ANÁLISIS

Las urgencias económicas que debe atender Alberto Fernández

Cuando asuma mañana como presidente deberá enfrentar varios retos.

Alberto Fernández, presidente electo de Argentina. Foto: AFP
Alberto Fernández, presidente electo de Argentina. Foto: AFP

Apenas asuma mañana la presidencia de Argentina, Alberto Fernández deberá hacer frente a un cúmulo de urgencias económicas. Con una economía sumida en recesión desde hace dos años, un índice de inflación que ya ronda el 55% anual y vencimientos de deuda pública durante el año próximo que solo con los acreedores privados suman unos US$ 21.000 millones —casi el 5% del PIB—, el nuevo gobierno no dispondrá de mucho tiempo para empezar a dar respuestas a los múltiples desafíos que tiene por delante.

“En el corto plazo, no habrá solo una prioridad sino varias, pero, lógicamente, el tema de la deuda con el sector privado es el que requerirá de definiciones más rápidas”, dijo a El País Fernando Baer, economista asociado de Quantum Finanzas, en Buenos Aires.

El nuevo gobierno se enfrentará a una serie de vencimientos concentrados en los primeros meses de la gestión. Entre diciembre y mayo hay obligaciones con acreedores privados y con organismos internacionales —sin incluir al sector público— por unos US$ 15.700 millones.

Sin capacidad para refinanciar esos vencimientos dado que los mercados voluntarios de deuda se encuentran cerrados para el país y con solo US$ 12.000 millones de reservas líquidas en el Banco Central, el gobierno de Fernández deberá acelerar las gestiones para evitar que Argentina caiga en un nuevo default de su deuda pública en los primeros meses de su gestión.

Con el índice del riesgo-país en torno a los 2.350 puntos básicos, los inversores apuestan a que la renegociación que lanzará el gobierno de Fernández será agresiva. Más aún si se tiene en cuenta que Fernández ya adelantó que no pedirá los US$ 13.000 millones pendientes del crédito acordado por el gobierno de Mauricio Macri con el Fondo Monetario Internacional.

En ese marco, el modelo de una renegociación “a la uruguaya”, esgrimido por Fernández durante la campaña electoral, se diluyó. Lejos del superávit fiscal primario del 2,3% del PIB promedio registrado por Uruguay en los cinco años posteriores a la renegociación de 2003, el plan del nuevo gobierno en Argentina no prevé continuar con el ajuste iniciado por Macri para alcanzar un superávit fiscal.

Martín Guzmán, próximo ministro de Economía de Argentina, participa en la conferencia de prensa de anuncio de Gabinete ministerial del presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, Foto: EFE.
Martín Guzmán, próximo ministro de Economía de Argentina, Foto: EFE.

Todo indica que el próximo gobierno no avanzará en la reducción del gasto para mantener cierto equilibrio en las cuentas públicas, sino que lanzará una mayor presión impositiva.

Frente a ese escenario, los economistas no están haciendo previsiones favorables sobre la evolución de la economía”, dijo a El País Nicolás Alonzo, coordinador del centro de estudios económicos del estudio Orlando Ferreres & Asociados. Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) —que recopila los pronósticos de analistas locales y extranjeros—, en 2020 el PIB caerá 1,7% y la inflación será del 43%.

APUESTA AL CONSUMO. Con menos obligaciones de deuda por delante —si finalmente avanza la renegociación con los acreedores que podría incluir dos años de gracia para el pago de intereses y extensión de plazos para los vencimientos de capital—, sumado al alza esperada de los ingresos fruto de una mayor presión impositiva, el gobierno de Fernández tendrá algo más de margen para intentar reimpulsar la rueda de la economía mediante un incremento del consumo.

En esa línea, por un lado, el nuevo gobierno frenará la suba de las tarifas de los servicios públicos que vino implementando el gobierno de Macri en los últimos cuatro años. Por el otro, lanzará en sus primeros días de gestión un aumento extraordinario a jubilados, beneficiarios de planes sociales y trabajadores con salarios cercanos al mínimo.

La apuesta es que esas medidas permitan recrear las expectativas de los consumidores. Para eso, el nuevo gobierno apelará a una mayor expansión monetaria por parte del Banco Central. Sin riesgos, al menos en el corto plazo, de una nueva corrida al dólar oficial por las fuertes restricciones a la compra de divisas, la expectativa es que, con más dinero en la calle y tasas de interés por debajo de la inflación, se reactiven las ventas sobre todo en segmentos como electrodomésticos, en los que hay una demanda reprimida por la crisis económica de los últimos dos años.

No obstante, esa estrategia, que puede traer algún alivio de corto plazo, también entraña riesgos altos. El incremento de la expansión monetaria podría impulsar aún más a la inflación y alimentar la demanda de los tipos de cambio paralelos. “El nuevo gobierno, en principio, sacrificará la estabilidad para restablecer un poco el poder de compra de los salarios. El problema es que es una jugada de corto plazo porque la mayor emisión podría presionar la cotización de los dólares paralelos y, en una segunda etapa, impulsar aumentos de precios en bienes durables y alimentos, lo que volvería a impactar en el poder adquisitivo de los salarios”, dijo Baer.

Mauricio Macri, este jueves en la cumbre del Mercosur que se desarrolló en Brasil. Foto: AFP
La herencia que deja el gobierno de Mauricio Macri. Foto: AFP

La herencia que deja el gobierno de Mauricio Macri

En el cíclico traspaso de pesadas herencias entre los gobiernos en Argentina, Mauricio Macri entregará un Producto Interno Bruto (PIB) que cayó en tres de los últimos cuatro años, una inflación que duplica al promedio de la registrada durante el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (la vicepresidenta electa), niveles de pobreza que alcanzan a casi el 40% de la población y una deuda pública que se incrementó en US$ 74.000 millones, un 31% más que el monto total registrado a fines de 2015.

Todas las estadísticas de la macroeconomía son peores al final de la gestión Macri que las registradas hace cuatro años. No obstante, por debajo de esas cifras, hay otras que muestran que parte de los severos desequilibrios heredados fueron corregidos. El déficit fiscal primario pasó del 5,8% del PIB en 2015 a menos del 1% del PIB este año. Esa reducción no se logró con más impuestos, sino con una disminución del gasto estatal, sobre todo el que fue dirigido durante el kirchnerismo a subsidiar las tarifas de servicios públicos de los segmentos de ingresos medios y altos. Por ejemplo, en los últimos cuatro años, los usuarios pasaron de pagar apenas el 15% del costo de la generación de electricidad a más del 70%.

Además, el tipo de cambio real bilateral es hoy 90% superior al de noviembre de 2015, lo que permitió reducir el déficit de cuenta corriente al 1% del PIB este año. Con exportaciones creciendo a un ritmo superior al 5% anual, la balanza comercial de este año registrará un superávit de US$ 16.100 millones.

Por último, la balanza energética, que en 2015 mostró un déficit cercano a los US$5.000 millones por la drástica caída de la producción de petróleo y gas, este año cerrará en equilibrio. Las sombras predominan a la hora de hacer un balance de la gestión económica de Macri, pero, por debajo de ellas, también asoman algunas luces.

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