ENTREVISTA

Munyo: "La gran cuestión era aplanar la curva del virus, ahora hay que aplanar la curva de la deuda, que va en ascenso"

El flamante director ejecutivo de Ceres (asume mañana) Ignacio Munyo mantuvo una entrevista con El País donde se refirió a los desafíos de Uruguay

Ignacio Munyo
El economista Ignacio Munyo asume como director ejecutivo de Ceres. // Foto: Leonardo Mainé

El efecto del coronavirus en una economía uruguaya que ya venía complicada, la próxima curva a aplanar tras la del COVID-19, las reformas pendientes, lo que hay que “exigirle al gobierno” y más fueron parte de la entrevista que el catedrático de Economía del IEMM-Universidad de Montevideo y desde mañana director ejecutivo de Ceres, Ignacio Munyo mantuvo con El País y de la que se publica la versión completa (en la edición impresa de hoy hay un resumen de la misma).

-¿Cómo evalúa la situación económica y qué proyecciones hace?

-El impacto final en el año va a depender del segundo semestre, que es la reapertura de la economía. En este momento es imposible saber la forma de recuperación porque no depende solo de la crisis sino del punto de partida. Eso es lo más relevante, cómo agarra el coronavirus al Uruguay. La economía venía estancada desde hace bastante tiempo, la inversión venía cayendo hace cuatro años y la inversión extranjera directa venía saliendo del país sostenidamente en los últimos cuatro años. Había más uruguayos invirtiendo en Paraguay y Bolivia que extranjeros invirtiendo en Uruguay. El empleo venía cayendo fuerte, con 60.000 puestos de trabajo perdidos entre diciembre de 2014 y diciembre del año pasado. En esa economía era muy difícil encontrar oportunidades de inversión rentables, muchas empresas estaban al límite del abismo. Para muchas empresas este paráte en algunos sectores especiales como comercio, restaurantes, hoteles, es una situación imposible de poder sobrellevar dadas las condiciones de partida. Otro aspecto importante es el punto de partida fiscal con un 5% del Producto Interno Bruto (PIB) de déficit, porque también determina la posibilidad de asistir empresas y personas con mayores necesidades por parte del gobierno y hacer todo lo que sea necesario para evitar que se corte la cadena de pagos. Una deuda mucho más elevada que los países en categoría de grado inversor. Tienen que pasar cosas relevantes para que la recuperación se materialice, no veo la posibilidad de un rebote a la misma velocidad que la caída de forma espontánea. Se necesita hacer cambios profundos en reformas que viabilicen la rentabilidad de la inversión privada.

-¿Pero esa caída, va a ser tan profunda? Porque al principio se esperaban tres trimestres con la economía parada y ya hay sectores que están retomando la actividad.

-Prefiero no manejar una cifra porque inicialmente manejábamos una caída menor que la que pronostica el gobierno. Hoy las cifras hay que tomarlas con 15 pinzas porque depende de cosas inmanejables como que no haya una nueva recaída. Si se diera el mejor escenario que es que el foco (del coronavirus) se mantiene como está, veo una recuperación lenta. Si esto es solo un shock temporal que cerramos la persiana, cuando la abrimos está lo que estaba, no cambiaron los fundamentos para que ahora haya crecimiento. El movimiento que uno ve por la calle no es crecimiento del PIB por sí solo. Hay que tener cautela.

-El gobierno ha dicho que más no se puede hacer dada la restricción fiscal y desde la oposición se plantea que como es un shock temporal este es el momento de hacer algo más y después llegará el momento de ajustar las cuentas fiscales y la deuda, ¿qué piensa al respecto?

-Es una gran discusión, pero un poco injusta porque es como buenos y malos. Obviamente todos quisieran estar en la situación de dar más beneficios y dar más asistencia a los que más necesitan y están en una situación crítica. Ahora, hay que mirar la película completa. Es verdad que tenemos financiamiento, es verdad que existe capacidad de financiarse en los mercados a tasas muy bajas. Uruguay está accediendo al financiamiento con multilaterales de forma totalmente fluida, tenemos los mercados de bonos internacionales disponibles como lo ha hecho Perú un mes atrás, tenemos el mercado de capitales uruguayos con ahorristas dispuestos a prestarle al gobierno a tasas bajas y si el gobierno lo necesita esta. El tema no es el financiamiento, es pagarlo después. Esto es una bendición respecto a lo que está pasando en Argentina, que nadie la quiere prestar y termina financiándose con emisión monetaria y un riesgo de hiperinflación latente. Pero Uruguay tiene que pensar en lo que viene, porque las calificadoras de riesgo tienen una tarea que cumplir y lo primero que van a mirar es cómo crece la deuda en estos años: estamos cerca del 70% del PIB, va a crecer mucho este año y si uno hace una dinámica pasiva esa deuda llega rápidamente a niveles cercanos a 100% del PIB, solo con acumulación del déficit y una economía que crece muy poco. La calificadora de riesgo no va a esperar que llegue a esos niveles para sacarte el grado inversor. Si ve que esa dinámica no va a cambiar con el Presupuesto y las medidas de reactivación de la economía, va a decir: “yo no puedo sostener más esto” y con razón. Hasta ahora la gran cuestión era aplanar la curva del virus, ahora hay que aplanar la curva de la deuda, que va en ascenso.

-¿Y qué hay que hacer para lograrlo?

-Dos cosas muy complicadas. Hay que hacer un ajuste fiscal el año que viene, este no es el año para hacerlo por razones obvias, y todavía mayor porque el déficit va a estar en un punto de partida más elevado. Y hay que hacer lo otro, que la economía vuelva a crecer. En aplanar la curva de la deuda está todo: la parte fiscal, la reforma previsional y en la parte del crecimiento económico todo lo que hay que hacer para retomar la inversión.

-Para aplanar la curva de la deuda se puede ir por los dos lados, bajar el déficit y apuntalar el crecimiento económico.

-No alcanza con uno solo, se necesitan los dos al mismo tiempo. Solo con ajuste fiscal es imposible aplanarla porque sería un ajuste insostenible. Solo con crecimiento tampoco alcanza. Si será complejo y complicado para los próximos años.

Los impuestos y la recuperación tras el coronavirus

-¿Es necesaria una reforma impositiva?

-Esto lo sostenía previo al coronavirus, mirando el estancamiento económico y la caída de la inversión, que es totalmente contraproducente subir impuestos. Ahora lo profundizo, porque en esta situación donde la recuperación y la salida dependen de que vuelva la inversión, poner impuestos es abortar cualquier esperanza de una (recuperación en forma de) “U” o “V” que pueda haber. Alguien puede decir ¿cómo vamos a pagar todo este gasto? La deuda tiene que venir hipotecada y la hipoteca son las reformas que están comprometidas en el Parlamento. El endeudamiento que va a traer el coronavirus tiene que venir con el compromiso de reformas pro-crecimiento y pro-inversión. Es la única forma de que la deuda se pueda pagar y se pueda sostener el nivel de vida de la población y que la gente no tenga que pasar a un estadio inferior de bienestar. No hay atajos.

Ignacio Munyo en el IEEM
El economista cree que "aplanar la curva de la deuda" encierra todo lo que hay que hacer. // Foto: Leonardo Mainé

-Entonces, ¿hoy el gobierno no está en condiciones de tomar medidas adicionales a las que se han tomado?

-Es una pregunta muy delicada porque hay que estar en los micro números. Siempre en economía hay que elegir, no alcanza para todas las necesidades que hay. Las prioridades las pone el gobierno. Si uno quiere dar más hay que sacarle a alguien, sino no cierra la ecuación futura.

-Mencionaba el tema del déficit y el gobierno este año puso un tope a la ejecución del gasto en funcionamiento e inversiones en el 85% del año pasado y estableció condiciones para el llenado de vacantes ¿alcanza para que el déficit no crezca tanto o para bajarlo?

-Hay que separar lo que es simbólico de lo que es la masa del gasto. Muchas de esas medidas tienen un poder simbólico gigantesco y no hay que despreciarlas porque sean de magnitud pequeña en la masa gigantesca del gasto público. Allí entra la seguridad social, las transferencias. En la reforma de la seguridad social se juega mucho del gasto gordo. Estas medidas ayudan porque es una señal de compartir el esfuerzo y algo ayuda. No es suficiente para achicar el déficit, pero contribuye a cubrir alguna otra necesidad que no se podría haber cubierto.


-¿Era mejor hacerlo así a tabla rasa o había que hacer algo más analítico?

-Está la instancia del Presupuesto donde el gobierno va a tener que hacer un trabajo de microcirugía lo más fino posible. Ahí sí cada peso que se asigne a cada programa va a haber que analizarlo con detenimiento. Lo ideal es acercarse lo más posible a un Presupuesto base cero: poder revisar lo que hay, ver si el programa cumple con su objetivo y hay que relanzarlo o cortarlo. Hay que tomarse ese trabajo, que es duro, porque exige meterse en el micro detalle y porque eso tiene un interés atrás también. Es difícil, pero hay que exigirle al gobierno que lo haga.

Perfil
Ignacio Munyo. Foto: Marcelo Bonjour
El economista que vuelve a "su casa"
NombreIgnacio Munyo
Edad40 años
Estado civilCasado, cuatro hijos

Es doctor en Economía por la Universidad de San Andrés y máster en Economía en la Universidad de Chicago, en donde también tomó los cursos de doctorado. Es licenciado en Economía por la Universidad de la República. 

Ha trabajado previamente en Ceres (como asistente de investigación entre 2002 y 2006 y como economista senior entre 2009 y 2013). Desde el 1º de junio es director ejecutivo de este centro de estudios. 

Ha sido consultor del Banco Interamericano de Desarrollo y de Gran Thorton Uruguay y Paraguay.

Desde 2014 y hasta la actualidad se desempeña como catedrático de Economía del IEEM-Universidad de Montevideo.Desde hace tres años además, es director independiente de la Bolsa de Valores de Montevideo.

En 2014 fue galardonado con el Premio Nacional de Economía Raúl Trajtenberg, el y también obtuvo el Premio Academia Nacional de Economía, de la que es académico de número.

Ha publicado diversos artículos y trabajos académicos.​

-Este año, ¿la inflación es la variable a sacrificar teniendo en cuenta el estancamiento económico?

-No me gusta esa expresión de sacrificar y menos la inflación. Porque la inflación ha sido en Uruguay en los últimos 15 años el ancla fundamental de la política macroeconómica, ya que ha sido la variable que cuando llega a un determinado límite del 10% se prenden las luces rojas por todos lados y se actúa en consecuencia para frenarlo. No ha pasado con el ancla fiscal que se ha ido, se ha ido y se fue. La inflación es el termómetro macroeconómico que cuando sube es porque algo está mal, hay que tenerla bajo control. Si uno mira América Latina sacando Argentina y Venezuela, Uruguay tiene una inflación de más del doble que Perú, Bolivia, Ecuador, Brasil, Colombia, Chile, México. No hay que soltar esa ancla de ninguna manera. Pensar que la licuación (de déficit y salarios) es una solución…Mucha gente dice que Uruguay históricamente lo ha hecho, pero me niego a pensar que la única forma que se puede volver competitivo este país es esa. Hay que ir por el otro camino, que es más complicado, pero es el que hace sostenible el nivel actual de salarios. Hay que hacer sostenible el nivel actual de salarios, no hacerlo bajar con inflación. Hay que exigirle al gobierno que haga lo que tiene que hacer y eso es una agenda de reformas para que el país se vuelva más productivo y competitivo. Esa agenda de reformas que implica la apertura comercial, la mejora de las empresas públicas, reformar el mercado de trabajo para actualizar la regulación, muchas no están en la ley de urgente consideración. Son todas complicadísimas porque tienen un componente ideológico y de statu quo que presiona para que esto no se cambie. La buena noticia es que hay un Parlamento que tiene un 60% de legisladores, que si uno analiza los programas del Partido Nacional, Colorado, de la Gente, Independiente y Cabildo Abierto, en los cinco están comprometidas las reformas para que el país avance. Así que ese 60% está comprometido con sus votantes, más allá de la coalición. La pelota ahora está en el Ejecutivo. Esto no pasaba. El gobierno anterior quiso avanzar en estos frentes. El canciller (Rodolfo) Nin Novoa permanentemente decía hay que mejorar la inserción del país, hacer acuerdos. Desde la Oficina de Planeamiento y Presupuesto se trató de avanzar mucho en empresas públicas. Lamentablemente ninguna de las dos cosas tenía respaldo en el Parlamento anterior. Hoy la tienen. La pelota pasó del Legislativo al Ejecutivo y este tiene la responsabilidad de poner sobre la mesa, defender e implementar las reformas.

Ignacio Munyo en su oficina
Para Munyo, las reformas que tiene que encarar Uruguay son complejas, pero imprescindibles. // Foto: Leonardo Mainé

-¿Por dónde deberían pasar las reformas que mencionaba?

-Desde hace mucho tiempo tengo la costumbre de leer todos los días el Financial Times y desde hace mucho tiempo no veía mencionar a Uruguay como estos días. Lo ponen como ejemplo de manejo de la crisis sanitaria (por el coronavirus) junto a Nueva Zelanda. La última vez que aparecía tanto Uruguay en el Financial Times fue con la legalización de la marihuana. Estamos de vuelta en el tapete, los inversores están volviendo a ver a Uruguay. Somos una isla de estabilidad social y política, en un continente que previo al coronavirus tuvo un año de movilizaciones en las calles con muertes en casi todos los países. Esto también se mira por parte de los inversores internacionales que valoran esa estabilidad. ¿Qué falta para que se complete el puzle? Que haya rentabilidad. Miles de argentinos se mueren por venir a Uruguay y lamentablemente muchos no encuentran un lugar para invertir y poner una empresa. Invierten en una propiedad, pero no están generando mano de obra ni agregando valor en una cadena productiva porque es muy difícil encontrar el sector que tenga capacidad de tener rentabilidad. Para perder plata nadie invierte. Hay que ver el costo que hay por la sobrerregulación, es gigantesco. Si se puede implementar una agenda que permita mejorar las condiciones de acceso para exportar, si las empresas públicas pueden procesar una reforma en serio que permita reducir el costo de las tarifas. Si se dan esas señales tenemos todo.

-Ha advertido varias veces por la automatización de puestos de trabajo y eso parece haberse acelerado con el coronavirus, ¿qué tendría que estar haciendo el gobierno?

-Estamos ante una crisis profunda del empleo, estamos ante un drama global. No hay una solución mágica. Cuando uno empieza a analizar las posiciones que hoy están en seguro de desempleo en Uruguay, hay una proporción de empresas que pueden funcionar igual que antes con 30% menos de personal. Si el nivel de actividad es inferior, es mayor todavía el golpe en el empleo. Lo peor que puede hacer el gobierno es negar que hay un foco crítico en el empleo. La automatización acelerada y más barata, no solo es un robot que sirve la mesa en un restaurante como vemos ahora en China, es también de procesos. Después está la realidad del ajuste, con empresas que están haciendo un análisis profundo de gastos. Se juntan el hambre y las ganas de comer y se genera esta crisis del empleo. Lo único que se puede hacer es la recapacitación permanente de trabajadores, porque no se puede frenar, es ineficiente poner impuestos.

-Impuestos a los robots como propone Bill Gates.

-Hay que recapacitar, pero uno tiene que pensar que es una persona de mediana edad que toda su vida hizo una cosa y de golpe tiene que ponerse a hacer algo completamente distinto que no sabe, no entiende y no tiene ganas de aprender. Se habla mucho de que siempre que hubo una revolución tecnológica se generaron más empleos de los que se destruyeron, pero la gran diferencia es que ahora es la misma persona. Antes era la siguiente generación que tomaba nuevos empleos y estaba preparada. Ahora es la persona que hizo toda la vida lo mismo y ahora tiene que ponerse a hacer algo que no tiene nada que ver. Hay muchos que lo pueden hacer, pero a otros les cuesta mucho más. Ahí el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional tiene un rol central. Se nos juega ahí gran parte del futuro. También hay que poner la reforma de la educación arriba de la mesa, pero ahí estamos hablando de la próxima generación. La otra solución que se plantea, de subsidiar a las empresas para que mantengan la planilla, el tema es de dónde sale eso, se necesitan muchos recursos.

Ignacio Munyo enfatiza
"Hay que cortar el cordón umbilical del fisco con las empresas públicas",dice Munyo. // Foto: Leonardo Mainé

-En el caso de la segunda planta de UPM se le dio una zona franca, ciertas condiciones de protocolos laborales, ¿es el camino?

-Hay que bajar las barreras para que Uruguay pueda ser más productivo. A UPM se las bajaron en el contrato, hay que bajarlas a nivel general. No es caso a caso. Hoy todas las inversiones que se concretan son caso a caso y eso genera un desgaste gigantesco. Hay que hacer las reformas necesarias para que el país se vuelva más atractivo. Esto lleva tiempo. Hacer una reforma de las empresas públicas y que eso se traduzca en las tarifas lleva mucho tiempo, hacer acuerdos comerciales lleva tiempo. La reforma de la regulación laboral es un foco crítico a encarar. Uruguay tiene una regulación laboral que va a contramano del mundo, que tiene una jornada de 8 horas de 1915, que no permite que se traspasen horas de un día para el otro sin que haya que compensar a los empleados que para algún momento de la historia fue algo muy bueno, pero que hoy con coronavirus se vuelve algo tremendamente restrictivo para las empresas y conspira contra que se contraten más trabajadores. Si se da una señal creíble de que se va a avanzar, hay mucha reforma que se adelanta y ahí veo un escenario positivo. Me preocupa mucho que esto realmente se pueda procesar y que se haga cuidando la estabilidad social y política. Uruguay tiene que cuidar esos activos, no ponerlos en riesgo.

-Lo sucedido en Antel con la presupuestación de funcionarios y luego la renuncia de su presidente es un símbolo de…

-Hay que enmarcarlo en el gran tema del gobierno corporativo de las empresas públicas. Es una anécdota política y lo enmarco en lo que ocurrió también con el aumento de tarifas. Lo que hay que hacer es cortar este cordón umbilical entre el fisco y las empresas públicas. Ahí está el problema de fondo. Las empresas públicas no pueden ser un instrumento para el ajuste de la recaudación y sea donde hay que ir a manotear para que cierren las cuentas del gobierno central. Las empresas públicas tienen que funcionar como empresas, públicas, pero con un retorno a sus accionistas acorde a su negocio y tienen que estar gestionadas de forma profesional. Aquellas empresas públicas que tienen un rol social porque operan en mercados que no van a generar ganancias, pero el país considera que es importante como hay este tipo de empresas en todo el mundo, tienen que ser subsidiadas de forma explícita y ser gestionado de forma profesional. Es una discusión vital. Uruguay es una excepción, que esté establecido en la Constitución cómo tienen que ser nombrados los directores de las empresas públicas es muy raro y lamentablemente pone freno a cualquier tipo de reformas. Hay países de la región en Colombia, Perú, donde las empresas públicas han logrado funcionar como empresas, brindar servicios de mejor calidad y cuando es posible dar una rentabilidad. En los últimos 15 años se ponía esto sobre la mesa y no estaban los votos en el Parlamento, hoy sí. No hay excusas para no intentarlo porque están dadas las condiciones y no hacerlo es la receta para la crisis.

El rol de Ceres en un escenario de reformas

-¿Qué rol imagina para Ceres como nuevo director ejecutivo?

-Ceres tiene un rol fundamental en este escenario con reformas complejas y profundas. Porque es una institución independiente, que puede estar procesando, analizando, comparando resultados con otros países y ponerle sobre la mesa a la gente esta información para que el nivel de debate esté en un estadio superior. Es lo que me motiva enormemente de asumir a partir de mañana la dirección de Ceres, es una emoción volver después de siete años a Ceres, por los desafíos que hay. Es una institución que nace con la democracia, en 1985, con la idea de generar materiales, documentos, información, para mejorar la calidad del debate y que la ciudadanía pueda entender lo que discute la élite política. Ese es el rol, un Ceres abierto, que va a contribuir a que este proceso de reformas se pueda materializar y que pueda tomar posición y no verla pasar como quien mira un partido de tenis, sino que pueda ayudar a entender y empoderar a la gente. Además de la agenda pro-crecimiento, pro-inversión, que pueda tener una agenda pro-estabilidad política, pro-integración social. Son temas en que Ceres ha estado y va a seguir estando.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados