestra de 394 personas, seleccionada para reproducir la población adulta de la capital del país en cuanto a edad, sexo y nivel educativo.

Mientras que el objetivo del juego fue medir las diferencias en la confianza hacia uruguayos y migrantes, la encuesta de confianza auto declarada indagó sobre la confianza en general, la interpersonal y la confianza hacia instituciones del país.

El juego se realizaba en parejas y la mayoría de los inmigrantes reclutados fueron de Venezuela y Cuba. Las personas fueron divididas en dos grupos, los jugadores uno y dos. Cada una de las personas jugó cuatro rondas siempre en el mismo rol de jugador uno o dos y entre ronda y ronda se cambiaba la pareja de juego.

Pese a que la persona no tuvo contacto con su pareja, al comienzo de cada ronda recibió una ficha en la que se le indicó si era hombre o mujer, su edad, su nivel educativo, el barrio donde residía y su nacionalidad.

LAS REGLAS. Cada jugador recibía al comienzo del juego $ 300. El jugador uno tenía que decidir de sus $ 300 cuánto le iba a enviar al jugador dos y tenía las siguientes opciones: $ 0, $ 75, $ 150, $ 225 o $ 300. El monto de dinero que enviaba el jugador uno, le llegaba al jugador dos triplicado.

A su vez, el jugador dos contaba con los $ 300 iniciales y la cantidad adicional que le había llegado triplicada del envío del jugador uno. Con ese dinero debía decidir cuánto le regresaba al jugador uno. El monto de dinero que regresaba el jugador dos no se triplicaba, solo se le transfería.

Inmigrantes cubanos en Cancillería. Foto: Francisco Flores
Inmigrantes en Cancillería. Foto: Francisco Flores

En función de las decisiones de los jugadores se determinaba los pagos que cada uno recibía. A modo de ejemplo: un jugador del grupo uno que hubiera decidido enviarle $ 150 al jugador dos y un jugador dos que hubiera decidido regresarle $ 300. Entonces el jugador uno se quedaba con $ 450, producto de los $ 300 iniciales que recibió, menos los $ 150 que envió, más los $300 que le regresaron.

Por otro lado, el jugador dos se quedaba con $ 450, resultantes de los $ 300 iniciales, más los $ 450 que recibió del jugador uno. Es decir, $ 150 que se triplicaban, menos los $ 300 que regresó.

El informe señaló el juego está diseñado para medir la confianza y la reciprocidad. Dado que “si el jugador uno no confía en el dos, no le enviará nada de dinero. Mientras que, a mayor confianza, más le enviará. Por otro lado, el jugador dos no está obligado a devolver nada, por lo tanto, todo lo que devuelva es una muestra de su reciprocidad”.

LOS RESULTADOS. En primer lugar se constató que la confianza hacia los migrantes fue prácticamente igual que a los nacionales dado que, en promedio, los jugadores uno enviaron a migrantes $ 165 y a uruguayos        $ 168.

Además, se concluyó que a mayor confianza, mayor reciprocidad puesto que a mayor cantidad enviada por el jugador uno, mayor fue la cantidad regresada por el jugador dos.

En términos de niveles de reciprocidad, los uruguayos y los migrantes mostraron niveles similares.

En tanto sí hubo diferencia entre hombres y mujeres, siendo los primeros los que mostraron mayores niveles de confianza y reciprocidad que las mujeres. En promedio, los jugadores uno hombre enviaron $ 181, mientras que las mujeres enviaron $ 155 y en promedio, los jugadores dos hombre regresaron un 32% de lo que tenían disponible, mientras que las jugadoras del grupo dos mujeres regresaron un 25%.

la visión de los investigadores

"Los uruguayos no hicieron discriminación alguna"

En la investigación de la ORT participaron más de 10 personas entre las que formaron parte el economista Néstor Gandelman, los estudiantes Sofía Spektor y Ezequiel Yudka y el economista Diego Lamé.

Según explicó Spektor en diálogo con El País, uno de los resultados de la investigación que más llamó su atención fue el hecho de que se rechazó que hubiera “evidencia significativa para decir que las personas nacionales confían menos en las no nacionales. Si bien no era el resultado que se esperaba, esto es algo positivo ya que sugiere que los uruguayos no hicieron discriminación alguna, en términos de nacionalidad, al tomar la decisión de cuánto dinero enviar”.

Otro resultado llamativo obtenido del juego fueron las diferencias que se encontraron en la confianza y reciprocidad entre hombres y mujeres. “Las mujeres resultaron enviar montos de dinero significativamente menores y enviar un porcentaje menor del total que recibieron. Esto sugiere que el nivel de confianza de las mujeres es menor que el de los hombres. No sé me ocurre a qué podría deberse este resultado, pero es un disparador interesante para querer profundizar en el tema”, explicó Spektor.

Por su parte, Yudka manifestó que dado que una de las conclusiones del estudio es que a mayor nivel educativo es mayor la confianza hacia los extranjeros, la explicación detrás de ese fenómeno podría ser que “los inmigrantes se han desempeñado en mayor medida en cargos que requieren menor formación académica, por lo que representan una importante competencia para los trabajadores de menor nivel educativo”.

Eso “en el marco de una situación económica que se viene complejizando” sumado a “la irrupción de un grupo que suele ser bien visto y que la población los percibe como trabajadores, amables y subempleados, puede explicar la menor confianza”, señaló Yudka.

Por otra parte, se confió menos en las personas que residen en barrios de niveles socioeconómicos más bajos, dado que a ese grupo se le envió en promedio $ 158, en cambio a quienes residían en barrios medios o altos se les envió en promedio $ 174.

No obstante, los participantes de barrios de menores ingresos demostraron mayor reciprocidad. En promedio, los jugadores del grupo dos de barrios de ingresos bajos regresaron un 30% de lo que tenían, mientras que los de ingresos medios regresaron un 29% y los de ingresos altos un 25%.

Por último, también se encontraron diferencias en función del nivel educativo, puesto que las personas con mayor educación confiaron más que las de menor nivel educativo. Los jugadores uno que no finalizaron la secundaria enviaron en promedio $ 157, los que tenían secundaria completa enviaron $ 173 y los que contaban con algún año de educación universitaria enviaron $ 181.

escuelas y hospitales públicos

La confianza en las instituciones del país

La encuesta posterior al juego experimental reveló que dentro de las instituciones, las escuelas y los hospitales públicos fueron los que se destacaron por tener un nivel elevado de confianza recibido, mientras que sucedió lo contrario con los legisladores y los políticos. Si se desagregan los resultados según indicadores sociodemográficos, se visualiza que a mayor nivel educativo mayor la confianza hacia los extranjeros. También hay menor disconformidad hacia los políticos y una mayor conformidad hacia los jueces.

Además, la encuesta demostró que la disconformidad con la policía fue decreciente con la edad. Es decir que hubo una tendencia creciente con la edad en lo que refiere a la confianza hacia la policía y también en cuanto a los hospitales públicos. Además, la disconformidad explícita hacia los políticos decreció con el nivel educativo en cuanto al cumplimiento de promesas, leyes y reglamentos del país y de que piensen en las personas y sus intereses cuando toman decisiones.

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